China acelera en su plan de expansión global

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El proyecto de infraestructura y comercio entre Asia, Europa, África y América Latina presentado en Pekín modifica las variables económicas y financieras. Y rediscute los centros de poder mundial.

Por Adrián Fernández | AmericaXXI 

Representantes de un centenar de países, 29 jefes de Estado, delegados de organizaciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, empresarios y técnicos. Todos reunidos en Beijing para escuchar al presidente chino Xi Jinping lanzando el mayor proyecto de infraestructura, comercio y comunicaciones para los próximos largos años. Notorias ausencias explican los temores frente a una iniciativa que busca transformar definitivamente el centro del poder mundial.

Las denominadas iniciativas de la Franja y la Ruta o “Una franja, una ruta”, buscan crear una amplia plataforma de cooperación financiera, económica y comercial que conecte a decenas países de Asia, Europa y África reeditando las antiguas vías comerciales terrestres y marítimas de la Ruta de la Seda. América Latina fue invitada a ser parte activa de esta iniciativa global.

El plan presentado por el presidente chino durante varias visitas al exterior realizadas en 2013 incluye, entre otras rutas, la Franja Económica que se expande por vía terrestre desde China hasta Europa a través de Asia Central y Rusia; y la Ruta Marítima a través del Estrecho de Malaca a India, Oriente Medio y Africa Oriental. Son en total cuatro corredores, tres terrestres y uno marítimo.

Carreteras, trenes y barcos comunicarán puertos y ciudades chinas con unos 60 países de Asia, África y Europa y unirá regiones que poseen más del 70% de las reservas de petróleo y gas del mundo, en las que viven el 70% de la población mundial y se genera el 55% del PIB de todo el planeta.

Desde aquel 2013 hasta hoy se registró un notorio aumento del número de países que decidieron participar en la iniciativa, dijo Xi Jinping el 15 de mayo al presentar su plan. En efecto, el Foro de Beijing significó un histórico respaldo internacional para una iniciativa sin precedentes.

Esta propuesta “abrirá más oportunidades para el comercio, la disponibilidad de recursos financieros y capacidades técnicas para una más rápida implementación de los proyectos de infraestructura relacionados”, señaló Xi durante el primer Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional.

Lo escuchaban el presidente ruso, Vladímir Putin, el turco, Recep Tayyip Erdogan, el argentino, Mauricio Macri y la chilena, Michelle Bachelet, entre una treintena de mandatarios. Otras naciones estuvieron representadas a nivel de ministros hasta completar casi un centenar de delegaciones extranjeras.

China planea inversiones de cientos de miles de millones de dólares a largo plazo con asistencia financiera de bancos chinos, del Estado chino y del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, una institución multilateral impulsada por Pekín. Xi Jinping puso números a las inversiones iniciales para este megaproyecto: el Gobierno aportará 14.500 millones de dólares y los bancos oficiales chinos 55 mil millones, a lo que se suman 40 mil millones de dólares anunciados en los últimos años.

“Marca de desarrollo”

Además del volumen de inversiones previsto para las primeras etapas del programa el presidente chino trazó una clara división con el discurso motorizado por occidente: este proyecto no contempla guerras, ni invasiones, ni violencia, ni injerencia en asuntos de cada país, ni discusiones ideológicas ni imposiciones de modelos de desarrollo político y social. “La Iniciativa de la Franja y la Ruta está abierta a todos. Su desarrollo no deja a nadie fuera ni es contra nadie”, destacó. Insistió en que “este Foro ha enviado un positivo mensaje al resto del mundo: trabajaremos juntos para una comunidad de destino compartido por toda la Humanidad”.

Xi informó que aunque la Iniciativa de la Franja y la Ruta se originó en China, pertenece a todo el mundo. Su expansión va más allá de regiones, desarrollo y civilizaciones. Describió la iniciativa como una “marca de desarrollo” abierta e inclusiva y como un bien público global proporcionado conjuntamente por todas las partes.

Promovió que “el mundo podría extraer sabiduría y fuerza de la antigua Ruta de la Seda, que se caracteriza por un espíritu de paz y cooperación, apertura e inclusión, aprendizaje y beneficios mutuos”. Agregó que “las antiguas rutas de la seda prosperaban en tiempos de paz, pero perdían vigor en tiempos de guerra. Esta iniciativa requiere un ambiente pacífico y estable”. Pidió “fomentar un nuevo tipo de relaciones internacionales basado en cooperación, alianzas y amistad, sin confrontación”.

El mandatario chino también contextualizó el marco global en el que se da esta propuesta: debilidad del comercio y de la inversión, titubeante globalización económica, creciente desequilibrio del desarrollo, impacto del desplazamiento a gran escala de los refugiados e inmigrantes, guerras, conflictos y terrorismo.

“Los países están explorando su propio camino para resolver estos desafíos y han puesto en marcha muchas estrategias e iniciativas buenas de desarrollo, pero es difícil depender de un país singular para manejar o resolver los problemas globales”, señaló.

Reafirmó que “sólo a través de la coordinación de sus políticas e integración de sus factores económicos y recursos a escala global, los países pueden crear las sinergias necesarias para promover la paz, la estabilidad y el desarrollo compartido en el mundo”.

Presentes y ausentes

Estados Unidos, Alemania y la Unión Europea decidieron no enviar delegaciones de alto nivel a Pekín. En los días previos, con mayor o menos intensidad, mostraron su desconfianza en la propuesta china y sobre todo le pidieron mayor apertura comercial y de inversiones. A esta posición se sumaron el Banco Mundial y el FMI aunque estos organismos multilaterales decidieron estar en Beijing.

En respuesta a eso y antes del comienzo del foro, China se comprometió a impulsar obras de infraestructura de acuerdo a los “estándares internacionales cuando se puedan aplicar”. El 28 de marzo el gobierno chino publicó un plan de acción para la Franja y la Ruta en el que menciona los cuatro principios de apertura y cooperación; armonía e inclusión; operación del mercado; y beneficio mutuo. El mismo compromiso destaca coordinación, conectividad, comercio sin obstáculos, integración financiera y vínculos entre pueblos.

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En el mismo sentido, el comunicado final de la Mesa de mandatarios del Foro de Beijing, firmado el 15 de mayo por los países que enviaron a sus jefes de Estado, menciona objetivos comerciales y económicos aperturistas a futuro; igualdad de oportunidades en licitaciones y respeto a las normas internacionales de financiación. También se hizo mención explícita al rechazo al proteccionismo. “Reafirmamos nuestro compromiso compartido de construir una economía abierta, garantizar el comercio libre e inclusivo y oponernos a todas las formas de proteccionismo”, dice el texto.

Agrega el documento que los representantes de los gobiernos de los cinco continentes allí presentes “nos comprometemos a promover un sistema de comercio universal regulado, abierto, no discriminatorio e igualitario, bajo el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC)”.

India, uno de los actores importantes en esta iniciativa por ser parte central de la ruta proyectada, no envió representación. Cuestionó que uno de los corredores comerciales sea entre China y Pakistán, nación con la que está enfrentada. Un día antes del comienzo del foro en Beijing el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de la India, Gopal Baglay, advirtió que “ningún país puede aceptar un proyecto que ignora sus preocupaciones fundamentales sobre la soberanía y la integridad territorial”, en referencia a Pakistán.

El corredor económico chino-pakistaní prevé una intensa actividad de los dos países en la región de Gilgit-Baltistan, un área de Cachemira que está bajo control de Islamabad pero es reclamada por India. El gobierno hindú terminó de madurar su ausencia cuando los primeros ministros de Pakistán y China, Nawaz Sharif y Li Keqiang, firmaron seis nuevos acuerdos de cooperación. Beijing respondió: “el Foro de Franja y Ruta es una iniciativa económica, no queremos que sea politizada”.

Dudas y certezas

Las dudas recogidas por la prensa internacional occidental durante los días del foro se apoyaban en la magnitud del proyecto, en las intenciones últimas de China como parte de su expansión económica mundial y en la evolución del escenario global en plena crisis financiera y desaceleración económica. De lo que nadie dudó es que no ha habido un plan de esta envergadura y significado histórico al menos desde las décadas de 1940 y 1950. Tampoco hubo dudas de que China tiene la capacidad económica y financiera para llevarlo adelante.

Hay corredores como las trazas ferroviarias entre Bakú (Azerbaiyán)-Tiflis (Georgia) y Kars (Turquía) que deberán atravesar zonas de alta conflictividad política y militar. Pero también existen proyectos de infraestructura que serán rápidamente aceptados por tratarse de una demanda urgente para que la economía de un país o una región crezca y se integre a la economía mundial (ver Expansión Ferroviaria). Los beneficios no serán inmediatos pero permiten imaginar la magnitud de las transformaciones en las próximas décadas.

Según el gobierno chino en 2016 el comercio con los países que forman parte del proyecto de la Franja y la Ruta fue de 913 mil millones de dólares, equivalente a la cuarta parte del volumen comercial total de su economía. Una veintena de países se beneficiaron con la construcción de zonas comerciales o de cooperación económica por empresas chinas que invirtieron más de 50 mil millones de dólares, generaron más de mil millones de dólares de ingresos fiscales y 180 mil empleos locales.

Un factor clave para financiar buena parte de este proyecto es el Banco Asiático de Inversión para Infraestructura (Baii), creado en 2015 con el claro objetivo de otorgar créditos para mejorar la infraestructura en Asia. Apenas un año después de su nacimiento, el Baii tenía 70 países asociados y prestó más de dos mil millones de dólares. Ninguno de los asistentes al foro de Beijing está en condiciones de mensurar las consecuencias que tendrá para los centros de poder mundial la exportación de yuanes, la moneda oficial china, que conllevará la Franja y la Ruta. En momentos en que Estados Unidos navega en soledad por sus caminos de la guerra y la Unión Europea se resquebraja, Xi Jinping mostró las herramientas chinas para extender su comercio y sus inversiones bien lejos de sus fronteras. Si se consolida esta propuesta el impacto del yuan frente al dólar, al euro, el yen japonés o cualquier otra moneda fuerte no será inmediato, será progresivo aunque inexorable.

La contracara del ascenso chino

Hace apenas un año atrás, el por entonces presidente estadounidense Barack Obama daba un impulso final al cuestionado Acuerdo Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés) con un artículo publicado en la prensa estadounidense: “El mundo ha cambiado. Las reglas están cambiando con él. Estados Unidos, no países como China, deben escribirlas”, argumentaba el 2 de mayo de 2016.

En esa nota, Obama explicaba que la región Asia-Pacífico va camino a convertirse en “el más poblado y lucrativo mercado del planeta”, por lo que aumentar el comercio en esa zona del mundo es fundamental para los negocios y empleos estadounidenses. Según el ex presidente, conseguir ese objetivo le daría “una ventaja” a Estados Unidos por sobre sus “competidores económicos, incluyendo a China”.

“China no está perdiendo el tiempo. Mientras hablamos, China negocia un tratado comercial que tachará algunos de los mercados de mayor crecimiento en el mundo a expensas nuestra, poniendo los trabajos, negocios y mercancías estadounidenses en riesgo”, advertía Obama en defensa del TPP, fuertemente criticado en las campañas primarias por los entonces precandidatos Bernard Sanders (Demócrata) y Donald Trump (Republicano).

Frente al avance de acuerdos comerciales impulsados por China, el ex presidente aseguraba que Estados Unidos tenía “un plan propio”, el TPP, con un objetivo claro: “Nos da la seguridad de que escribiremos las normas del comercio mundial en el siglo XXI”. Enfáticamente concluía: “Estados Unidos debería escribir las reglas. Otros países deberían jugar bajo las reglas que Estados Unidos y sus socios establecen, y no al revés. Eso es lo que el TPP nos da el poder de hacer”.

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El 23 de enero de este año, en su primer día de trabajo en la Casa Blanca, Donald Trump enterró el TPP mediante una orden ejecutiva. El nuevo presidente estadounidense retiró al país del acuerdo firmado en febrero de 2016 por 12 países que representan cerca del 40% de la economía mundial.

Ahora, el espacio abandonado por Washington va siendo ocupado por Pekín.

Convulsión interna

La pérdida de peso específico en el crecimiento económico mundial y en el comercio internacional por parte de Estados Unidos es la contracara del ascenso mundial de China en ambos terrenos. Las contradicciones internas en Washington sobre los caminos a seguir han sido aprovechadas por el gobierno de Xi Jinping.

Este rechazo de Trump a los acuerdos de comercio multilaterales, históricamente promovidos por Estados Unidos, y el intento de generar acercamientos puntuales con Rusia han generado una fuerte ofensiva contra su presidencia desde el corazón del poder en Washington. Mientras China avanza, la potencia americana atraviesa una fenomenal crisis política que genera incertidumbre en los países y gobiernos aliados.

La presión interna contra el presidente Donald Trump a poco más de cuatro meses de haber asumido el poder no registra antecedentes en Estados Unidos. Luego que decidiera en mayo expulsar al director del FBI, James Comey, que investigaba los posibles vínculos de su campaña presidencial con Rusia, Trump fue denunciado por “intento de obstrucción de la justicia”, entre otras varias denuncias presentadas en su contra.

El 15 de mayo el diario estadounidense The Washington Post publicó una investigación especial en la que afirmó que “Trump reveló información altamente clasificada al canciller y al embajador rusos”, en una reunión mantenida el 10 de mayo en el Salón Oval. Por insólito que parezca, la información que compartió Trump con Rusia está vinculada a un nuevo tipo de ataques de la organización terrorista Estado Islámico, cuyo conocimiento sirve para prevenir atentados y salvar vidas.

Sin embargo, el periodista del Washington Post hizo hincapié en que la información que tenía Estados Unidos provenía de un país socio, que no había dado “permiso para compartir el material con Rusia”.

Ante estos hechos, el mismo día llegó el primer pedido de juicio político contra Trump desde el Congreso. El diputado demócrata por Texas Al Green solicitó públicamente a los legisladores nacionales que apoyen su llamado al impeachment , una iniciativa que crece en distintos sectores sociales y políticos por el repudio al Presidente.

La ofensiva contra la nueva administración en torno a Rusia había tenido su primer resultado exitoso en febrero. Apenas 24 días después de haber asumido, el asesor de seguridad nacional, Michaell Flynn, fue forzado a renunciar al cargo. La inteligencia estadounidense interceptó un llamado suyo al embajador ruso, Sergey Kislyak, hecho en diciembre luego de las elecciones, en el que comentaba que Trump pretendía revisar las sanciones una vez que asumiera la presidencia. Aunque finalmente no lo hizo, Flynn debió dejar su cargo. Desde entonces la presión sobre el Presidente creció considerablemente.

En su última investigación, el Washington Post afirmó que Trump había revelado más información con el embajador ruso de la que el país comparte con sus propios aliados. El medio estadounidense también repudió que la reunión privada en la Casa Blanca, a la que no tenía acceso la prensa nacional, fuera fotografiada por la prensa estatal rusa Tass .

Quizás lo que más molestó del encuentro en la Casa Blanca fue que el comunicado oficial resaltara que “Trump enfatizó la necesidad de trabajar juntos (con Rusia) para poner fin al conflicto en Siria”. Ocurre que ante la pérdida de peso económico y capacidad comercial frente a China, Estados Unidos ha acelerado sus amenazas bélicas en distintas partes del mundo. Ese parece ser ahora el terreno en el que Washington se siente más fuerte, mientras ve cómo China gana apoyos en su busca por establecer un nuevo orden mundial, ahora como defensora del libre comercio internacional.

Expansión ferroviaria

La iniciativa china de Franja y Ruta contempla el desarrollo de vías de transporte fluvial, ferroviario, carretero y aéreo. De todos estos modos de transporte, el transporte por ferrocarril dio un salto histórico en el país en la última década. Una de las muestras de este desarrollo son los trenes de ancho de vía estándar (la medida entre rieles más difundida en Europa y en expansión) no solamente en territorio chino sino también en países de África como Etiopía (ya en operaciones) y Kenia (la primera etapa entre Mombasa y Nairobi será puesta en marcha el 1 de junio). Esta línea se integrará en una futura red de transportes en África Oriental que incluye carreteras y un centro logístico marítimo.

Como alternativa al transporte marítimo en desarrollo entre puertos de China y de Europa, el gobierno de Beijing actualmente opera una veintena de trenes de carga directos a ciudades como Madrid, Londres, Varsovia o Rotterdam. En enero pasado un tren de carga unió de forma directa la ciudad de Yiwu, en la costa oriental de China, con el puerto londinense de Stanford-le-Hope, en el estuario del Támesis. A comienzos de abril la formación hizo el viaje de regreso. La ruta de 12 mil kilómetros fue cubierta en 18 días, casi la mitad del tiempo que demandaría unir ambos extremos por barco. Atraviesa el túnel bajo el Canal de la Mancha, Francia, Bélgica, Alemania, Polonia, Bielorrusia, Rusia y Kazajistán, antes de entrar a China, versión moderna de las expediciones comerciales de la Ruta de la Seda que unía el continente asiático con Europa.

China también se comprometió a ayudar económicamente a Pakistán en el desarrollo de su puerto de Gwadar, en el mar Arábigo. Se trata de un proyecto de 55 mil millones de dólares que incluye ampliar la carretera del Karakorum que une China y Pakistán y que permitirá una nueva salida al mar para los productos chinos. También se prevén obras de gran magnitud en el puerto de Colombo, capital de Sri Lanka, considerado uno de los prioritarios en el plan de expansión.

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China también está detrás del primer tren de alta velocidad de Indonesia con el que va a unir Yakarta, la capital del archipiélago, con Bandung, uno de los principales centros económicos de Java. Otro objetivo estratégico es la red ferroviaria Panasiática que unirá Kunming (sur de China) con Vientiane, capital de Laos, y con la red de ferrocarriles de Birmania. La meta es unir las redes del Sudeste Asiático, como Tailandia, Camboya o Vietnam.

Por tierra, aire y mar, China desarrollará en las próximas décadas seis corredores económicos: Nuevo Puente Continental Eurasiático; corredor China-Asia; corredor China-Asia Occidental; corredor China- Península Indochina; corredor China-Pakistán y corredor Bangladesh-China-India-Myanmar.

La ruta hacia América Latina

América Latina fue formalmente invitada a sumarse a la nueva estrategia comercial de China. Los lazos económicos, financieros y de comercio con este continente se profundizaron en la última década.

Más de 20 países de la región llevaron representantes a nivel de ministros al Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional de mediados de mayo en Beijing. Argentina y Chile estuvieron encabezados por sus respectivos presidentes, Michelle Bachelet y Mauricio Macri.

Macri dijo que la iniciativa de China “es una oportunidad que no queremos dejar pasar”. Propuso al gobierno chino interactuar con la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (Iirsa), foro de diálogo entre los 12 países de Suramérica nacido en 2000 para analizar la planificación y el desarrollo de infraestructura regional de transporte, energía y telecomunicaciones. Cuenta con el apoyo técnico y financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF).

“Tenemos interés en que Una Franja, Una Ruta se articule con Iirsa para impulsar entre nuestras regiones la clave del siglo XXI: la conectividad”, dijo Macri. El mandatario argentino fue ubicado al lado de Xi Jinping en la Mesa de mandatarios que centralizó el Foro (del otro lado estuvo Putin). Allí presentó a Argentina como “un gran productor de alimentos” con capacidad para “duplicar esa producción en los próximos años”.

Bachelet (que en enero próximo completará su mandato) reafirmó el apoyo de su gobierno al plan. En un discurso durante la ceremonia inaugural del Foro expresó su esperanza de que Chile se convierta en un puente entre Asia y América Latina. Ese mismo concepto de “puente” había sido expresado por Xi Jinping durante una visita que realizó a Chile en noviembre 2016. No fue la primera. En 2011, siendo vicepresidente de China, Xi visitó el país gobernado en aquel momento por Sebastián Piñera. Chile fue el primer país de Latinoamérica en reconocer a China, en 1970. Hoy China es el principal socio comercial de Chile. Para Beijing este país suramericano es el primer paso de su expansión hacia América Latina.

Pocos días antes del Foro de Beijing, Chile y también Bolivia se convirtieron en miembros del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Se sumaron así a Brasil, Perú y Venezuela, países que también son socios de esta iniciativa, columna vertebral de la expansión comercial, comunicacional y de infraestructura de China.

El director del BID, Luis Alberto Moreno, reveló que próximamente esta institución firmará un memorando de entendimiento con el Baii para buscar financiación conjunta para proyectos en Latinoamérica.

En la última década China se convirtió en el segundo mayor socio comercial de América Latina y la tercera mayor fuente de inversión en el continente. Además firmó acuerdos de intercambio de divisas para facilitar el comercio con Brasil, Chile y Argentina.

Venezuela estuvo representada en Beijing por el ministro de Hábitat y Vivienda, Manuel Quevedo Fernández. El funcionario del gobierno bolivariano destacó que la propuesta de China “respeta la igualdad soberana de los países”, tal como lo señaló el presidente Xi Jinping durante la ceremonia de apertura del Foro. Destacó “la visión muy respetuosa del mundo, sobre todo acerca del respeto a la soberanía de los países y la independencia de cada pueblo”.

El ministro recordó que el plan de viviendas sociales en Venezuela que aspira a construir tres millones de unidades, se desarrolla entre otras cosas gracias a los convenios firmados con China, donde las empresas del gigante asiático participan en la construcción.

“Las empresas chinas juegan un papel positivo en Venezuela. Son muy importantes en la transferencia de conocimientos, de tecnología y también aportan modernos sistemas constructivos muy eficientes, ecológicos y respetuosos con el medio ambiente, algo que es muy importante”, afirmó Quevedo.

En declaraciones a la agencia Xinhua el funcionario recordó que los venezolanos “queremos llamar a la igualdad, a la convivencia, a la paz, a la armonía entre venezolanos y venezolanas. Esos son precisamente los conceptos que hemos escuchado en este Foro Internacional expuestos por el presidente Xi Jinping. Es una gran lección para todos los países del mundo porque se habla de paz, de armonía, de convivencia, de respeto, de cooperación. Y no de imposición de un modelo”.

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