Gaza: Belal Dabour, médico, relata la historia detrás de una imagen

Otro testimonio más llega por parte del personal médico en Gaza, ahora relatando la historia que hay detrás de una foto, un momento detenido en el tiempo, sin nombre, sin principio ni fin, dejando perpetuado el instante en que un niño llegaba a la sala de emergencias, entre esa lluvia de fuego que en estos momentos azota al pueblo palestino.

*Fuente: RubénLuengas

Palestinian medic tries to comfort a wounded boy at Shifa hospital in Gaza City, northern Gaza Strip,
Gaza: Belal Dabour, médico, relata la historia detrás de una imagen tomada en la sala de emergencias de un hospital de Palestina, durante un bombardeo de Israel.

“Jueves 17 de julio, por la noche tuvo lugar uno de los más fuertes bombardeos a Gaza, desde que todo comenzó.

Docenas de personas fueron canalizadas al Hospital Al-Shifa. Muchos llegaban en pedazos, decapitados, desfigurados más allá de todo reconocimiento, sin embargo vivos y respirando.

El indiscriminado fuego de artillería, nuevo elemento en el asalto de Israel, había cobrado un alta cuota en número de víctimas.

El personal médico tiene suerte si acaso descansa media hora. Unos lo usan para ver las luces y las bombas que Israel hace llover en los barrios orientales de Gaza, mientras otros se recuestan un rato o toman su café.

La relativa calma no dura. Cerca de las 3 am. 8 o 9 casos más llegan a la sala de emergencias a la vez. Los últimos en llegar eran 4 hermanos -dos de ellos niños pequeños, ambos con al rededor de 3 años de edad con heridas relativamente superficiales. Era evidente que habían sido rescatados de los escombros, sus ropas estaban cubiertas con suciedad y polvo.

Luego llegó el hermano mayor, un adolescente. Su cabeza y rostro estaban cubiertos de sangre, él presionaba un trapo contra su cabeza para detener el flujo, pero realmente su atención estaba enfocada en otra cosa: “¡Salven a mi hermano pequeño!”, seguía gritando.

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“¡Quiero a mi padre!”

Venía cargado por un paramédico y apresuradamente llevado a la unidad de cuidados intensivos, cercana a la sala de emergencias. Aferrándose al paramédico, llorando dijo: “¡Quiero a mi padre!, ¡Tráiganme a mi padre!” hasta que fue forzardo a soltarlo.

Mientras esperaba las órdenes, un grupo de médicos comenzaron a tratar inmediatamente al niño, pero seguía pateando y gritando, llamando a su padre.

Sus heridas eran serias: una en el lado izquierdo de su cabeza indicaba una posible fractura de cráneo y una gran pieza de metralla en su cuello. Otra pieza de metralla había penetrado en su pecho y una tercera en el abdomen. Había muchas pequeñas heridas a lo largo de todo su cuerpo.

Inmediatamente se debían tomar medidas para salvarle la vida; se le sedó para que los médicos pudieran trabajar.

Al examinar cuidadosamente las heridas, parecía que la explosión de artillería había mandado a volar pequeñas piezas de piedra desde los muros de su casa, y algunas de sus heridas habían sido causadas por estos proyectiles a alta velocidad.

Fue extremadamente afortunado: la herida de su cuello estuvo sólo a dos centímetros de una arteria principal, la herida de su pecho penetró profúndamente, pero erró en perforar su pulmón, la herida del abdomen causada por una metralla no tocó su intestino.

Suerte

Él tuvo la surte que le fue negada a muchos otros esa noche.

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Los médicos llevaron a cabo heroicas medidas en muy corto tiempo, y la vida del pequeño fue salvada.

Mientras tanto en la sala de emergencia el hermano mayor era suturado y los otros dos hermanos más jóvenes estaba siendo lavados y examinados profundamente para descartar posibles heridas ocultas.

De alguna manera, a pesar del horror y el dolor, estaban durmiendo. No sé cómo lo lograron, pero sentí envidia y agradecimiento de que la misericordia divina los haya encontrado.

Su hermano, con las heridas más graves, seguramente sobreviviría, con muchas cicatrices y una recuperación difícil, tanto física como psicológicamente.

Muchas víctimas llegaron esa noche, tantas como para recordar el nombre de este niño y saber si se reunió con su padre o incluso lo que pasó con el resto de su familia.

Pero hay algo que sé a ciencia cierta, cientos de niños como él sufrieron heridas iguales o peores y justo en el momento que escribo esto, cerca de 80 niños como él han sido asesinados en tanto el ataque despiadado de Israel continúa.

Belal Dabour, médico graduado en Gaza, Palestina.”