‘La mataron, la descuartizaron y la echaron a un canal’, el testimonio de una madre

Luego de dos años de la muerte de su hija, María Eugenia Fuentes Núñez, todavía tiene razones para seguir en la lucha: los brazos, las piernas y las manos de su cuerpo; recompilar su rompecabezas.

 

maría eugenia fuentes
María Eugenia Fuentes Núñez, madre de una víctima de feminicidio

Por Fabiola Rocha

Regeneración, 24 de noviembre de 2016.- Un día de septiembre de 2014, a María Eugenia Fuentes Núñez supo lo que ninguna madre quiere confirmar: su hija estaba muerta. Pero el horror no se limitó a ello, pues para su desgracia, sólo habían hallado el cráneo y los pies de su pequeña, Diana Angélica Castañeda Fuentes, de 14 años.

Diana Angélica desapareció el 7 de septiembre del 2013, aquel día le dijo a su hermano que iría a ver a una amiga y nunca llegó; desde entonces, su madre la buscó por todos lados, tapizando la calle con carteles con su cara y el teléfono de contacto. Una sola vez le pidieron rescate, por 7 mil pesos, “una cosa ridícula”, dijo María Eugenia luego un conservatorio sobre desapariciones de mujeres, en Punto la Gozadera.

Tras la desaparición y ante la inacción de las autoridades, Fuentes Núñez se unió a un grupo de padres, la “Red de Padres que Buscan a sus Hijos”, quienes junto con el Equipo Mexicano de Antropología Forense, le enseñaron cómo enfrentarse con las autoridades de forma pacífica, pero con sabiduría, contó.

“Para que no nos vean la cara, con que la genética no se puede sacar a veces porque pasó mucho tiempo en un dragado o porque está muy contaminado, todo esto nos da seguridad para pedirle a las autoridades lo que tienen que hacer realmente”.

“Soy mamá de una víctima de feminicidio”, contó con la voz entrecortada, “ella desaparece el 7 de septiembre de 2013 en Ecatepec, Estado de México”.

Su pequeña fue hallada en febrero del 2014, mientras realizaban un dragado (proceso de limpia y extracción de piedras y arena) en un canal de Tecamac; de las turbias aguas sacaron restos, pero entonces, ni la PGJEM, Procuraduría General de Justicia del Estado de México, ni la PGR sabían de quién eran, por lo que decidieron dividirlos para hacer los exámenes de necroposia.

Para septiembre de ese año, la Procuraduría General de la República, PGR, identificó los restos y llamó a María Eugenia. Su hija llevaba una semana de muerta.

“La tuvieron secuestrada cinco meses; a parte de lo que vivió, la mataron, la descuartizaron y la echaron a un canal”.

La brutal noticia no paró las investigaciones de la madre; entonces, “Margie” (como le dicen de cariño), se enteró que su hija conoció a personas en las redes sociales, “gente que trabaja ganándose su confianza, hasta que llega un momento, las ponen y luego las desaparecen”.

Miles de historias y teorías se ha hecho María Eugenia, ahora sabe que existen tantos modus operandis como destinos para las víctimas.

“Las privan de su libertad, puede ser por un asalto, para violarlas, para trata; la trata ya no nada más es por sexo, sino también está el narcotráfico, los tienen en granjas para centros de piratería, o cosechar droga, servidumbre, niños para tráfico de órganos, para adopción o mendicidad, pero en el caso de las adolescentes, es prostitución y pornografía, principalmente”, indicó.

Se ha hecho, como ella misma dijo, en una especie de especialista, abogada, por el trajín del ir y venir buscando, tratando de recuperar a su hija, a toda su hija.

Ya pasaron tres años desde que Diana desapareció, dos desde que supo que está muerta, pero María Eugenia sigue en la lucha; ahora da charlas en escuelas y en cualquier lado que lo soliciten, en ellas habla de lo importante de la prevención, de la necesidad de tener cuidado en las redes sociales, lo imprescindible de conocer tus derechos, de saber lo que dice la constitución para exigir los derechos.

“Muchas veces no sabemos lo que podemos pedir, lo que podemos exigir como sociedad, como persona, como madre de víctima. Es que dices, ‘si pido esto, igual me mandan a la fregada’, pero tienes derecho a muchas cosas, la cosa está en pedirlas, en saber que puedes exigirlas”, señaló.

En este proceso, poco a poco va dejando la culpa, tratando de mirar hacia el hijo de 22 años que le sobrevive, tratando de valorar lo que tiene. Lo que sí hizo fue salir de Ecatepec, el municipio más violento de todo el país.

“Salí de Ecatepec, me fui de ahí, no soporto estar en ese lugar… cuando te pasa algo, no quieres seguir reviviéndolo”, contó.

Además de su hijo, la Red de Padres que Buscan a sus Hijos ha sido un espacio esencial para ella.

“No somos un colectivo, somos una familia, donde podemos reír, llorar; donde podemos bromear y no sentirnos juzgados por una sociedad donde ven a una madre y creen que podemos estar llorando y llorando y llorando. Sí lloramos. Sí caemos, pero nos levantamos porque tenemos esa fuerza de seguir buscando para que nuestras hijas que ya son víctimas de feminicidio u homicidio, tengan justicia, somos la voz de los que no la tienen”, concluyó.

Este testimonio y los de otras madres como Leticia Mora y Angélica Martínez, fueron presentados este jueves por la Red de Madres Buscando a sus Hijos, el Equipo Mexicano de Antropología Forense y Ana Tijoux (hip hopera franco-chilena); en un conversatorio sobre la grave crisis de derechos humanos y mujeres desaparecidas que vive el país, en Punto Gozadera.

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