Monsiváis, la Cera y la Pluma

Por Jenaro Villamil | Homozapping

Cartón de Hernández
Cartón de Hernández

Regeneración, Mayo 4, 2014 México, DF.- Este 4 de mayo, nació en la Ciudad de México un niño que llegaría a ser el intelectual público más reconocido, querido y recordado en los últimos años: Carlos Monsiváis. Inevitable recordarlo, conversar con él, celebrarlo y hasta reclamarle que nos ha dejado sin su humor, su sabiduría, sus maledicencias y también su afecto felino.

En honor a él, el Gran Gato, comparto este texto.

“Una ciudad gobernada por el catálogo de sus virtudes. Ciudad de la solemnidad, ciudad del relajo. Ciudad que no le permite a sus moradores –distritofederalenses, ‘chilangos’-, el derecho psicológico de tutearla, de tenerle confianza después de las diez de la noche…

“Ciudad palimpsesto, la de México lleva, debajo del ropaje cosmopolita, las antiguas vestimentas y costumbres…

“Ciudad altamente politizada: escriba usted un oficio y se le permitirá expresar su adhesión y su amor al régimen, redacte un memorándum con cinco copias y se le concederá una pancarta”.

Te leo de nuevo. Es la reedición de los textos que escribiste entre 1963 (a tus 27 años) y los de 1972-1987 cuando dirigiste el suplemento La Cultura en México para la revista Siempre!. Es la edición de Aproximaciones y Reintegros, compilada y editada por Carlos Mapes, para editorial Trilce y la Universidad Autónoma de Nuevo León.

¡Qué prolífico has estado! Desde junio de 2010 –cuando nos dejaste plantados para la última (re)elección del sistema- se han publicado muchas obras tuyas. Todas dicen que las corregiste y las revisaste. ¡Con razón estabas tan cansado! Ya sospechaba que para ti escribir sólo tiene sentido si reescribes, si corriges, si agregas y dejas abierta una obra tan extensa como intensa.

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Llego al Péndulo desde las 12. Nos sentamos el libro y yo en la misma mesa donde sé que te gusta observar el paisaje. Siempre nos citas los sábados. Antes era en la cafetería Auseba, 50 metros atrás en la calle de Hamburgo, convertida ahora en una estética. ¿Habrá alguna relación entre tu ausencia y el arte de cortar el cabello?

“La Merced, 4 de mayo de 1938. Como principio, ni el de mi vida ni el de estas notas resulta muy aparatoso, pero su ventaja es el privilegio de una veracidad avalada por mi madre, la partera y los organizadores de este ciclo. Como entre brumas, escucho ahora las voces de mi primer recuerdo literario, un primer recuerdo que me iniciará en una vocación de la que ya no podré desprenderme, la de escritor: es una llamada de Bellas Artes invitándome a formar parte del ciclo Narradores ante el Público….

“Promiscuidad de los recuerdos: el cristiano inglés John Bunyan se mezcla con el folletinista francés Michel Zévaco y el realista mexicano Manuel Payno. Y otra precisión: no hay el sudor del futbol soccer, ni siquiera canicas o balero. Sólo precocidad y pedantería. La niñez acude más tarde, en la forma del amor por la cultura popular y de la preocupación heroica por los cómics, vagamente disfrazada de interés sociológico”….

No llegas. Puede ser otro de tus retrasos.

Pero necesito contarte: han editado esta compilación de tu obra. Afortunadamente no tiene un lomo bonito. Si no, ya estaría fotografiada por Pedro Torres para que se exponga en La Ciudadela. Hay otras compilaciones muy bien hechas que también circulan. ¿Las revistaste?

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En fin, tu pluma sobrevivirá a muchas compilaciones, incluyendo las que Mito Genial hacía con sus garras. Pero el mejor compilador era Coopelas o Cuello. Tenía algo chino ese gato, ¿no crees? O Ansia de Militancia que pasaba todas las tardes destruyendo lo que tejías en las mañanas.

Necesito que vengas. Tengo que mostrarte estas fotos. Estás en el Museo de Cera. No te pusieron en el apartado de Ripley sino en el vestíbulo de las novedades. No sé por qué estás parado en frente del muñeco de Enrique Peña Nieto, el de cera, no el real. Afortunadamente, no habla. Si no, ya me estarías pidiendo las declaraciones para Por mi Madre. ¿Qué hacemos con tanto Elogio a la Ignominia? Ojalá sólo fuera ignorante. El problema es que no le importa. Ni a él ni a nadie.

Pero ya me desvié. Tu muñeco en el Museo de Cera está frente al de Peña Nieto y al lado de Angélica Vale y de Silvia Pinal. Tan bien que se ve la señora. Es la mejor cirugía plástica que le han hecho. La de cera. Y a unos cuantos metros está un muñeco que dicen que es Barack Obama.

-Está igualito –dice un señor al verte enfundado en una chamarra de mezclilla negra (la misma de las tardes para comprar películas) y tus lentes de antes de las cataratas. Y se toma la foto con tu réplica en cera. Y llegan otros muchos. Te siguen reconociendo. Y nadie distingue la diferencia entre el muñeco de Octavio Paz y el de Steve Jobs.

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-Nunca han leído nada mío –seguro te quejarás. Como siempre, cuando quieres lanzar un guiño para que te apapachen.

No le digo al hombre de esta ciudad que te tutea. Mientras más ausencia física, más presencia de tu pluma. Sospecho que, como los gatos, tienes más de siete vidas. Apenas irás por la cuarta o quinta, en la que me tocó conocerte, ser tu amigo, tu cómplice y un poco compinche.

Sé que vendrás. Aunque llegues tarde a esta cita. Mientras tanto, me voy con la certeza de que eres un hombre zapping: en cada esquina de la ciudad, dejaste una mirada; en cada contenido te leo, en cada rincón te recuerdo y en cada amigo mutuo te recreo. Y eso es más vital que la cera.

Jenaro Villamil

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