La mafia que se adueñó de México… y el 2012

 

CÓMPRALO EN LIBRERÍAS. Más de 100 mil ejemplares vendidos.

Las razones de por qué hay que transformar a México 

2012, año del cambio civil pacífico

 

 

Elena Poniatowska

 

En un país que trata a su gente como al enemigo, en un país donde a diario se asesinan a jóvenes y niños, como en el caso de la guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, el 5 de junio de 2009; en un país sin oportunidades, en un país saqueado y traicionado por aquellos cuya única patria es el dinero, en un país en que dos empresas televisivas tienen el monopolio de la información, un hombre como Andrés Manuel López Obrador nos emplaza y la cita pone en juego nuestro futuro.

“Nada mejor en la vida que luchar por el bien de otros” es una de las frases que mejor define a Andrés Manuel López Obrador.

Carlos Monsiváis, una de las grandes cabezas que ha dado México, se preguntaba hace años dónde nos hemos venido a asentar, quién protege a los mexicanos, qué gobierno se responsabiliza de nosotros, y desde 2006 Andrés Manuel López Obrador, a través de su acción política nos abre puertas que antes se nos cerraban.

En México estamos viviendo una verdadera miseria humana y el libro La mafia que se adueñó de México… y el 2012 demuestra cómo los últimos gobiernos le han cancelado el futuro a millones de mexicanos y propician el éxodo de los más desesperados, las conductas antisociales, la corrupción, el narcotráfico y la falta de oportunidades.

López Obrador cree en México, en su capacidad de entrega y de trabajo, en su bondad y en su potencial humano y no está dispuesto a que se pierdan nuestros valores. A partir de 2007, visitó 2 mil 456 municipios y regresó con la convicción de que este gran país no merece a dirigentes tan mediocres y tan prestos a venderse. Cuando los sucesivos presidentes son empleados de transnacionales como la Coca-Cola o se ligan a intereses inconfesables como los del narcotráfico, su falta de grandeza y de visión los convierte en lacayos. Darse la gran vida en un país de inmensas desigualdades sociales es una forma de pobrediablismo y hasta ahora, eso es lo que nos ha tocado: la privatización y el enriquecimiento de una élite a costa de la pobreza de la gran mayoría, sueldos exorbitantes en las dos Cámaras, gastos descomunales en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y en el Instituto Federal Electoral, que serían de risa loca si no los pagáramos con nuestros impuestos e ignoráramos que las cifras de desnutrición de los mexicanos son muy altas, y que en nuestro país todavía se muere de enfermedades curables.

Lo dice Andrés Manuel en la página 97: “Un salario mínimo, hace 27 años, alcanzaba para comprar 51 kilos de tortillas o 280 piezas de pan blanco o 12 kilos de frijol bayo, y ahora, sólo se pueden adquirir seis kilos de tortilla o 30 piezas de pan blanco o tres kilos de frijol. De esa dimensión ha sido la pérdida del poder adquisitivo” (…) “De 1982 a 2009, el número de pobres pasó de 32 millones a 60” (…) “En 2009, entre 152 países fuimos el número 143 en crecimiento económico, entre las 10 peores economías del mundo, incluso por debajo de Haití”.

El libro La mafia que se adueñó de México… y el 2012 es escritura, pero también es indignación; está hecho de palabras, pero también de linfa, de sangre, de grasa y de agua que son el peso de cada ser humano: hombres, mujeres, ancianos y niños a quienes López Obrador les dice que no tienen por qué mantener a un gabinete que gobierna contra ellos. México es suyo y no de las 30 familias que pretenden dominarlo con su poder político y económico.

2012 es el año de la imaginación al poder, el de la sociedad civil en acción, el de la lucha para cambiar al país por la vía pacífica a través de una organización ciudadana en la que todos somos indispensables.

La historia de México es una historia de resistencia y es difícil pensar que 30 familias sean más poderosas que 105 millones de mexicanos. Maestros, mineros, electricistas, petroleros que se juegan la vida, universitarios, médicos, feministas, discapacitados, obreras en las maquiladoras de Ciudad Juárez, madres que trabajan y confían a sus hijos a guarderías asesinas, campesinos y pescadores, desempleados que son la gran mayoría, organizaciones civiles y sociales pueden sostener un formidable movimiento en contra del poder de unos cuantos, un puñado, una mafia como la llama Andrés Manuel, que no paga sus impuestos y reparte migajas.

Prepararnos para el 2012 como ciudadanos comprometidos es una de las funciones de este libro, un llamado a la participación en la que es clave la Universidad Nacional Autónoma de México, la figura emblemática de Cuauhtémoc Cárdenas y la lucha de cada uno de los mexicanos que merecen un mejor destino.


UN POLÍTICO QUE ESCRIBE

 

 Armando Bartra

 


Andrés Manuel López Obrador es un político atípico: ha escrito nueve libros en un país donde los políticos no escriben ¿Porqué Andrés Manuel escribe y los otros no?
Se me dirá que en el siglo XIX José María Luis Mora, Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto, Zarco, Altamirano, Rivapalacio fueron ministros, cancilleres, diputados, gobernadores y escribieron hartos libros: poesía, novela, teatro, pero también historia, derecho, sociología, economía, además de incontables artículos periodísticos. Lo que pasa es que ellos eran hombres de letras metidos a políticos, no políticos profesionales. Además de que por esos años hacer política era tarea de construcción nacional; un acto generoso y muchas veces arriesgado.
En el siglo XX hubo, igualmente, gente que escribió libros y se metió en política, como Vasconcelos, Torres Bodet, Reyes Heroles, Warman y hasta Jaime Sabines, que fue diputado por el PRI. Pero también ellos eran escritores que incursionaban en la política, y en algunos casos -Torres Bodet, Warman, Sabines- su paso por las instituciones públicas fue en demérito de su obra.
Sin olvidar, los mamotretos que escribieron -o dictaron- expresidentes como Portes Gil, López Portillo y Salinas; libros que en realidad son recuentos a toro pasado, amañados y auto exculpatorios.
Así pues, lo cierto es que en México los políticos profesionales no escriben, mientras que Andrés Manuel sí lo hace y mucho. ¿Por qué?
Aventuro una hipótesis: los políticos del sistema son por naturaleza simuladores, acomodaticios, trapecistas, chaqueteros, veletas que cambian de opinión según sopla el viento. Y escribir es dejar constancia de posiciones e ideas de las que en cualquier momento tendrán que abdicar. Para los mentirosos profesionales como Zedillo, quien dijo que al reprivatizarse la banca seguiría siendo nacional; o Fox, quien prometió castigar a Salinas; o Calderón, que sostuvo que el PAN no firmaría el Fobaproa, escribir sería una forma de balconear su oportunismo, un riesgo innecesario. Por eso, porque son mentirosos compulsivos, los políticos del sistema mejor no escriben.
En cambio, para Andrés Manuel, publicar libros es poner por escrito su visión del país y su proyecto de futuro, es dejar constancia de ideas y propósitos. Para Andrés Manuel escribir es hacer público su compromiso con la gente. Un compromiso que ante el envilecimiento de la nación, es por necesidad opositor al modelo que impulsan los responsables de la debacle. Y en México los políticos de oposición escriben: Flores Magón era prolífico como periodista, José Revueltas publicaba literatura y ensayo, Heberto Castillo escribía mucho. A esta estirpe de escribidores comprometidos y contestatarios pertenece Andrés Manuel.
*
La mafia que se adueñó de México… y el 2012, es un libro de circunstancias. Pero las circunstancias que transitamos son de encrucijada histórica; vivimos un fin de época y escribir sobre la coyuntura presente significa ponderar el pasado y avizorar el porvenir.
Los cuatro capítulos del libro no son arbitrarios: el primero documenta el encumbramiento de la oligarquía rapaz que hoy nos gobierna, el segundo da cuenta de la ruina del país y la pobreza del pueblo, el tercero sustenta la esperanza en un recuento nacional del ánimo rebelde de la ciudadanía y el cuarto aborda la trascendencia del 2012: lo que se juega en esa coyuntura.
En el Capítulo I, titulado El saqueo, se plantea una tesis fundamental: la dictadura del mercado y la privatización de lo público, propias del neoliberalismo, no son ocurrencia de tecnócratas sino mandato de las trasnacionales en la fase gandalla del capitalismo global. En el caso de México, la subasta de los bienes de la nación permitió el encumbramiento de un puñado de potentados rapaces y especuladores, con lo que pasamos de gobiernos autoritarios que fomentaban el enriquecimiento de una burguesía hija de la revolución hecha gobierno, al dominio directo de una oligarquía prohijada en los últimos 25 años por el PRI y el PAN. Así, hoy mediante su control económico y mediático, los “dueños de México” ejercen un gobierno de facto, manejando como pelele a la autoridad formal y haciendo nugatorio el Estado de Derecho.
Con pelos y señales Andrés Manuel documenta el encumbramiento de “la mafia” oligárquica, pero al hacerlo da cuenta también de que el gran dinero realmente existente no es el capital innovador, productivo y arriesgado del que hablan los libros apologéticos -y hasta los libros críticos- sino un capital especulativo, predador, rentista y gandalla del que en México son ejemplos la banca mayoritariamente extranjera, Telmex y aun más sus presuntas competidoras trasnacionales, el duopolio televisivo, los contratistas de Pemex, las constructoras de desarrollos habitacionales, los hoteleros del “gran turismo”, las mineras canadienses. Y de paso el tabasqueño deja constancia de que -contra lo que sugiere la palabra- los tecnócratas no son expertos y calificados aunque socialmente insensibles, sino burdos saqueadores, ladrones del montón, en una palabra: pillos.
En el Capítulo II, titulado Abandono, corrupción y pobreza, se describe la ruina de la nación: un país que hace cien años era vanguardia latinoamericana en transformaciones sociales progresistas y justicieras, hoy es zaguero, cabuz, furgón de cola de un subcontinente en donde en casi todos los paìses gobiernan las izquierdas y donde soplan inspiradores vientos de cambio. Aquí, en cambio, hay estancamiento económico, hay agrocidio, hay destrucción de la industria pequeña y mediana que genera ocho de cada diez empleos, hay desmantelamiento del Estado social. Vergüenza debía de darles a quienes dicen que gobiernan. Pero no les da, de modo que la necesaria, la urgente regeneración de la vida pública, tendrá que ser obra de lo que Andrés Manuel llama “una nueva corriente de pensamiento”.
El Capítulo III, titulado La resistencia y el peregrinar por el país es, para mi gusto, el corazón del libro, porque ahí se documenta el sustento de la esperanza. Dicen los desesperanzados que un pesimista es un optimista bien informado. Yo sostengo exactamente lo contrario: los pesimistas son pesimistas por falta de información pertinente. En verdad un optimista es un pesimista bien informado.
Y sin duda el acendrado optimismo de Andrés Manuel se origina en la abundante y privilegiada información de que dispone, proviene de que conoce como nadie el ánimo y la disposición de los mexicanos de a pie. Como ningún otro, Andrés Manuel le ha medido el agua a los camotes, ha palpado los sentimientos de la nación, se ha percatado de las energías, las capacidades, las virtudes, los defectos de los mexicanos del común.
Antes, conocer un país era recorrerlo a ras de tierra. Así lo hicieron en México viajeros como Humbolt, etnólogos como Manuel Gamio, economistas de a caballo como Moisés T. De la Peña, geógrafos trashumantes como Ángel Bassols, agrónomos de guarache como Hernández Xolocotzi y políticos verdaderos como el general Cárdenas. Ahora, en cambio, se piensa que se puede comprender a México por encuestas, por estadísticas, por grupos de enfoque y “baños de pueblo” debidamente desodorados y sanitizados. A contra pelo, Andrés Manuel desempolvó la vieja tradición del conocimiento presencial, y desde hace casi cinco años, al emprender la campaña por la presidencia, decidió conocer el país de bulto, apersonarse con los mexicanos en los lugares donde habitan.
Pero Andrés Manuel de plano no se mide: pata de perro como nadie, después de 2006 decidió realizar asambleas y formar comités en cada uno de los casi 2 500 municipios del país, recorriendo para ello 175 mil kilómetros. Y cuando se le acabaron los municipios, marchó de nueva cuenta por toda la República reuniéndose en las ciudades importantes con los representantes de los comités. Casi 200 mil kilómetros, la mayoría por malos caminos: cinco vueltas al planeta por la parte más ancha, la mitad de la distancia de la tierra a la luna.
En el libro nos da una probadita de sus experiencias: caminos virtuales, pueblos desolados donde falta todo menos los refrescos, enfermedad, carencia, precariedad, desolación. Pero también gente trabajadora, creativa, animosa, salidora, dicharachera, entrona, solidaria, alzada, “gente buena”, como gusta decir Andrés Manuel. Si leen el libro igual se enteran de qué en la Costa de Guerrero, al caldo de mariscos le llaman “rompe catres”, y sobre todo se darán cuenta de porque Andrés Manuel se acabó de convencer de que en las comunidades indígenas está la mayor reserva civilizatoria del país. Y es que recorrer los 500 y pico municipios de Oaxaca, dice más que todos los rollos indiófilos del mundo.
En el último capítulo, titulado lacónicamente: 2012, Andrés Manuel presenta el decálogo programático que leyó en el Zócalo el 22 de diciembre de 2009, y define una vez más su posición respecto de las próximas elecciones federales, como oportunidad para plantear ante el pueblo de México una disyuntiva que hoy -cuando el PAN y el PRI se mimetizan- es más cierta que nunca: dos caminos se abren ante la nación, el de la regeneración y el cambio verdadero o el de la continuidad de los poderes y políticas que nos llevaron a la ruina. La tarea, dice Andrés Manuel, es hacer llegar el fondo de esta disyuntiva a todos los mexicanos, de modo que en 2012 nadie pueda llamarse a engaño. Si aun así votan por el PRI, es decir por el regreso de Santa Anna, pues… ya estaría de Dios.
Andrés Manuel reitera también, en este capítulo, su respeto por la postura de Marcelo Ebrard y por su trabajo como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, e insiste en que en 2012 “el candidato de las fuerzas progresistas debe ser el que esté mejor posicionado”. Expresiones importantes, pero marginales al contenido principal del libro, que sin embargo serán, muy posiblemente, las únicas que recojan  y malinterpreten la mayoría de los medios de comunicación.
La afirmación de que será la opinión ciudadana la que decida la candidatura, puede parecer retórica viniendo de quien ha construido a mano y encabeza personalmente un enorme movimiento ciudadano que tiene al 2012 en la mira. Pienso que no lo es. Y no lo es porque la construcción del movimiento obradorista ha tenido un costo, un precio que pudiera tener efectos electorales.
Me explico. En 2006 Andrés Manuel sabía que no se puede nadar y guardar la ropa. Y decidió nadar, nadar a contracorriente 200 mil kilómetros de nación y de ciudadanía. Y quizá la ropa se humedeció un poco. En los últimos años Andrés Manuel se ha ganado la adhesión ferviente, decidida, organizada y militante de dos millones y medio de mexicanos y la simpatía y respeto de muchos millones más. Pero se ganó también el rechazo explícito de muchos otros, que posiblemente serían neutrales si el tabasqueño hubiera decidido quedarse quieto y nadar de a muertito.
Me parece a mí, que para un hombre como Andrés Manuel, no había opción; crear un movimiento nacional, organizar desde abajo una gran fuerza societaria y ofrecer a la nación un proyecto claro y un liderazgo creíble es mucho más importante que no despertar enconos. Un político verdadero no es monedita de oro.
A la hora de elegir candidato habrá, pues, que ponderarlo todo. Pero por encima de cualquier otra cosa, habrá que sopesar el prestigio, la autoridad, la invaluable credibilidad de Andrés Manuel, adquiridas nadando contra la corriente.
*
En la parte final, Andrés Manuel nos explica porqué el regreso del PRI sería como el retorno de Santa Anna. Y lo hace en páginas afiladas y brillantes donde se plasman los mejores talentos del tabasqueño: un hombre apasionado por la historia al tiempo que avezado en extraer lecciones para el presente de las experiencias del pasado. Y es que, en efecto, el síndrome nacional que está detrás de la ominosa recuperación del dinosaurio priista, es muy semejante al que hace un siglo y medio permitió que el vendepatrias de Manga de Clavo fuera nombrado presidente por undécima vez.
Amigos, neutrales y antagonistas. Les recomiendo mucho que lean este libro. Que lo lean con cuidado, de manera reflexiva y crítica. Estoy seguro de que al final habrán aprendido mucho, no sobre Calderonia, sino sobre el México real. Y creo, también, que comprenderán mejor a Andrés Manuel.

 

 

AGENDA CIUDADANA
AMLO, DIAGNÓSTICO Y PROYECTO


Lorenzo Meyer

 


Rotunda. El último libro de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no pretende descubrir algo que se ignorara, sólo busca una vez más apuntar hacia una verdad rotunda y sus consecuencias. La verdad que muchos pretenden no ver, es que, por lo que se refiere a su carácter oligárquico, México está de regreso al sitio donde se encontraba hace justamente un siglo, cuando vivía ya al filo del agua. De retorno pero en condiciones diferentes. En 1910 Porfirio Díaz podía poner límites a un hacendado o a un minero. Hoy es difícil imaginar que “Los Pinos” hiciera algo equivalente con una cadena de televisión o con una empresa telefónica. México es de nuevo una sociedad donde el peso de su oligarquía es determinante en el proceso político. En la toma de las grandes decisiones de carácter económico, el nuestro no es un país de más de cien millones de personas sino de apenas un puñado.
El análisis de la naturaleza y los efectos políticos del México de los pocos –de “Los que mandan” para usar el término acuñado por el sociólogo argentino José Luis de Imaz en 1964-, es el corazón del nuevo libro de AMLO: La mafia que se adueñó de México…y el 2012, (Grijalbo, 2010). Quizá se pueda objetar el caracterizar como mafia a los que más influyen sobre el destino material de México, pero finalmente no es posible entender nuestro proceso actual país sin tomar en cuenta el carácter profundamente excluyente de un sistema cuya supuesta transformación de autoritario en democrático, no ha significado gran cosa en el ejercicio real y en los efectos del poder.
 A partir de la discusión del concepto de mafia se puede abordar la sustancia de este libro no académico sino intensamente político y polémico. Mafia, como se sabe, es el nombre de una sociedad criminal secreta originaria de Sicilia pero que, por extensión, suele aplicarse a otras asociaciones secretas de criminales o, incluso, de terroristas.
Ahora bien, el pequeño grupo de los poderosos de México, como lo demuestra el propio AMLO, no es secreto ni observa el orden jerárquico y la disciplina propias del crimen organizado. En esta obra y en la realidad, los oligarcas aparecen con nombre y apellido, con sus áreas de actividad y hasta su modus operandi individual. La membrecía en el grupo va desde Carlos Slim hasta Emilio Azcárraga, pasando por Roberto Hernández, Roberto Bailleres, Germán Larrea y unas docenas más de grandes empresarios. Algunos de ellos, como los del Consejo Coordinador Empresarial, efectivamente han concertado sus acciones de presión y cabildeo pero otros lo hacen por sí y ante sí, en solitario, como Slim o Salinas Pliego. Y aunque ciertas actividades de estos personajes son ilegítimas por ser dañinas para el interés general –sus prácticas monopólicas o sus argucias para pagar pocos impuestos, por ejemplo-, generalmente pueden pasar por legales.
Una alternativa más adecuada al concepto de mafia y al tipo de conducta de “los que mandan” en México,  puede ser  el de élite del poder, término acuñado por el sociólogo norteamericano C. Wright Mills, (1916-1962) al examinar el enorme poder acumulado hasta entonces por el pequeño grupo que dominaba la política, la economía y la cultura norteamericanas.
En The power elite, (1956), Mills sostuvo que sí en Estados Unidos se pudiera separar de las estructuras institucionales donde operan a los cien personajes políticamente más poderosos, a los cien más ricos y a los cien más famosos, éstos perderían su importancia pues su poder no estaba en ellos como individuos sino en la posición que ocupaban en la estructura institucional, en la red del poder. Esa es también la tesis central de AMLO y punto de partida de su proyecto político, pero con una variante muy importante: aquí, como se verá, si hay individuos muy poderosos y que no tienen cargo institucional.
A partir de la gran crisis de 1982 –cuando se vino abajo el modelo económico basado en el mercado interno y en la centralidad del Estado- el gobierno ha quedado cada vez más al servicio de los intereses particulares de un puñado de dirigentes de grandes empresas y conglomerados y de su idea de México, un México donde la desigualdad extrema es considerada como natural e inevitable y frente a la cual sólo queda saber administrarla para evitar que lleve a la inestabilidad.
Conviene abordar ahora la peculiaridad de la élite del poder mexicana y en la que AMLO ahonda. Sí Mills no dio mayor importancia a las individualidades del grupo, fue porque en la sociedad que estudiaba –la norteamericana- las instituciones aparecían sólidas. En contraste, en México hoy ese entramado institucional es notoriamente débil lo que realza el papel del individuo. Esa debilidad ha permitido que ciertos personajes audaces y con conexiones adecuadas, puedan desempeñar un papel crucial. Eso fue lo que sucedió con Plutarco Elías Calles hace 80 años cuando México era aún país de caudillos y eso sucede de nuevo con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.
Salinas ha capitalizado las debilidades y corrupciones del actual sistema político mexicano. Cuando fue presidente al final del siglo pasado, el de Agualeguas usó la crisis mexicana y el proceso mundial de privatizaciones, para tejer una telaraña de complicidades políticas e intereses económicos con el objetivo de sentar las bases de un poder transexenal. Sin embargo, su sucesor, Ernesto Zedillo, se propuso acabar con ese proyecto y casi lo logró, pero la posterior combinación de ineptitud, debilidad política y corrupción que caracterizó al sexenio de Vicente Fox, dio por resultado, entre otras cosas, una inesperada segunda oportunidad para la ambición salinista. Tras el 2000, Salinas se ofreció como mediador y coordinador entre los grupos e intereses del viejo y el nuevo régimen. La oferta le fue aceptada tanto por Fox y Felipe Calderón como por la oligarquía, el PAN y un PRI que, debiendo ser historia, también supo aprovechar los errores de sus adversarios para resurgir de sus cenizas, y por los nuevos señores feudales de la política mexicana: los gobernadores priistas. Con la coordinación de los intereses y la acción sustantiva de la élite del poder, el resto de los poderes, desde el legislativo y el judicial hasta los organismos autónomos, las iglesias y los sindicatos, se plegaron al arreglo. El resultado es una democracia casi sin contenido.
2012. El título del libro de AMLO contiene una fecha: 2012. Es en torno a ese año que ya actúan tanto la élite del poder como el resto de las fuerzas políticamente organizadas, incluidos el propio AMLO y su movimiento social. El año de la elección presidencial mexicana no tiene 365 días sino muchos más, por eso el largo y complicado 2012 ya llegó. Los grandes problemas nacionales siempre están presentes, pero desde hace por lo menos un siglo, es el calendario electoral el que, a querer que no, obliga a la sociedad a reflexionar sobre qué proyectos de país se nos ofrecen y a decidir por cual debemos optar.
Hoy el conjunto ciudadano no pareciera tener el ánimo para hacer de la política asunto prioritario. Según las encuestas, a la mayoría de los mexicanos – para ser exactos, en 2008, el 65%- los asuntos políticos les interesan poco o nada y apenas a un 9% les pareció la política de gran interés (“Encuesta Nacional sobre Cultura Política 2008”, www.encup.gob.mx). Y es que, después de todo, el 83% de ellos considera que simplemente, “el país es gobernado por los intereses de unos cuantos”, (Reforma, 20 de mayo, 2008).
Y Sin Embargo… Aparentemente México, como proyecto nacional, es hoy una zona de desastre, pero justamente por eso, ésta debería ser la hora de la oposición real. Pero el mayor partido de la izquierda está deshecho y las encuestas auguran el retorno del PRI como resultado del desánimo generalizado. Como lo hicieran los historiadores romanos en las épocas de decadencia AMLO apela hoy a las virtudes del pasado –en nuestro caso al espíritu de Juárez y de Cárdenas-, llama a renovar la insurrección electoral y a que en el 2012 la izquierda recupere un poder ilegítimamente detentado desde el 2006 por una derecha oligárquica.
Los obstáculos que enfrenta el proyecto de AMLO son sencillamente formidables: el duopolio televisivo que ha logrado capturar la imaginación de una buena parte de los mexicanos, Carlos Salinas, el PRI reciclado y la oligarquía. AMLO propone enfrentar tamaña alianza con un proyecto de justicia sustantiva y una organización de base desde los 2, 456 municipios del país donde él considera que personalmente ya  plantó la idea de un proyecto alternativo. Hoy, tamaña empresa podría parecer casi imposible… pero el país no nos perdonaría el no haberlo intentado.
RESUMEN: “EL CARÁCTER OLIGARQUICO DE MEXICO, EL PREDOMINIO DE LOS INTERESES DE LOS MUY POCOS, NO ES NUEVO, PERO SE ESTA ACENTUANDO”

 

La alternativa política de 2012

 

Arnaldo Córdova

 

Este nuevo libro de Andrés Manuel López Obrador es, La mafia que se adueñó de México… y el 1012, es un libro sencillo y claro como todos los suyos. Es un análisis crítico, en primer lugar, del proceso a través del cual una pequeña oligarquía se ha adueñado de México, sus riquezas naturales y humanas, en su primer capítulo, que se titula, precisamente, “El saqueo”. Correlativamente, es la exposición del proceso de empobrecimiento de la sociedad a que han llevado la corrupción y la depredación de la derecha, como puede verse en su segundo capítulo, “Abandono, corrupción y pobreza”.

Es también la descripción de una experiencia maravillosa que López Obrador recreó, viajando por todos los municipios del país, de lo que vio, la gente estupenda que conoció y, también, de la belleza de nuestro país que lo asombró (es el contenido del segundo capítulo, titulado “La resistencia y el peregrinar por el país”); y culmina, en el tercer capítulo, con un examen que es, a la vez, una exposición crítica y un planteamiento programático que denomina, emblemáticamente, “2012”.

            Del primer capítulo, todos podrán aprender cómo se adueño esa mafia de México; del segundo, como ello llevó a la miseria de las masas de la sociedad; del tercero, la visión cercana del gran pueblo que tenemos y que constituye nuestra mayor e insuperable riqueza y, además, de ese incomparable país que es México; del cuarto, podrán entrar al debate de lo que somos, de los terribles desafíos que se tienen por delante y, desde luego, de las propuestas que se están presentando a todos los ciudadanos de México no sólo para rescatar a nuestra patria de los saqueadores, sino para hacer de este país una patria digna para todos.

            Sí, hay que reconocerlo, como se puede leer en la página 174 del libro, nuestro pueblo es muy susceptible a creer las mentiras que se le administran desde el poder, ese poder real que no son sólo las oficinas del gobierno, sino esos que se llaman poderes fácticos y que son los dueños de la riqueza nacional. Una muy buena franja de la población está muy despolitizada y es susceptible de toda clase de manipulaciones. En nuestro pueblo hay actitudes que deberán cambiar, actitudes logreras, que López Obrador llama “aspiracionistas”, una mentalidad retrógrada y sumisa, que se muestra, ante todo, en los sectores más incultos y aislados de nuestras clases medias. En esas franjas del pueblo no hay más pensamiento propio que el que les suministran la televisión y la radio.

            Pero los que están del lado del pueblo no son un puñado. Son millones y siguen creciendo. Los conservadores de todas las clases sociales se conforman con esa miseria de país en la que han transformado sus explotadores a México y se sienten muy a gusto en ella, aunque sepan que nada está seguro para ellos, porque si algo nos ha dado la derecha es la más siniestra inseguridad y la duda perenne de lo que nos podrá pasar a todos en el futuro. El mensaje de Andrés Manuel López Obrador es claro y sencillo: “… lo que somos y representamos se ha logrado con autoridad moral, imaginación y firmeza; con acciones de resistencia en defensa del pueblo y de la nación, con el trabajo organizado de hombres y mujeres libres y conscientes” (p. 173).

            En este gran movimiento ninguno se considera enemigo irreconciliable de nadie. En él sólo se señala a los culpables de la tragedia que está viviendo nuestra sociedad por la ineptitud de sus conductores políticos, económicos y religiosos. No se piensa en ellos como enemigos porque, si algún día se llega a gobernar este país, y ese día llegará, se tendrá que entender con ellos y encontrar con ellos la solución que les permita, también a ellos, seguir viviendo en esta sociedad y, al pueblo de México, encontrar su camino y tener en sus manos las decisiones fundamentales para hacer de la nuestra una sociedad de verdad justa, equitativa y acogedora para todos sus integrantes, sean de la clase que sean.

            En la página 190 de su libro, Andrés Manuel López Obrador lo dice así: “… les decimos a los integrantes de la oligarquía, que, a pesar del gran daño que le han causado al pueblo y a la nación, no les guardamos ningún rencor y les aseguramos que ante su posible derrota en 2012, no habrá represalias. Declaramos esta amnistía anticipada porque lo que se necesita es justicia, no venganza, y ellos tendrán que entender que ningún grupo, por importante y poderoso que sea, puede seguir conspirando contra la paz social. Nada ni nadie puede valer más que el bienestar y la felicidad del pueblo”.

            Estos festejos nacionales en torno al bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución no salen de la retórica, la mediocridad discursiva y la alegoría demagógica que hasta hacen víctimas de sus excesos los huesos de los padres de nuestro movimiento liberador como nación. Todo mundo se pregunta sobre el misterio del año diez de cada siglo para nosotros. 1810 y 1910 parecen habernos marcado. Ahora le estamos preguntando al 2010 si volverá la violencia en los meses que nos quedan. ¿Haremos de nuevo una revolución y volveremos a caer en la violencia? Nuestra respuesta es no y este nuevo libro de López Obrador lo confirma. Nosotros somos enemigos de la violencia. No es nuestra vía.

            El señala con atingencia otro hecho que sí tiene significado: la sucesión presidencial. Y nos dice al respecto: “… la historia nos enseña que siempre, alrededor de la sucesión presidencial, se presentan las condiciones más propicias para iniciar los cambios que se requieren en el país” (p. 204). Sí, estamos ante una oportunidad de oro para impulsar los cambios que el país necesita, pero eso no significa llamar a la violencia. El camino de la violencia debe desaparecer para siempre de nuestro escenario, sea de grupos sociales sea y principalmente de nuestros gobernantes que tan prestos está a echar mano de las armas y, además, sin que éstas, las armas del Estado, les pertenezcan, sino a la nación.

            Sí, estamos proponiendo una transformación a fondo del país, pero negamos que cada diez de cada siglo tenga que ser fatalmente violento. Además, la sucesión presidencial será en 2012, no en 2010. Estamos decididos a hacer que ya no haya entre nosotros búsquedas violentas. La  nuestra es la alternativa pacífica para este 2010 que acabará consumándose en el 2012. Ese es el mensaje de este nuevo libro.

 

 

Un retrato del México de hoy

 

Rogelio Ramírez de la O

 

Es un honor aceptar la amable invitación de Editorial Grijalbo para comentar el libro del Líder de México, Andrés Manuel López Obrador.
En este libro el autor hace un retrato de México, en ocasiones un retrato crudo, lo cual es inevitable. Pero también se dibuja a sí mismo como un observador de graves problemas nacionales, un actor político de primera importancia y un protagonista de los hechos más relevantes ocurridos en México en los últimos años.
    El libro integra la economía con la política, siendo López Obrador el único político de México del que yo tenga conocimiento que entiende la interacción permanente entre economía y política. Eso lo demostró hace 12 años, cuando cuestionó la aprobación por el Congreso del Fobaproa, pues también fue el único que realizó un análisis detallado y meticuloso del costo de este rescate de banqueros por el Estado. De ahí concluyó desde entonces que México no podría tener crecimiento económico en años futuros con esta carga ominosa.
    Fue el único político que convocó a una consulta popular sobre la aceptación por el Congreso de la deuda del Fobaproa como deuda pública.
    Hoy López Obrador nos viene a decir que, efectivamente, México no creció y sigue acumulando graves problemas y nos actualiza las cifras del alto costo del Fobaproa, sin dejar de contrastarla con el gasto en desarrollo social o en inversión pública, los cuales se han quedado rezagados.
    Hay tres cosas que quiero destacar y que se desprenden de la lectura de este libro. La primera, que el proyecto de López Obrador para el país es un proyecto de cambio en serio, no cosmético. Por lo mismo es el verdadero proyecto modernizador. En ese proyecto se combina el fundamento del Estado rector y el nacionalismo con la buena administración pública. Es importante subrayar esto, porque es necesario — y les pido que nos ayuden – combatir la noción, en ocasiones mal intencionada, de que el proyecto de AMLO es una vuelta al pasado. No. Se trata de un cambio hacia un nuevo futuro.
    En segundo lugar, a lo largo del libro también nos deja ver su comprensión de las finanzas públicas y las restricciones que imponen a las políticas públicas. De ahí su preocupación y enojo hacia el Fobaproa. En todo momento López Obrador está calibrando su proyecto alternativo contra las finanzas públicas; de ahí la importancia que tiene en su proyecto la reducción de los altos sueldos y la lucha contra la corrupción.
    En tercer lugar, aunque sólo los describe brevemente, López Obrador siempre ha considerado la importancia de los proyectos de desarrollo regional. De ahí su amplia discusión sobre el campo y cómo rescatarlo. A mí me tocó el privilegio de acompañarlo desde 2006 en su formulación de varios de estos proyectos, como el de la siembra de bosques de cedros en el sureste. Esto sólo es una muestra de cómo los proyectos concretos de desarrollo de inversión y generación de empleo están siempre presentes en su visión de México.
    Y aun más, López Obrador tiene una gran capacidad de ejecución de proyectos. Con su perseverancia, su convicción sobre los proyectos y su disciplina, siempre pudo materializar sus proyectos, como lo demostró en su exitosa gestión como Jefe de Gobierno de esta ciudad.
    Los tiempos son propicios para él y para su visión de cambio en serio en México. El mundo se está desglobalizando porque los estados nacionales hoy reclaman concesiones excesivas que dieron a los mercados. Los líderes nacionales están volteando a ver los intereses de sus propios países y no los de la economía global. Habrá más regulación por el estado, entre otros, del sector financiero.
    Y hay tiempo para que este programa alternativo madure y penetre en las conciencias. Entonces, apoyemos, ayudemos a López Obrador y saldremos adelante.
                                        14 de junio 2010

 

 



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