Psicóloga de profesión y doctora en políticas públicas y formación humana, Ana Marcela da Silva Terra es una ciudadana brasileña que reside en México y trabaja en la Clínica de Psicología Navegantes, de la cual es cofundadora.
Ana Marcela se describe como militante de izquierda y participante activa en Samba Insurgente, un colectivo cultural y político ubicado en la Ciudad de México que une la música brasileña, la gastronomía y la militancia de izquierda entre personas de Brasil y México.
Tras su labor como asesora parlamentaria de la concejala Marielle Franco, quien fue asesinada el 14 de marzo de 2018, el destino la trajo unos años después a México para hacer una estancia doctoral en la UAM Xochimilco, posteriormente se enamoró del país, por lo que decidió radicar de manera permanente aquí.
A unos días de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil, Ana Marcela nos comparte sus puntos de vista en torno a esta contienda que será un parteaguas en la historia de su país y de la cual nos expresa su sentir sobre lo que ocurre en su patria desde el otro lado del continente.
Ana Marcela, ¿por qué elegiste a México como tu hogar?
Bueno, son muchas circunstancias. Uno no elige migrar, ya que esto no siempre es algo fácil. Yo vine a hacer mi estancia doctoral en la UAM Xochimilco, en el Programa de Infancias y me quedé seis meses estudiando. Hice mi doctorado hablando de la reducción de la carga penal de uso punitivo y llegando aquí me enamoré de México, luego me enamoré de un mexicano, y las cosas así son en la vida.
Entonces volví a Brasil para terminar mi tesis y después regresé acá a vivir, a intentar un post doctorado, también regresé a disfrutar el amor y esas cosas.
Tú te reconoces como una militante de izquierda, ¿cómo realizas tu militancia aquí en México siendo brasileña?
Yo comencé mi militancia de izquierda desde lo estudiantil, aprendiendo de la teología de la liberación, y más tarde con movimientos sociales como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), que es uno de los más importantes de América Latina.
Ahí empezó todo, yo me reconocí como latinoamericana, aunque sé que Brasil luego se aleja un poco por la lengua porque hablamos portugués allá pero también por ser un país continental. Sin embargo, al estar con las bases de los movimientos, fue que me hizo sentir que mi país era una parte de una nación mucho más grande, así adquirí un sentido de pertenencia latinoamericana.
Acaban de pasar hace unas semanas las elecciones presidenciales en tu país, ¿cómo tomaste estos primeros resultados con lo que pasó con el triunfo momentáneo de la derecha de Flávio Bolsonaro?
Es importante decir que a pesar de que nosotros estamos lejos de nuestro país, siempre nos encontramos atentos a lo que pasa allá. Aquí en México hay muchos brasileños y muchas brasileñas de izquierda, y nos da desesperación y miedo de no estar allá, ya que no hablamos de unas elecciones comunes.
En nuestra América, los últimos dos países que están con un gobierno de izquierda, o de centro izquierda democrática, son México y Brasil. Estamos en un momento crucial de la historia mundial y de nuestra región. La intervención de Trump, al ser muy amigo de la familia Bolsonaro, es muy evidente. Eso nos desespera mucho porque no es una lucha de izquierda contra derecha, es demócratas contra el fascismo lo que está ocurriendo hoy en día.
Estando lejos de tu patria, ¿cómo percibiste esta tercera administración del gobierno de Lula da Silva? ¿Consideras que el desempeño de su gobierno hace justicia a lo que fueron los resultados electorales en la primera vuelta?
Definitivamente no, pero creo que es importante contextualizar para quien no sea de Brasil. En 2023, ocurrió un intento de golpe de Estado con la depredación de nuestras instituciones nacionales: el Supremo Tribunal Federal y la Cámara de Diputados que está en Brasilia.
Con Bolsonaro, los pueblos originarios sufrieron un genocidio, hizo que la selva del Amazonia fuera devastada, disminuyó todas las instituciones sociales, minó el poder popular, y con el COVID fue lo peor. En Brasil murieron 700 mil personas de COVID, por eso lo llamamos genocida, porque era anti vacunas, y por ello murió mucha de la población.
Derivado de ello, en Brasil había una crisis institucional, y por eso la gente eligió de nuevo a Lula. Tomó posesión en enero, cuando los golpistas depredaron nuestras instituciones, y desde entonces, hay una falsa relación, en la cual popularmente se dice que el Supremo Tribunal Federal es lulista, lo que es una gran mentira.
Entonces, lo que pasó en la primera ronda de las elecciones es que no hubo debate público sobre las propuestas de los candidatos, lo que hubo fue una acusación de que el Supremo Tribunal Federal es corrupto. ¿Y si el Supremo Tribunal Federal es corrupto? Ah, entonces Lula es corrupto, lo que no tiene nada que ver. Incluso, Alexandre de Moraes, que fue una persona que luchó contra el golpe de Estado de 2023, es una persona de derecha, nunca la izquierda lo contempló, pero los conservadores intentan hacer ese enlace entre Lula y él para atacarlo.
Presenciamos en las campañas propagandas que son equivocadas, hay un montón de fake news hechas por el fascismo. A ello se suma que Meta nos está censurando y eso es muy importante que se diga porque nuestras redes de la izquierda no tienen el mismo alcance que las redes fascistas. El Tribunal Superior de Justicia Electoral está en las manos de una persona cercana a Bolsonaro, ya que él lo puso ahí. Él está censurando nuestras redes, junto con Meta, porque son los grandes medios hechos en Estados Unidos, por millonarios que siguen a Trump.
Hoy, en Brasil, nuestros medios están siendo censurados y a pesar de que vamos en contra de todos esos poderosos, nos fue bien en las elecciones. Disputamos las elecciones contra un poder muy grande, de las grandes corporaciones y también del intento de Estados Unidos de meter las manos en nuestras tierras raras que tenemos, por eso la familia Bolsonaro quiere regalarlas y es contra eso que estamos luchando.
En Honduras, Colombia y Ecuador, los candidatos de izquierda coincidieron en que hubo una injerencia en sus países por parte de Estados Unidos dentro de su proceso electoral. En Brasil, lo estamos viendo también, por lo que me comentas con Meta, ¿en qué otros factores estuvieron presentes para decir que hubo una injerencia que pudiera derivar en inclinar la balanza en favor de Bolsonaro?
Una parte de la familia Bolsonaro está en Estados Unidos. Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos, está trabajando justamente con el gobierno de allá para regalarles el país. Es muy triste como hay compatriotas brasileños que traicionan a nuestra patria, por eso para Trump y para toda esta gente que está con él, es muy importante que Bolsonaro gane.
A través de Meta que tienen Instagram, Facebook y Whatsapp, pueden censurar y decir: “esto es un problema técnico”, cuando en realidad sabemos que no es así, sino una cuestión política. Flávio Bolsonaro ya fue muchas veces a Estados Unidos y tienen una articulación del fascismo mundial.
La familia Bolsonaro, que es miliciana de Río de Janeiro, tiene una historia de mucha corrupción. Es muy interesante saber cómo la derecha acusa que la izquierda es corrupta, cuando Bolsonaro padre tiene todo ese historial.
Si hablamos de ellos nos referimos a gente corrupta, fascista, y que además quiere entregar nuestras tierras y terminar con nuestros derechos. Es prácticamente un Trump brasileño, por eso le han puesto mucha inversión de dinero en la articulación internacional y son esas grandes corporaciones que quieren nuestras tierras raras, nuestra Amazonía, nuestra agua, nuestro petróleo y todo lo más que Brasil puede dar.
Has hablado de injerencia de Estados Unidos, sin embargo, también hubieron otros factores que derivaron en los resultados de la primera vuelta, como fue el caso de la influencia de la derecha a través de las iglesias evangélicas, ¿cómo consideras que influyó esto durante la contienda?
Esa pregunta es muy importante. El fascismo está haciendo su trabajo de base desde hace mucho tiempo, agarrando instituciones cristianas para llegar a la gente pobre. Eso es un proyecto. No estamos en contra de ninguna religión, solo que los líderes de varias de ellas están poniendo ciego a su pueblo, “poniendo ciegos a sus ovejas”, como ellos dicen. Les ofrecen una idea de Dios a través del dinero, es una idea de Jesús a través de la prosperidad.
Es algo que comenzó en Estados Unidos, por ahí de los años cincuenta, pero con los pastores, que estaban ahí con los dictadores, y la idea que les metían de “yo voy a ser próspera porque soy de Jesús”. Ellos son los que están en contra de la teología de la liberación en nuestra América y del pensamiento de que la justicia social tenía que ver con Dios y con el amor. Sin embargo, esas iglesias de hoy en día están creando otra verdad. Dan la idea que, si tú tienes dinero, es porque Dios te quiere, es porque tú estás haciendo algo bueno.
Entonces, la religión es muy importante y es muy triste como agarran la fe sincera de los pueblos y la manipulan porque el templo también es un espacio comunitario. Por eso yo creo que la izquierda necesita mucho de repensar y escuchar.
El pueblo está ahí y nosotros tenemos que ver qué podemos hacer. Vemos que el pueblo se ilusiona con esa idea de que esa riqueza es la verdadera, cuando incluso, si nos remitimos a las enseñanzas de Jesús, él no dice nada de eso, habla de justicia social, de amar al prójimo, de la fe en Dios, etcétera.
Recientemente se aprobó la reforma del 6×1 para reducir la jornada laboral a 40 horas semanales, ¿alcanzará con esta reforma laboral para convencer a un electorado que no estaba convencido completamente de dar su voto a Lula?
Es muy importante hablar de la reforma del 6×1. Nuestra constitución en Brasil es de 1988, después de 21 años de dictadura. No obstante, ese es el primer avance en casi 40 años y es un triunfo que vino desde la base.
Rick Azevedo, que es un diputado federal de allá, trabajaba en una farmacia y fue él quien empezó un movimiento que se llama Movimiento VAT o Vida Além do Trabalho (Vida Además del Trabajo). Él, junto con Erika Hilton, que es una mujer transexual y diputada, fue la mujer más votada de Brasil y también fue trabajadora sexual. Ambos fueron los que llevaron todo el movimiento de Vida Además del Trabajo.
Entonces, Lula por ser de izquierda también agarró eso y en este momento específico, que es cuando el pueblo tiene más poder, ya que son las elecciones y es cuando podemos hacer más presión popular porque después, con esa democracia representativa que tenemos, los elegimos y ya no trascienden las cosas. Al final, es una democracia burguesa y que muchas veces no nos representa, ya que no nos deja garante nada.
Es muy importante decir que Erika Hilton y Rick Azevedo, personas que son negras, uno es gay y la otra es transexual, estuvieron en trabajos deshumanizantes y fueron ellos quienes empezaron este movimiento y gracias a eso Lula pudo escuchar también la voz del pueblo.
Hoy, el 80% de la población brasileña está a favor de esta ley.
Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, decía que a la derecha se le juzga por no hacer nada, mientras que a la izquierda se le cuestiona por no hacer lo suficiente, sin embargo, el peor juicio cae sobre los segundos al momento de acudir a las urnas. ¿Esta realidad podría recaer sobre Lula?
Yo creo que tenemos chance. Es importante decir que Flávio Bolsonaro ya está negociando con los empresarios para que en caso de ser electo poder derrumbar la ley del 6×1 o, en su caso dado que es una reforma popular, va a intentar establecer que el jefe pueda negociar las horas de trabajo. Él miente todo el tiempo porque cuando está con el pueblo dice que está a favor de la reforma de la jornada laboral pero cuando está con los empresarios, que son los que influyen con su dinero, dice que está a favor de que el trabajador negocie con el jefe.
Estamos ahora en un momento de la vida por el voto, es como un cambio de vidas por medio de los votos. Hay una intervención también en el día de las votaciones mediante filas gigantes, cambios de lugar en las votaciones, tenemos la urna electrónica que es uno de los aparatos más modernos para la votación y es súper transparente, y aun así ellos están tratando de que la gente no vaya a votar.
Por todo eso, 30 millones no fueron a votar y es con esos brasileños que estamos hablando en las últimas dos semanas porque no es sobre que te guste Lula, no es sobre amarlo o ser petista, estamos hablando de estar a favor de la democracia. De un lado está una persona de centro izquierda que está más a favor de los pobres, pero del otro lado está el fascismo. No son dos extremos, uno es centro-izquierda, el otro es extrema-derecha, así que no estamos hablando con dos extremistas.
Con esos 30 millones de brasileños que no fueron a votar estamos súper enfocados en las redes sociales, hay ahora canales como el “ejército de Lula”.
Ahí estamos nosotros durmiendo mal, preocupados, pero hay trabajo que hacer en las redes sociales, haciendo el intento de argumentar con las personas que podemos entender que no les gusta Lula, pero no es sobre él, es acerca de lo que representa Bolsonaro, que es el neofascismo y sobre la lucha por tener un lugar democrático para sobrevivir.
De ganar Fálvio Bolsonaro en esta segunda vuelta, ¿qué riesgos se enfrentan en la conquista de derechos, en los riesgos del medio ambiente y también con la soberanía nacional?
Es asustador porque son personas que nunca trabajaron en la vida, pues siempre tuvieron alianzas con lo peor de la humanidad, con los peores criminales de Brasil, porque cuando pensamos en delincuentes pensamos en las personas pobres, pero los grandes ladrones son los ricos que tienen el poder, y esa gente está involucrada con la extrema derecha fascista internacional.
A ellos no les importa el país, aunque se dicen muy patriotas, pero en verdad les interesa el dinero. Ellos están involucrados en un escándalo, el mayor en el ámbito bancario de Brasil, que se llama el escándalo del banco Master, de Daniel Vorcaro, que hoy está preso. Tenemos audios, tenemos transferencias de dinero para la idea de una película, que en verdad no era un documental sobre Bolsonaro, sino que era una forma de desviar dinero de la gente que está pensionada.
Ellos crearon un mundo, como si fuera una realidad paralela, en sus grupos de WhatsApp, en Instagram, con ayuda de Meta y con mucho dinero, para hacer creer que eso es la realidad, cuando todo lo que dicen, o la gran mayoría, es una mentira.
Eso sí, ellos manipulan muy bien cosas de nosotros, de la izquierda, como el tema de la censura, y al decir que son fake news las acusaciones en contra de ellos. Ahora dicen que ellos están siendo censurados y no nosotros, dicen que nosotros estamos haciendo fake news y no ellos.
Hoy en día, la población necesita trabajar 14 horas al día para comprar su canasta básica, pero eso no aparece en los medios ni en el celular, entonces la gente piensa que actualmente está peor. Lula no es perfecto, ni va a ser un santo, pero están diciendo que en 18 años no hizo nada.
Brasil fue conquistado y colonizado en 1500, la izquierda sólo tuvo 20 años de gobierno. Todo lo restante no fue la izquierda. Es imposible cambiar un país y vaya que Lula hizo mucho. No olvidemos que Brasil es fundada en la esclavitud, en la muerte y en la explotación.
Yo que soy psicóloga, identifico que es una producción subjetiva, esto es producto de la explotación, así como lo es en Latinoamérica. Eso no se cambia en 20 años, son más de 500 años de explotación. Sí, hay cosas que no son lo mejor, pero Lula es un gran estadista. Él es un metalúrgico, un hombre que vino de la pobreza, no tiene un dedo, no sé si saben por qué, pero lo perdió en un accidente de trabajo. Eso no es cualquier cosa, es la primera vez que un trabajador llega al poder, eso hace que la derecha y los ricos nos odien mucho, porque estamos llegando a ser diputados, como lo fue Marielle Franco, estamos siendo doctores, estamos alcanzando lugares que eran de ellos, y por eso nos odian. Detestan que podamos estar aquí platicando, que estemos en la universidad, que debatamos con ellos en sus lugares.
Es un odio a la clase trabajadora lo que se vive, solo que ellos se ponen las mascarillas con la gente para disimular que no.
¿Qué otro factor debería considerar Lula para poder revertir los resultados en la segunda vuelta de las elecciones en Brasil?
Ya volvimos a las calles, no sé si ustedes lo han visto, porque en Meta en Brasil no lo están difundiendo, pero estamos haciendo marchas enormes en ciudades importantísimas.
El pueblo volvió a la calle y fue para decir que la izquierda y la derecha estén juntas por la democracia. Estamos, ahora izquierda y derecha, demócratas, contra el fascismo que está presentándose. Entonces me parece que hay que entender que la gente no está en manos del PT o de Lula. La ley de los trabajadores para tener dos días de descanso tiene que ver con el pueblo, no solo fue Lula, tiene que ver con la gente en la calle, haciendo un movimiento.
Pienso que tenemos que hacer conciencia un poco, con los otros militantes, que es momento del poder del pueblo. Yo creo que el PT ya está cambiando un poco, Lula ya hace selfies, con todo y que él no tiene celular. Eso ya ha cambiado en la última parte de la campaña debido a una cosa importante, ya que Flávio Bolsonaro logró en la primera parte poner todo su enfoque en el Supremo Tribunal Federal, en escándalos.
No hubo debate electoral federal en la primera ronda y a eso se debió también que Lula perdió. Si hubiera debate, Flávio no hubiera ganado porque no tiene propuestas. Ahora estamos logrando poner en evidencia lo que representa su proyecto electoral para el país.
Estamos intentando mediante las redes sociales y saliendo a la calle como el acto que hicimos en el Monumento a la Revolución de mexicanos y brasileños con Lula porque de eso se trata, de hacer ruido con la cultura porque la alegría también es revolucionaria y nosotros en Latinoamérica somos pueblos alegres, creativos, de color, por lo que poner nuestra cara es mostrar lo que es Brasil y América latina, no lo que son esa gente que son puros blancos de corbata.
Esto es escuchar al pueblo y es también hablar a través de las redes sociales. Ni modo, hay que estar ahí contra la corriente. Así somos, así es la izquierda, vamos contra corriente y necesitamos hacer la diferencia y organizarnos con todo lo que tenemos en las manos.
¿Cómo ves a la comunidad brasileña en México, hacia qué lado podría inclinarse en esta segunda vuelta?
En México perdimos por cinco votos en la primera vuelta y vi que algunos fueron para otros partidos de izquierda más pequeños. Nuestra sensación es que en México podemos ganar ahora, pero somos brasileños muy diversos acá, hay quienes son empresarios, modelos, estudiantes de universidad, otros que están acá con su pareja.
Conocemos brasileños de izquierda que estamos organizados en el colectivo samba insurgente y en el colectivo Regina de Sena, y nos estamos reuniendo de nuevo para hacer la diferencia y nos da mucho gusto ser bien recibidos por ustedes aquí.
¿Qué mensaje le darías a las personas de tu país desde México ante la jornada del 25 de octubre en Brasil?
Primero diría que no son las elecciones que definirán todo, ya que desgraciadamente ya perdimos en la Cámara de Diputados y en el Senado, así que creo que estamos empezando un momento de lucha muy fuerte y es apenas el calentamiento de lo que vamos a pasar en los próximos años.
Siempre me acuerdo de los anteriores, de nuestros ancestros, ya que pasamos más de 300 años de esclavitud en Brasil, pasamos el genocidio contra los pueblos indígenas, pasamos por las dictaduras y tenemos hasta hoy gente que fue torturada como Dilma Rousseff, que está ahí en la lucha.
Para gente más joven que yo y para mi generación, creo que tenemos que aprender que nuestros pasos vienen de muy lejos. Estamos aquí porque hubo gente con una lucha muy antigua, la cual realizaron muchas veces con menos recursos que nosotros y trabajaron para que hoy podamos estar aquí hablando, peleando, formándonos e intentando alcanzar una vida más digna. No está en nuestra historia desistir.
El pueblo brasileño siempre fue un pueblo que luchó, así como el mexicano y en toda América latina, sino nosotros no estuviéramos aquí. Pienso que hay que inspirarnos en los más viejos, inspirarnos en nuestra historia, la cual siempre fue de lucha y resistencia.
Nos toca también intentar nuevas cosas, escuchar a los más viejos e intentarlo. Debemos tener presente que podemos ser alegres y que en colectivo somos más fuertes.















