Estado de México: la ciudad con el mayor número de crímenes del país

«En el Estado de México cientos de vidas terminan a diario en tragedia ante la complicidad o la incompetencia de las autoridades, más preocupadas por su futuro político que por responder a su primer deber, que es brindar seguridad a los ciudadanos»: Laura Rojas

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Regeneración, 06 de noviembre de 2016.- En su columna Ágora, en el periódico Excélsior, la escritora Laura Rojas retoma los hechos ocurridos recientemente con la muerte de cuatro asaltantes en la Marquesa y hace una refexión en torno a la violencia que ha venido creciendo en el Estado de México a la que califica como una «profunda descomposición» que sufre el estado.

La muerte de estos cuatro asaltantes a manos de un desconocido, dice la columnista, «ha ocupado las primeras planas de los periódicos nacionales e internacionales. El llamado “Justiciero de La Marquesa”, quien por medio de nueve balazos, terminó con la vida de los asaltantes que habían despojado de sus pertenencias a los pasajeros del autobús que cubría la ruta Toluca-México en una de las autopistas más importantes del país».

Para Laura Rojas, la muerte de los cuatro asaltantes «no representa un hecho aislado», por el contrario, señala que «es el resultado de décadas de fracaso institucional: de políticas de seguridad fallidas, de corrupción desbordante, de impunidad cínica y de descomposición del tejido social».

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De acuerdo a la escritora los mexiquenses «están sufriendo la peor crisis de seguridad que se haya vivido vivido en el Estado de México». Señala, además que «esta es la ciudad donde el número de delitos cometidos por cada 100 mil habitantes duplica el promedio nacional; uno de cada tres robos de automóviles del país sucede en nuestra entidad. En seis años los asaltos a transportistas se han incrementado 300%. Encabezamos a nivel nacional las denuncias por extorsión y homicidio, mientras que la tasa de secuestros ha crecido en los últimos años a un ritmo de 40 por ciento».

Sin embargo, dice, «los discursos van y vienen, se presentan nuevos programas de seguridad con bombo y platillo, se coloca propaganda anunciando las acciones a seguir, pero al final el fracaso es rotundo». Para ella «en el Estado de México cientos de vidas terminan a diario en tragedia ante la complicidad o la incompetencia de las autoridades, más preocupadas por su futuro político que por responder a su primer deber, que es brindar seguridad a los ciudadanos».

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Asegura la articulista que las historias en el Estado de México se van acumulando y multiplicando, pero son historias de violencia: «jóvenes que no regresan de la escuela atrapadas por las redes de trata; adolescentes que se suman al tráfico de adicciones; mujeres violadas y masacradas; empresarios que tienen que cerrar sus negocios por la extorsión; familias que quedan rotas ante el secuestro o asesinato de un pariente».

Ante la falta de respuestas por parte de la policía del estado, los ciudadanos le apuestan a crear una solución fuera de la legalidad: «la venganza por propia mano», dice la autora.

Sin embargo, para ella este camino solo nos lleva, por un lado a que el ciudadano pierda el sentido «básico de civilización», y segundo, imponer «la ley del talión; el camino de degradación de una sociedad es volver al ‘ojo por ojo y al diente por diente'».

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Además, señala Rojas, las autoridades responsables de aplicar la ley, como son los Ministerios Públicos «están plagados de corrupción y de intereses oscuros; en la burocracia indiferente que guarda en un cajón las denuncias de los ciudadanos; en gobernantes ocupados en maquillar la realidad en vez de transformarla. El representante legal de la Cámara Nacional del Autotransporte aseguró que los asaltantes del autobús estaban involucrados en al menos treinta hechos delictivos más».

Para corregir el panorama que existe en el Estado de México, la columnista propone: «una transición democrática en el Estado de México que tenga como prioridad de la agenda pública la recuperación del Estado de derecho. La única ruta segura es el fortalecimiento de las instituciones. El camino de la venganza y de la justicia por propia mano conduce a la ley de la selva. Ante la indiferencia y la complicidad de las autoridades no cabe la degradación de la ciudadanía, sino armarnos de valor para transformar de una vez por todas nuestro Estado».

 

Con información de Excélsior

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