#Opinión: La era del meta-periodismo

Vivimos una época bastante atípica, en la que el periodismo, otrora soslayado u obviado bajo la premisa de que el mensajero importaba menos que el mensaje, ahora se vuelve tema de debate y escrutinio.

Fotos: Especiales

Por Miguel Martín Felipe

RegeneraciónMx, 15 de enero de 2022.- Allá por 2014, que ahora se ve lejano, inicié la carrera de periodismo en medio de uno de los panoramas más oscuros que se han vivido recientemente. Durante mi primera semana de clases acaeció el infame hecho de los 43 de Ayotzinapa. El esquema de los medios tradicionales no había sido aún sacudido como lo fue en años posteriores por las redes sociales, por lo que la penetración de éstas era muy poca. Así, la magnitud de dicho acontecimiento no tuvo la repercusión que hubiese merecido tal agravio en contra del pueblo.

Desde entonces hubo una interesante alza del hartazgo social, al tiempo que las redes sociales se volvían cada vez más parte de la vida cotidiana y poco a poco se insertaban en la agenda nacional. Incluso, dentro de la carrera de periodismo, los programas contemplaban muy pocos artículos o estudios relacionados con el ámbito de las comunicaciones cibernéticas masivas. Aún me tocó estudiar las teorías de la comunicación como el gatekeeping, la hipodérmica, el feedback, el agenda setting y otros conceptos que han sido modificados en su esencia dentro del nuevo paradigma, mientras que otros incluso ya simplemente perdieron vigencia.

Desde mediados de 2017, sin método, sin bagaje cultural, con un lenguaje francamente limitado, pero con tesón y tal vez motivados por el hartazgo social que llegaba a masa crítica para esos momentos, surgió en YouTube una pequeña caterva de ciudadanos audaces que comenzaron a hacer algo simple, pero que tal vez definió en gran medida el desenlace de todo ese proceso: dar a la Campaña de AMLO un seguimiento que en los medios tradicionales simplemente era impensable. Asimismo, y en amalgama con Twitter, se desmentían puntualmente las fake news que se trataban de sembrar artificialmente en todas las redes sociales por parte de empresas especializadas en ello, a su vez a pedido de los contrincantes de quien hoy es el presidente de la República.

Desde entonces vivimos una época bastante atípica, en la que el periodismo, otrora soslayado u obviado bajo la premisa de que el mensajero importaba menos que el mensaje, ahora se vuelve tema de debate y escrutinio. En este nuevo statu quo, toman relevancia portales como Sin Censura, Sin Embargo, RegeneraciónMX o Contralínea, donde, ya sea en sus modalidades escritas o audiovisuales, se planta cara a la tibieza o franca hipocresía de los medios corporativos, los cuales han cerrado filas con los poderes empresariales asociados a la oposición.

En los tiempos que corren, resulta muy relevante hablar sobre medios, periodistas y líneas editoriales. Se han socializado conceptos que antes eran propios de ciertos círculos y se está bajo escrutinio en todo momento a la hora de llevar a cabo este oficio tan querido para mí.

En tiempos del antiguo régimen, hubiera sido impensable siquiera el que se hiciese una mesa de debate en la que el tema principal fuera discutir qué medio o periodista ha mentido y con qué fin. El periodismo estaba revestido de un prestigio incuestionable, puesto que solo existía la voz de aquellos medios corporativos que clamaban a los cuatro vientos que su información era veraz y oportuna.

El presidente AMLO ha metido en debate público el término ‘chayote’. Y mientras los periodistas corporativos, antes encumbrados, hoy proscritos, se rasgan las vestiduras cuando se les menciona con nombre y apellido como mentirosos, el ganador de este río revuelto es el pueblo, pues la capacidad crítica y la politización florecen y en una época en que el orden mundial dotó a todos de dispositivos para entretenerse, pero resulta que en México están siendo usados para politizarse y para volverse cada vez más desconfiados del arquetipo de periodista que se nos vendió por años.

Se viven tiempos extraños, pero muy buenos para ejercer un periodismo congruente y con conciencia social.

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México celebró a David Bowie: Crónica de un inolvidable concierto de homenaje

El proyecto ‘Celebrating David Bowie’ lleva ya más de un año girando, congregando en torno a la figura de ‘El Camaleón’ a músicos que lo acompañaron en vida. Así fue en México.

Fotos: Especiales

Por Miguel Martín Felipe Valencia

David Jones, la estrella

RegeneraciónMx, 15 de enero de 2022.- Las historias más entrañables están llenas de metáforas, simplemente no se puede evitar. El lenguaje lineal se ve siempre rebasado por las emociones que en vano intenta contener, y éstas encuentran cauce. La historia que nos ocupa se inicia con una metáfora, con una estrella que se apagaba en la tierra pero que ascendía al hiperespacio el 10 de enero de 2016. David Robert Jones, mejor conocido como David Bowie, consumaba la anomalía espacial que su vida entera constituyó, y se convertía en un auténtico mito de la era moderna.

Celebración

El proyecto ‘Celebrating David Bowie’ lleva ya más de un año girando, congregando en torno a la figura de ‘El Camaleón’ a músicos que lo acompañaron en vida; en estudios y en escenarios, como Mike Garson, quien fuera el mítico pianista del proyecto Ziggy Stardust and The Spiders from Mars allá en los lejanos años 70. El mismo Garson funge como director musical de una serie de conciertos que brinda acompañado de una banda integrada por Earl Slick y Gerry Leonard en guitarras, con la estética Bowie presente incluso en la vestimenta, Carmine Rojas al bajo y Lee John Madeloni en batería. Todos ellos actuaron junto a Bowie en distintos momentos de su carrera.

Un grato descubrimiento fue el talento de la guatemalteca Gaby Moreno, quien también aparte de coros y guitarra acústica, ejecuta canciones de alta exigencia vocal. Una digna sucedánea de Gail Ann Dorsey.

Puntualidad inesperada

Siendo las 20:56 del 1 de marzo de 2018, el Plaza Condesa, recinto ubicado en la Ciudad de México, se mantenía expectante. Justo entonces, Mike Garson saludó, se sentó al piano y comentó ante el micrófono, que, aunque acababan de tocar el día anterior en San Francisco, tratarían de hacerlo lo mejor posible en esta ocasión. Cuánta modestia, y lo digo con sinceridad.

Con acordes suaves de piano, Garson dio entrada a uno de los indiscutibles reyes de esa noche: Bernard Fowler, quien, con la potencia de su voz creó rápidamente atmósfera interpretando Bring me the disco king, para después pasar a inyectar energía con riffs inconfundibles y fraseos salvajes de tres piezas emblemáticas: Rebel rebel, Moonage daydream y Fame.

Continuaba la descarga

Desde la última pieza interpretada por Fowler, se había integrado como corista de apoyo Juan Manuel Torreblanca, el músico vanguardista mexicano. Fue él mismo quien interpretó pulcramente Changes, cerrando con una floritura mexicana: “¡un aplauso para la banda más chingona!”. Cuceb Piloto, de la banda Miró, le hizo los honores a Space oddity. Y completando el trío de rockeros mexicanos, Alfonso André, baterista de la mítica banda Caifanes, entregó una bella versión de Starman.

Por fin explotó en el Plaza la voz de Gaby Moreno al interpretar Under pressure a dúo con Bernard Fowler, como lo hicieran en su momento Bowie y Freddy Mercury. Fowler siguió enrachado con Stay, Moreno con Five years y Rock n’ roll suicide, mientras que Fowler cerró la sección con Station to station.

Había manos en alto, gritos, mucho baile y mucha cerveza. Las luces del escenario, predominantemente purpúreas, y los acordes tan depurados que prodigaba Gerry Leonard, hacían parecer que en cualquier momento emergería una figura espigada de impecable traje blanco y cabello de algún color por adivinar, entonando un potente canto de amor hacia las estrellas. Físicamente no sucedió, pero es innegable que el espíritu de David Bowie estaba ahí disfrutando tanto como los presentes.

Sentidos tributos

Cuceb Piloto, a quien un brazo en cabestrillo no restó ni movilidad ni talento, hizo gala de ambos entregando una enérgica y digna versión del soul Young Americans. Volvieron Moreno y Fowler. Bernard primero interpretó el imperecedero hit Let’s dance, mientras que Gaby ejecutó Aladdin Sane, dando paso a un inspirado Mike Garson, quien prolongó la pieza en un frenético y magistral solo de piano. La dupla antes mencionada se enlazó en la interpretación sublime de Wild is the wind, que Bowie inmortalizara como cover en 1976.

Volvió Alfonso André para plasmar otro emblema sonoro: Ziggy Stardust. Fowler cerró el ritual del primer set previo al descanso con Suffragette City, sin perder un ápice de vitalidad, que no es poca cosa si recordamos que antaño debía seguirle el ritmo a Mick Jagger en los escenarios.

Apegados a la tradición

El escenario vacío y oscuro, las emociones a tope y clásico grito que clamaba por “¡otra!”, fueron suficientes para que Gerry Leonard entregara una versión de la satírica Andy Warhol con arreglos suyos, incluyendo sampleos programados en tiempo real con los que se erigió por un momento en hombre orquesta, levantando enorme ovación.

Garson volvió a sentarse al piano, mientras que Gaby Moreno tomó el escenario nuevamente. Interpretaron Life on Mars, la intensa balada que Bowie convirtiera en uno de sus puntos álgidos en vivo.

Y con solemnidad, pero con el rock como bandera ondeante e imperecedera, Bernard Fowler interpretó Diamond dogs, para luego cerrar con la siempre épica y atemporal Heroes.

La reverencia de los músicos y sus agradecimientos sinceros a la entrega del público, fueron el cierre de esta celebración. El plantel disminuido con respecto a otras locaciones no desmereció en lo absoluto. La pasión que se logró fue suficiente para evocar el espíritu de uno de los creadores más grandes de la historia reciente.

La actualidad de lo bello

Hans-Georg Gadamer, filósofo alemán, decía que la fiesta es un alto en nuestras vidas, cuando se detiene el tiempo para apreciar la belleza y lo que es diferente. David Bowie supo congelar el tiempo por décadas en una burbuja de lo estético; de imagen, luz, sonido; sin distinción de género, espacio ni tiempo. Sin lágrimas, asistimos a las honras funerarias ideales para cualquier alma sensible, nos asomamos por un momento a ese mundo de amor, personajes fantásticos, alter egos definitivos uno detrás de otro, y la posibilidad de ser héroes, aunque sea por un día.

La obra de David Bowie se seguirá celebrando aquí y donde sea, porque, como también lo dijo Gadamer, la experiencia desborda a la palabra.

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#Opinión: El vacío más preocupante

Chumel Torres consiguió justo lo que quería: enardecer a las redes, despertar la indignación de los aludidos y las reivindicaciones de muchos de sus seguidores.

Foto: Especial

Por Miguel Martín Felipe

RegeneraciónMx, 08 de enero de 2022.- Ya se ha hablado en estos mismos textos acerca de la urgente politización que se necesita en toda sociedad moderna. Sin caer en clichés, podemos afirmar que la política está presente en todo, pese a que la tendencia de la industria cultural a nivel mundial sea ocultarla o desdeñarla.

En días recientes pudimos ver una muestra de que, uno de aquellos influencers a quienes el establishment (el mercantil, que es el genuino por encima del político) coloca como puntas de lanza para delinear la opinión de los sectores más desinformados: el siempre infalible Chumel Torres, que ha logrado levantar ámpula en la opinión pública condensando en un solo tuit toda una declaración de principios que los retrata de cuerpo entero a él y a sus seguidores. Torres publicó una imagen con el primer plano del personaje de una reciente película de Disney hecha en animación CGI. Se trata de una niña llamada Mirabel, que tiene 15 años y es colombiana. Estos datos son relevantes para entender mejor la imprecisión y la visceralidad de Torres, quien acompaña la imagen de la joven sonriente con la frase: “Cómo supiste que voté por Andrés Manuel López Obrador?!?”.

Foto: Twitter Chumel Torres

Resulta muy evidente que el ingeniero devenido en influencer y opinador político casual quiere reducir la simpatía por el presidente a un asunto de raza, con el cual incluso retrocede varios siglos atrás, tratando de relacionar el color de piel con la capacidad intelectual, a su vez bajo el supuesto de que sólo los tontos votan por la izquierda.

Chumel consiguió justo lo que quería: enardecer a las redes, despertar la indignación de los aludidos y las reivindicaciones de muchos de sus seguidores que enarbolan la bandera de una muy pobre emulación del humor gringo más cínico.

Sin embargo, hay otra interpretación que se ha escapado a diversos análisis. Más allá de que tuvo una calidad regular, en la película Encanto trasluce el espíritu de Gabriel García Márquez, más concretamente de Cien Años de Soledad, donde se funda un pueblo alrededor de una familia desplazada por un conflicto inicial, y sus integrantes son los personajes más ilustres del pueblo gracias a sus peculiaridades. Otra similitud es que el destino de la familia está predeterminado. El mágico caribe colombiano con su colorido selvático, sus ritmos y sus sabores se ven plasmados en una obra audiovisual bien lograda en este aspecto.

Tal vez las referencias más obvias sean las mariposas amarillas y la preeminencia de la figura matriarcal como eje de la historia familiar. ¿Pero saben qué es lo más lamentable? Que todas estas referencias pasan desapercibidas y son desplazadas por una profunda vacuidad en el debate impuesta no sólo por Torres, sino por toda una generación que se presupone con la agudeza, inteligencia y nivel de análisis necesarios para realmente tomar las decisiones que le den rumbo al país. Se logra ver en nuestra realidad actual, no sólo a nivel nacional, sino mundial, que la industria del entretenimiento está teniendo una influencia muy fuerte en ciertas franjas de la sociedad que adoptan una idea de inteligencia solamente basada en la abundancia de léxico que proveen los verborreicos diálogos de las series y películas de la oferta en streaming.

Mientras algunos procuramos elevar el nivel del debate al abrevar en la mayor cantidad de fuentes posibles para analizar el acontecer actual del país y procurar que se logre un cambio profundo, atrás y a los lados se deja entrever una multitud de personas cuyos argumentos son el chiste rápido y ofensivo, el desdén por la política y una retorcida filosofía del carpe diem digital.

Episodios como este nos hacen ver que no podemos cejar en el empeño de politizar a la población. Ya no influye Televisa como antes, pero la invasiva industria cultural que se empeña en dejar cerebros vacíos es, sin duda, el enemigo a vencer ideológicamente en los años venideros.

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#Opinión: La rebelión de los ‘silviorrodriguistas’ trasnochados

Hay quienes pasaron décadas alzando la voz y clamando por un cambio, por una revolución a través de las ideas que llevara a un país de bienestar. Sin embargo, cuando llegó AMLO al poder no fue lo que esperaban.

Por Miguel Martín Felipe

RegeneraciónMx, 20 de diciembre de 2021.- En 1929 se fundó en México el Partido Nacional Revolucionario (PNR), a su vez emanado de la revolución mexicana, acaecida entre 1910 y 1920, pero basado en la estructura del Partido Bolchevique, triunfador de la revolución de invierno en Rusia, ocurrida en 1917.

En 1959 triunfa en Cuba la revolución liderada por Fidel Castro y Ernesto ‘Che’ Guevara. Lázaro Cárdenas, quien había gobernado México de 1934 a 1940, como expresidente fijó su posición en favor del movimiento libertario cubano, pero fue hecho callar por la cúpula de su partido, que en 1946 cambió su nombre a Partido Revolucionario Institucional (PRI) y conservó la palabra mágica, pero se alineó más que nunca a los intereses de Washington, que, según su narrativa, había ganado la Segunda Guerra Mundial.

Foto: Especial

Así pues, la revolución fue un reclamo publicitario muy presente en diversas corrientes políticas. Bien sabido es que el PRI se convirtió en un cáncer corporativista que enfermó de desigualdad e ignorancia al país de manera muy profunda y solo reversible a muy largo plazo.

Pero, así como el PRI institucionalizó la revolución hasta el grado de convertirla en un significante vacío, como lo escribiera Antonio Gramsci, hubo una corriente muy influida por la ideología marxista, por la revolución cubana y en menor medida por próceres de la revolución mexicana. Se trataba de grupos de jóvenes que pasaron por diversos episodios de disidencia y cuyo semillero eran las universidades públicas: el Politécnico (fundado en 1936 por Lázaro Cárdenas) y la UNAM (fundada en 1910 por Justo Sierra), con modelos educativos basados en el materialismo dialéctico marxista.

Las generaciones de jóvenes revolucionarios mexicanos de la segunda parte del Siglo XX le plantaron cara al régimen de la “familia revolucionaria”, que en muchas ocasiones mostró su cara más cruel y represiva. Destacan los episodios de la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 y el ‘halconazo’ el 10 de junio de 1971. Diversos ideólogos destacan de toda esa época en que las canciones de Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Pablo Milanés, Víctor Jara, León Gieco y Óscar Chávez, entre otros; eran el soundtrack de las movilizaciones sociales que buscaban mayor respeto a sus garantías, mientras que en 1988 llegó el momento culminante para toda esa generación, en aquel ascenso de la izquierda al poder que el PRI impidió con un ‘golpe de autoridad’ llamado fraude.

Foto: Especial

Toda esa época no se entendería sin nombres como Arnaldo Córdova, Roger Bartra, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Rafael Sebastián Guillén Vicente (mejor conocido como el subcomandante Marcos), Elena Poniatowska y muchos otros nombres importantes, que, sobre todo en la última fase de la hegemonía priista, fueron claves para ejercer un contrapeso ideológico desde distintas trincheras.

Ahora bien, los nombres mencionados en el párrafo anterior tienen en común (salvo por Arnaldo Córdova, pues quien encaja en el modelo es su hijo Lorenzo) que se la pasaron durante décadas alzando la voz y clamando por un cambio, por una revolución a través de las ideas que llevara al país a un verdadero estado de bienestar. Sin embargo, resulta que cuando llega AMLO al poder no es lo que esperaban. Pareciera que cuando nosotros, el pueblo “ignorante”, dimos portazo e irrumpimos en los grandes salones de la revolución, otrora reservados para aquellos que eran ricos y cultos, y pese a eso (o gracias a eso) elegían la izquierda; se sienten poco menos que ofendidos, y prefieren incluso criticar al presidente, compararlo con Hitler e incluso operar políticamente en su contra desde dentro de Morena.

Foto: Presidencia de la República

Hoy más que nunca, el país está en manos del pueblo. El siguiente paso es la construcción de un nuevo discurso cultural incluyente para que seamos el pueblo sabio que estamos llamados a ser dentro del contexto de la sociedad del conocimiento.

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#Opinión: La antipolítica es el camino

Miguel Martín Felipe

Regeneración Mx, 13 de diciembre de 2021.- Ya hemos hablado en estos espacios de una oposición de derecha que hace gala de su chovinismo envolviéndose en la bandera tricolor a la hora de atacar al presidente, pero que también se envuelve en banderas tan peligrosas como el clasismo y el racismo para denostar a quienes consideran “chairos”. Sin embargo, todo esto se circunscribe al guion de la política mexicana hegemónica, que de las últimas dos décadas para acá, se ha vuelto corporativista a más no poder.

Desde otras latitudes han permeado poco a poco influencias que pretenden, al menos en el papel, abandonar los cánones de la política y sumirnos en una dinámica supuestamente innovadora y a la vez proveedora de todas las respuestas a las inquietudes sociales.

La antipolítica no es algo nuevo. De hecho, su antecedente más antiguo viene del siglo XIX en Europa, donde algunos grupos organizados de revolucionarios retomaron las ideas de Mijaíl Bakunin y Pierre-Joseph Proudhon, a partir de las cuales afianzaron que cualquier Estado sería dominado inevitablemente por una élite política y económica, por lo que, en un cierto alarde de nihilismo, se rechazaba a priori la utilidad del Estado y de sus instituciones, al tiempo que se despreciaba la democracia por considerarla una farsa que finalmente llevaba solo a beneficiar a las élites.

Como un antecedente más de los antipolíticos, de los cuales, muchos de ellos se dicen “liberales”, tenemos la revolución francesa (finales del siglo XVIII), cuyo principal objetivo y legado fue acotar a la iglesia y eliminar a la monarquía para instaurar una genuina democracia. El neoliberalismo (años 70) actualizó esta visión y convirtió al Estado en objeto de otra suerte de revolución tendiente a reducirlo a su mínima expresión en favor de la libre empresa.

La antipolítica actual se basa en que la política como la conocemos es algo obsoleto e ineficiente. Las figuras autodenominadas como liberales dominan la red esparciendo el mensaje de que la clase política, pero en especial la de izquierda, es algo que debiera desaparecer de una sociedad que se precie de ser inteligente, lo que sea que eso signifique. Es así como figuras prediseñadas a través de la academia y promocionadas a través del marketing de redes sociales pretenden erigirse en nuevos teóricos que no paran de citar a toda una caterva que va desde Maquiavelo o John Locke hasta Milton Friedman o incluso a Gene Sharp, teórico y artífice de golpes blandos en países del tercer mundo, muy seguido por Gilberto Lozano, el principal representante de la ultraderecha corporativista mexicana. Nicolás Márquez, Agustín Laje, Gloria Álvarez y Javier Milei, a fin de cuentas, forman parte del mismo entramado. La muestra está en la reciente elección de este último como diputado en Argentina.

Y es que realmente no hay otra vía que no sea la propia política para implantar un gobierno, sin importar su ideología, incluso si esta aberra del sistema, sus procesos y rituales. El target de los antipolíticos es el sector menos politizado de la sociedad, donde la industria cultural se ha encargado de inyectar, como lo hizo ver el comunicólogo Laswell en su teoría de la aguja hipodérmica, el mantra de que “todos los políticos son iguales” y que hace falta alguien “fresco” como Samuel García, “valiente” como Lilly Téllez, “preparado”como Ricardo Anaya o “sofisticado” como Gabriel Quadri. Sí, el nivel es sumamente bajo. Los que se acercan a Laje y compañía en México no dejan de ser entertainers mediáticos.

Sin embargo, no nos debemos confiar. Se libra a diario una importante batalla de las ideas. Siempre debemos de estar a la altura para lograr un cambio profundo que implica una nueva sociedad despierta y muy atenta para rechazar a los embaucadores.

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#Opinión: Primo Levi: el suicidio de un optimista

#Opinión: Las fronteras de la realidad

Miguel Martín Felipe

Dicen los teóricos del periodismo, no sin cierta pompa, que quienes nos dedicamos a este oficio reinterpretamos la realidad para el gran público. Sin embargo, y evocando a Borges, la realidad puede ser un jardín de senderos que se bifurcan o una biblioteca interminable.

El panorama político de México se distinguía por ser un mar de aguas sumamente tranquilas. El régimen neoliberal se concentró en mantener siempre vigente y saludable a una industria cultural encargada de crear la percepción generalizada de que la política era algo aburrido y que era mejor sustraerse de la realidad a través de las múltiples opciones de entretenimiento barato que había a nuestra disposición.

Por otro lado, los comunicadores afines al régimen, aquellos a quienes ahora se les nota mucho más el plumero corporativista, se presentaban como afables y diligentes trabajadores de los medios que se sacrificaban por nosotros al sumergirse en las oscuras aguas de la política y nos presentaban información ya digerida, entendible y en la medida necesaria para no aburrirnos.

Estamos ya francamente dentro de un nuevo paradigma, en que la ciudadanía busca por sí misma la información de manera incansable e irrestricta; tiene la facultad de cambiar sus fuentes de información si así lo desea, y aberra de los corporativistas.

Una muestra más palpable de este nuevo contexto social es el evento que congregó después de dos años a la población simpatizante del presidente AMLO en el Zócalo de la Ciudad de México el pasado 1 de diciembre. Poco se puede decir al respecto del pletórico evento. Sin embargo, vale la pena reparar en la serie de maromas que la oposición y la prensa corporativista intentaron para minimizar o descalificar la inequívoca popularidad del presidente.

Foto: Andrés Manuel López Obrador Twitter

Nombres como Denisse Dresser, Carlos Alazraki, Damián Zepeda, los Pedros Ferriz y muchos otros; son posicionados sistemáticamente en medios tradicionales y redes sociales dando su opinión para minimizar o de plano repudiar la ingente manifestación popular en favor del presidente. Solo Reforma supo hacer un movimiento que causa revuelo en la opinión popular y desvía la atención hacia la contienda de 2024. Publicaron al día siguiente del evento en el zócalo una encuesta que pone como punteros a Ebrard y Sheinbaum, al tiempo que involucra a Colosio hijo.

¿Dónde empieza la realidad y dónde empieza la narrativa tendenciosa? ¿Podremos realmente emanciparnos de la prensa corporativista?

Una verdadera sociedad de la información no es aquella que se encuentra bajo constante bombardeo de contenidos inabarcables, sino aquella en donde se ha desmitificado a los encumbrados de los medios, se ha identificado lo contrapuestos que están el corporativismo y la lucha social, y no se muerden anzuelos como el que ha tirado Reforma.

Si la atención se desvía hacia el morbo que genera conocer al sucesor de AMLO, tal vez no se pierda lo que hemos construido hasta ahora como sociedad, pero podría enturbiarse el panorama de tal forma que sería imposible construir más.

Asimismo, quisiera hacer la siguiente advertencia: ante la imposibilidad de vulnerar la  popularidad y la credibilidad del presidente, estrategia que ha sido un fracaso para los poderes fácticos, no descartemos que la nueva apuesta sea invertir en el futurismo.

Respondiendo a la pregunta planteada párrafos atrás, la realidad está aquí y ahora; no en la narrativa de los medios corporativos. Necesitamos seguir cultivando nuestra sensatez y nuestra capacidad de análisis para centrarnos en lo que nos trajo hasta este punto de la historia: la transición plural y pacífica del país hacia un régimen de paz y prosperidad igualitaria. No peleamos tanto por lo que tenemos ahora para desecharlo por caer en los vicios de siempre.

 

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#Opinión: ¿A qué sabe la soberanía?

Por Miguel Martín Felipe

Durante los gobiernos neoliberales hubo múltiples visitas de los presidentes mexicanos a Estados Unidos, así como asistencias a cumbres, encuentros y demás eventos diplomáticos, de los cuales, sin embargo, al menos en términos políticos, volvían con las manos igual de vacías que como habían llegado. Muchas veces eran meros pretextos para el turismo. Recordemos la icónica foto de Peña, Videgaray y Lozoya luciendo carísimos abrigos en el paisaje nevado suizo cuando asistieron al foro económico de Davos en 2014. Vicente Fox hacía recurrentes visitas a Estados Unidos con pretextos diplomáticos; ahora sabemos que utilizaba el avión presidencial para cargarlo de muebles y otros enseres de lujo, y así evitar declararlos en la aduana.

La percepción de Estados Unidos como una nación más soberana más respetable que México, y por lo cual había que rendirle pleitesía, se convirtió casi en un axioma, en un monolito irrompible de la diplomacia mexicana. Felipe Calderón hizo igualmente múltiples visitas a Obama y logró trazar con él una amistad que presume muy seguido.

Personajes como Gilberto Lozano, Mariana Gómez del Campo en su calidad de secretaria de asuntos internacionales del PAN, así como el propio Calderón y muchas otras figuras menos prominentes, han intentado trazar comunicación con Joseph Biden, actual mandatario estadounidense, con el fin de “alertarlo” sobre cuán malo es Andrés Manuel López Obrador para “el desarrollo de la región”, concepto medible en dólares. En otras palabras, y permítaseme la sorna, quieren contarle al presidente más informado del mundo y con espías infiltrados hasta en Saturno, cosas que -según ellos- ignora acerca de nuestro presidente, apelando siempre a la noción de autoridad que para ellos representa.

Todo esto responde a una tradición de presidentes agachones que acudían a postrarse ante sus homólogos percibidos como superiores, con los cuales era vital congraciarse y jamás importunarlos para mantener el estatus quo; o sea, las progresivas privatizaciones, la preeminencia del corporativismo y por supuesto, las prebendas para ellos y su grupo cercano a cambio de repartir el país a rebanadas.

El pasado 18 de noviembre, AMLO se plantó ante Joseph Biden y Justin Trudeau hablando de antecedentes históricos, de la autodeterminación de los pueblos, de la necesidad de seguir combatiendo la corrupción y de buscar un crecimiento conjunto en cooperación e igualdad.

Se acabaron los tiempos del turismo político. Ahora atestiguamos visitas puntuales para asuntos medulares, que son seguidas con atención por mexicanos territoriales y extraterritoriales; ellos con un tesón impresionante pese a los intentos de difamación. Los medios corporativos, al servicio de intereses que son un amasijo de políticos reaccionarios y empresarios sin escrúpulos, minimizarán la visita de AMLO y sembrarán en su target, los desinformados, los que perdieron privilegios y los promotores del odio racial y clasista; la idea de que a AMLO “nadie lo pela” y que pretende ir a “darle clases” a Biden, porque, como ya lo dije, consideran superior a este último, aunque no ostente los niveles de aprobación de AMLO e incluso aunque en el encuentro nocturno haya dicho que ya no se referirá a México como el vecino del sur, sino como su igual.

La forma en que AMLO se conduce en el ámbito internacional sin descuidar para nada la política interior, sin servilismos, sin temores ni autopercepciones de inferioridad; hace brotar de nuevo ese fruto dulce llamado soberanía, que se volvió amargo y se marchitó en episodios como el “comes y te vas” de Fox en el 2002. Mantengámonos informados y enaltezcamos nuestra mexicanidad seguros de que el águila real vuela cada vez más alto.

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#Opinión: AMLO en la ONU: La audacia de los imprescindibles

Por Miguel Martín Felipe

RegeneraciónMx.- Para mucha gente en México es novedad el hecho de que un presidente se muestre combativo ante los grandes poderes fácticos del orden mundial, entiéndase Estados Unidos y su imperio de transnacionales, que en conjunto prácticamente gobiernan el mundo.

Si bien se reitera en redes sociales la frase: “AMLO, lujo de presidente”, hay que señalar un hecho sin precedentes con impotencia muchos veíamos irrealizable: la socialización de la izquierda.

Los medios corporativos se encargaron durante muchas décadas de estigmatizar al progresismo, de convertir en tabúes los conceptos de socialismo y comunismo, así como de ridiculizar y estereotipar a los “rojillos” al retratarlos como hippies intransigentes que vivían fuera de la realidad.

Con el proceso electoral de 2018 vino una oleada de comunicadores que por iniciativa propia comenzaron a romper varios paradigmas. Tal vez el más importante fue la máxima de que, si algo era dicho por una persona blanca y de traje en un programa televisivo; o bien, por una voz elocuente y profunda en la radio; necesariamente tenía que ser verdad.

El fenómeno de los YouTubers 4T consistió básicamente en creadores de contenido que convirtieron la política en entretenimiento de masas con el sesgo de apoyo a AMLO y toda la esperanza que representaba. A toro pasado, y sin escandalizarnos, una crítica pertinente es que, al tratarse de pueblo llano y sin una metodología de las ciencias sociales, la política y el progresismo se convirtieron en un tema de moda, pero con muy poco contexto histórico. Muy probablemente, aquellos que han nacido al progresismo de la mano de estos presentadores, consideran que el presidente Andrés Manuel López Obrador es el primero que osa “regañar” a la ONU en su propia sede.

Sin embargo, quisiera recordar dos episodios a manera de antecedente histórico, uno más audaz que el otro. El primero es el discurso que Ernesto “Che” Guevara pronunció en el recinto de la ONU en 1964, en defensa de los países no alineados, del socialismo y por supuesto, de la revolución cubana, así como la denuncia de EEUU como nación imperialista:

“Esta disposición nueva de un continente, de América, está plasmada y resumida en el grito que, día a día, nuestras masas proclaman como expresión irrefutable de su decisión de lucha, paralizando la mano armada del invasor. Proclama que cuenta con la comprensión y el apoyo de todos los pueblos del mundo y especialmente, del campo socialista, encabezado por la Unión Soviética. Esa proclama es: Patria o muerte.”

Ernesto Guevara, 11 de diciembre de 1964

Asimismo, Hugo Chávez, con su característico arrojó hizo una proclama místico-religiosa para repudiar a George W. Bush en la propia tribuna de la ONU el 20 de septiembre de 2006. Al tiempo que se santiguaba y juntaba las manos a manera de plegaria, diciendo que ahí mismo había pasado “el Diablo el día anterior”, refiriéndose a Bush. Posteriormente tomó en sus manos el libro de Noam Chomsky Hegemonía y supervivencia y pronunció su discurso.

“Otro abuso y atropello, Señora Presidenta, que pedimos de Venezuela quede registrado como atropello hasta personal del Diablo, huele a azufre, pero Dios está con nosotros, un buen abrazo y que Dios nos bendiga a todos.”

Cdte. Hugo Chávez, 20 de septiembre de 2006

Claro que dar contexto histórico no demerita a AMLO. Al contrario, si en algún momento histórico ha habido las condiciones para que realizar los sueños de libertad y bienestar social que en otros casos han quedado truncos, me parece que es éste. AMLO tiene una determinación y osadía que nos hace echar mano de un cliché progresista infalible:

“Hay hombres que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”

Berthrol Bretch

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