Estrategia del Movimiento de movimientos en la etapa poselectoral

    Primera edición, 2012
    Rendón, Corona Armando. «Estrategia del Movimiento de Movimientos en la Etapa Poselectoral».
    Coedición Situam-Regeneración, México 2012.
    Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, SITUAM
    Secretaría General, Arturo Vega zaldívar
    Secretaría de Educación y Análisis, Raúl Rojas Vázquez
    Secretaría de Prensa y Propaganda, Francisco Patiño
    Regeneración. El Periódico de las Causas Justas y el Pueblo Organizado
    Director: Jesús Ramírez Cuévas
    Cuidado General de la Edición: Ismael Osuna Durán y Ricardo Romano Castro
     
     
    Índice de capítulos:
     
    Golpe de Estado para implantar un régimen de exclusión [→]
    El voto de los pobres [→]
    La clase política progresista [→]
    La ruta de construcción del movimiento popular [→]
    Poder dual [→]
    Movimiento de movimientos [→]
    Bloque popular vs. partidocracia [→]
    Algunos problemas organizativos del movimiento de movimientos [→]
    De la batalla por el voto a la campaña por la ilegitimidad del poder [→]
    Resistencia civil y proyecto constructivo de nación [→]
    El espacio público no-estatal y dualidad de poder [→]
    El espacio público en el ámbito vecinal [→]
    Las grandes líneas de la resistencia [→]
    Deliberación pública [→]
    Las movilizaciones nacionales [→]
    Consulta al pueblo y a la base [→]
    El boicot [→]
    Paro cívico [→]
    Propaganda personal y grupal de proximidad [→]
    MORENA []
    Partidocracia versus instrumento político de los movimientos [→]
    Comentario final
    [→]


     

    ESTRATEGIA DEL MOVIMIENTO DE MOVIMIENTOS EN LA ETAPA POSELECTORAL
    Armando Rendón Corona (1)

     

    MORENA

    A diferencia del PRI, la Coalición Progresista se ciñó a la legalidad institucional en todas las etapas del proceso electoral. Desde la noche del 1º de julio cuando el coro anunció el triunfo “impecable” (según Leonardo Valdéz), AMLO y los jefes de los partidos coaligados rechazaron ese supuesto triunfo. Las semanas siguientes se dedicaron a reunir las pruebas de la defraudación y entregarlas al IFE, al TEF, PGR, a la Secretaría de Hacienda, a Felipe Calderón y demás autoridades con competencias electorales. No hubo ningún llamado a la protesta, sólo conferencias de prensa. Fue hasta el 29 de julio cuando se convocó a celebrar asambleas informativas en 142 ciudades, dedicadas a mostrar las pruebas del fraude; el 5 de agosto se llamó a realizar asambleas informativas en las 32 capitales; en ambas fechas al parecer la asistencia fue muy reducida.

    Antes y después de la elección acorralaron a AMLO con variadas presiones, en primera línea los monopolios de la comunicación y, cosa inusual,  dieron la cara los magnates (Claudio X. González, el Consejo Coordinador Empresarial…). La Coalición se refugió en la línea de los procedimientos legales. El Consejo “ciudadano” del IFE operó en todo momento a favor del PRI, los demás se limitaron a guardar las apariencias o de plano no hicieron nada. Todos esperaron el fallo del Tribunal Electoral Federal, algunos de cuyos magistrados exhibieron su alineamiento con el PRI; en suma era ingenuo esperar de ellos la anulación de la elección presidencial, por lo tanto tampoco pasaría la propuesta de nombrar un presidente interino. Está fuera de duda que los tribunales son la primera y última línea de defensa de la clase dominante.

    Al constreñirse al procedimiento legal significó un repliegue táctico, pero no quedó claro por qué no se convocó a los ciudadanos a la protesta. Para contener la avalancha de los poderes era necesario apelar a la movilización, mientras que seguir el rito legal no aplacaría a los promotores del golpe, antes al contrario, daría tiempo para acomodar las piezas de la imposición. Lo real fue la desmovilización, el vacío al descontento ciudadano; ni siquiera un mega plantón de desfogue como en 2006.

    Si cundió la idea de la derrota en la elección presidencial, por otro lado los dirigentes políticos se llenaron de entusiasmo, los candidatos de la Coalición se volcaron a asegurar sus constancias de mayoría ante algunos chantajes del PRI de impugnar una serie de elecciones a cambio de que cesara la impugnación a Peña Nieto, sobre todo para evitar que el PRI los despojara de algunas diputaciones con el fin de alcanzar la mitad más uno en la Cámara de Diputados. Los tres partidos de la alianza, como siempre, se mantuvieron fieles al procedimiento institucional; serán debidamente respetados como segunda fuerza electoral.


    Después del esperado fallo del Tribunal el 6 de septiembre finalizaría el protagonismo del candidato y reaparecería el líder. No obstante que AMLO no es el jefe de ninguno de los tres partidos, sino el dirigente indiscutible de MORENA, su ascendiente es imprescindible para los propósitos de los partidos.

    mrn-miniEl repliegue táctico dio origen a una tendencia al aislamiento respecto del electorado obradorista. El primer indicio fue la escasa presencia en las multitudinarias marchas autoconvocadas y las convocadas por el movimiento Yo soy 132, de la imagen del candidato presidencial y los símbolos de MORENA, y prácticamente nada de los partidos. El segundo fue la escasa concurrencia y entusiasmo en las asambleas informativas del 29 de julio 5 de agosto. De ahí surgen dos conclusiones dispares: la defensa de la democracia es prioridad para los ciudadanos y no un asunto exclusivo de la Coalición partidaria ni del candidato; la ausencia de estos en la movilización reveló cierta exterioridad del liderazgo que no supo ponerse a la vanguardia ni dar una dirección.


    Al aislamiento de AMLO entre los partidos se añade la tendencia al aislamiento entre el electorado activo; de ser así, podría afectar negativamente al movimiento democrático en su conjunto por varias razones. Puede suponerse una disminución de la militancia de MORENA, algo esperado al no haber campaña electoral nacional; la identificación por el movimiento ciudadano del liderazgo de AMLO con la partidocracia lo aislaría aún más del movimiento social que se reclama apartidista, es decir, anti partidocracia. Si MORENA se reduce a ser un movimiento exclusivamente político y no social, el programa de lucha disociaría los temas generales de los asuntos urgentes de los sectores populares, lo cual significaría ahondar el paralelismo de la acción en vez de la interacción.

    La tesis de concentrar todo el esfuerzo de la militancia en el cuidado de las elecciones implicaba marcar distancia con las luchas sociales concretas porque resultarían distractoras. La suspensión de la lucha social se apreciaría como necesaria en el marco de amplias alianzas con sectores de las clases media y alta, además de no dar motivo a una rabiosa campaña mediática; pero sería ingenuo imaginar que tendría un efecto persuasivo sobre la oligarquía.

    La tregua en la lucha social era una previsión justificable en términos de un proceso meramente electoral. Tal vez las
    organizaciones y movimientos albergaron la esperanza de que se levantaría la veda cuando un gobierno de origen popular
    comenzara a poner en orden las injusticias; la resistencia se cambiaría a favor de la negociación. Ese escenario ya no entra en las consideraciones estratégicas para el futuro.

    El bloque electoral no permanecerá sin cambios, contiene factores de inestabilidad que tiran hacia la partidocracia o hacia el movimiento popular.

    1) La fracción de la burguesía que se alió en esta coyuntura es inestable, no puede garantizar lealtad al proyecto de la izquierda obradorista, es previsible que busque soluciones pragmáticas con el PRI. Pero ha descubierto la posibilidad de encabezar el movimiento popular y mantenerlo uncido al sistema por medio de un grupo dirigente inventado; el grupo Ebrard-Camacho-Mancera-“Chuchos” representan esa opción. 2)La estructura electoral de la coalición volverá a sus partes componentes sin haber rendido un informe a la ciudadanía sobre el cumplimiento de su compromiso de tener representantes en todas las casillas. 3) Los comités de MORENA movilizaron, se dice, varios cientos de miles de ciudadanos en la campaña y en la vigilancia de las casillas; pese a sus flaquezas, de las que tampoco se ha informado a la ciudadanía, mostró una gran capacidad participativa.

    El desafío del Movimiento de Regeneración es evitar la dispersión porque su función fue solamente electoral; puede estancarse en la resistencia pasiva desde los círculos de estudio.

    La doble adhesión de elementos pertenecientes a MORENA y a corrientes del PRD y al PT, jala al Movimiento hacia la lógica de la acción parlamentaria; ya se ha experimentado que eso lleva a la desmovilización. Por otra parte, la doble militancia de los participantes en los movimientos sociales y en MORENA lleva a la búsqueda de la conformación de MORENA en partido y a sumarlo al movimiento de movimientos.

    La arena parlamentaria no es una opción para el movimiento social, implica que las luchas concretas queden fuera de la agenda política; sin una sociedad movilizada los parlamentarios no significan nada frente al programa de la clase dominante, a lo más conseguirán atenuar algunas aristas perjudiciales. Hasta ahora la clase política da por sentado que las reformas legislativas, entre ellas una reforma electoral dirigida a impedir los mecanismos de defraudación, deben darse por medio de los partidos políticos, los que a su vez delegan la negociación en sus elites. Ese tipo de arreglos se corresponde con el modelo de liderazgo centralizado, porque dispone de la libertad para definir la conducción estratégica sin depender de las intervenciones ciudadanas o de las organizaciones sociales.

    En la etapa actual, el resurgimiento de movimientos sociales y el movimiento ciudadano de Regeneración Nacional hace prever un curso nuevo, ya no centrado en reformas electorales sino dirigido a cambiar el régimen político, así como el modelo neoliberal.


    El vehículo no puede ser otro que un movimiento de movimientos dotado de un programa de transformación social y política, entonces el foco de la acción se desplaza a la lucha extraparlamentaria, y a ese fin debe disponerse la organización popular.

    La estructura de MORENA es territorial antes que sectorial, adaptada a la división territorial electoral establecida
    institucionalmente, esto es la sección electoral, distritos, etcétera. La función principal de MORENA (recordar la concentración que aprobó la candidatura de AMLO en junio de 2010 y la presentación del proyecto alternativo de nación en marzo de 2011), ha sido la campaña electoral de 2012, especialmente el cuidado de las casillas. La forma de organización de los militantes mediante comités se ha articulado por una escala de responsables designados de arriba hacia abajo, y no por elección de los participantes de base. El arbitraje entre los componentes está centralizado en la persona del líder.

    La habilitación de una estructura hecha de prisa a partir de responsables designados resolvió el problema de la conducción en vistas a las tareas básicas de representación  y vigilancia de las casillas, pero acarreó una serie de deficiencias en cuanto a la calidad de los responsables, principalmente debido a la incompetencia, incumplimiento de responsabilidades y deslealtad. Si la intención era evitar la competencia entre corrientes, estas reaparecieron en el reparto de tareas en los distritos.

    Pero una estructura provisional como esa, en la etapa poselectoral y en condiciones de lucha por objetivos programáticos, no sería capaz de retener a los adherentes, por tres razones. 1) La próxima campaña electoral nacional será dentro de tres años, mientras tanto ¿qué van a hacer cientos de miles de adherentes?, seguramente no se quedarán en estado latente hasta ser nuevamente llamados. 2) El proyecto de nación ya no será principalmente responsabilidad de un gobierno que inicie la transformación, sino del movimiento social y ciudadano. 3) El movimiento ha creado ya los cuadros apropiados y confiables para las circunstancias; seguramente los grupos de base han hecho un balance de aciertos y errores y tendrán mucho qué decir en el momento siguiente de redefinición de objetivos y estrategias, incluyendo la forma organizativa.

    En la fase inicial MORENA ha sido un movimiento ciudadano con fines exclusivamente de política-electoral. Pasada la elección federal del 1 de julio de 2012, lo que resta son elecciones estatales con calendarios variados, es decir, que no serán de alcance nacional y sin campañas simultáneas. Para los años inmediatos siguientes surge la cuestión de qué va a pasar con la intensa movilización popular que se ha condensado en el proceso electoral.

    La primera cuestión plantea una solución evidente: la acción colectiva de los adherentes no tiene otro espacio que la lucha social por la distribución del ingreso y la riqueza, uno de cuyos planos es la acción política orientada hacia la resistencia al poder del Estado en todas sus partes.

    El segundo problema consiste en comenzar la reversión del desastre causado al país por la clase dominante, que
    previsiblemente empeorará con el PRI, a partir de la resistencia popular contra el proyecto del bloque dominante y, al mismo tiempo, iniciar el proyecto constructivo de nación desarrollando el poder social. Pero esta misión no puede ser acometida sólo por MORENA en tanto movimiento político, se necesita de la unión de todas las fuerzas sociales comprometidas en el cambio.


    JOVEN ALTERNATIVOAsumir la lucha social como espacio público, es una solución nueva a la relación entre organización política definida como
    movimiento ciudadano y los movimientos sociales. La primera contribuye a dar coherencia a las múltiples resistencias con la meta de luchar por el poder del Estado, en tanto que los movimientos sociales procesan la demanda social que tiende a resumirse en el proyecto alternativo de nación y crean el poder popular a diferentes escalas, sin lo cual no tiene sentido la lucha por el poder estatal.

    La acción autónoma de los diversos actores crea las condiciones para articular todos los esfuerzos en un movimiento de movimientos, relativamente unificado en un frente popular. La articulación de MORENA con esos movimientos le abre la posibilidad de convertirse en el instrumento político de los movimientos sociales. Podría decirse caminar con las dos piernas de un mismo cuerpo.


    Respecto de la tercera cuestión, la solución esperada es trabajar por el asentamiento de los mecanismos democráticos propios de una organización de masas, entre ellos la elección directa de coordinadores representativos. La adhesión voluntaria de los militantes debe se coherente con el ejercicio de la cultura democrática fundadora del nuevo orden, perspectiva radicalmente distinta a las relaciones de subordinación típicas del modelo clientelista o del corporativo, ambos autoritarios.

    Con el fin de continuar y acrecentar el impulso del Movimiento de Regeneración, es de suponer que será estimulada la iniciativa de los grupos de base, para dar paso a la creatividad de un movimiento de masas dispuesto a expandir su organización e influencia social.


    La relación jerárquica de los grupos de activistas sin que tengan relación horizontal entre ellos sirve para concentrar las decisiones pero no asegura la acción colectiva. La relación horizontal es necesaria en el proceso de formación de una identidad común, es el medio para aumentar la sociabilidad y la socialización ideológica, homogeneiza las líneas de acción y facilita la articulación de lo particular con lo general. El principio de coordinación horizontal escalonada descarga o distribuye el peso de las múltiples decisiones en instancias colegiadas, en vez de la concentración de competencias en autoridades unipersonales que necesariamente reproducirá la forma tradicional de un partido burocrático sin base, articulado en una pirámide jerárquica de dirigentes.

    La coordinación supone la relación local de los grupos de base, única instancia donde los adherentes pueden relacionarse personalmente sin representantes; en los siguientes niveles de coordinación territorial cada vez más amplios no hay otra manera de relacionar a los grupos de base sino a través de delegados elegidos primero por la base, y en los niveles más amplios probablemente elegidos por la respectiva instancia colegiada. La cuestión de dar coherencia al activismo depende de adoptar como principio organizativo la coordinación entre delegados o voceros de los adherentes, cuya función es vincular lo particular con lo general, lo local y lo nacional.

    El problema a trascender es la concentración de la actividad en un aparato de tipo mando-obediencia, abriendo la participación individual y grupal de base, forma que supone la multiplicación de las energías. Supone también aumentar el tiempo de que las personas dedican a la acción colectiva, la creatividad e iniciativa en las condiciones concretas para emprender el proyecto de nación, ligando lo particular con lo general. La misión del movimiento político es cohesionar y darle un sentido unificado a la diversidad de movimientos de resistencia.

    Desde una lógica centralista de la conducción, los objetivos de la movilización son fijados desde instancias centrales que diagnostican los problemas, trazan las líneas estratégicas e interpretan el “sentir” general de los sectores sociales que participan en el movimiento. Hay una experiencia acumulada de fracasos de un centralismo empeñado en subordinar, omitir o desdeñar las necesidades y luchas particulares bajo el prejuicio de que resolviendo lo general automáticamente se resuelven las necesidades particulares. Esta concepción es típica de los beneficiarios de un aparato sin base.

    En la perspectiva de nuevas formas de democracia participativa se requiere tener en cuenta la necesaria vinculación entre ambos planos, porque la resistencia al sistema de dominación se da en las condiciones concretas y particulares, las cuales a su vez impulsan soluciones generales. El activismo de base aporta nuevas prioridades, que habrán de ser procesadas en los diferentes niveles de coordinación. La dialéctica de la interacción ofrece una solución a la articulación entre la elaboración de los objetivos programáticos y la estrategia, ambos concebidos como una elaboración social y no exclusivamente como una tarea de las elites.


    El vínculo de confianza y entendimiento entre el liderazgo personalizado y la multitud de personas no tendría por qué cambiar si la idea rectora es la estructuración de la base social, antes bien aumentaría la capacidad de movilización. Esto es así debido a que la movilización de masas se compone de acciones personales y micro estructuras de sociabilidad, como son la familia, los compañeros, vecinos, amigos y activistas de base. La acción coordinada de los colectivos de base es la manera más eficaz para transformar las demandas sociales en asuntos de carácter público, es decir, para crear los espacios públicos o políticos donde se libra la confrontación con el sistema dominante.

    La solidaridad es el factor de unión entre los problemas particulares y locales de los grupos de base; la solidaridad en la lucha significa reciprocidad, una cualidad potenciadora de las capacidades de acción. De ahí resulta de manera natural la coordinación.


    En suma, la militancia social y política no son contradictorias sino necesarias; la lucha social debería ser parte de la razón de ser de Morena, y los movimientos y organizaciones sociales tendrán que seguir luchando parte por parte por la conquista del poder político institucional. Ambos son procesos de la transformación. De esa manera el movimiento democrático, doblemente militante, tendrá su propio instrumento político por el cual votar, desechando la era de partidocracia, trampa creada por la clase dominante para burlar la democracia.

    La democracia participativa es la forma política del proyecto alternativo de nación. Morena puede dar ejemplo de construcción de las nuevas formas de hacer política en el poder popular.

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    (1) Doctor en Ciencia Política, profesor-investigador en Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa.
     
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