Australia detiene la eliminación masiva de burros salvajes

Un estudio científico demostró que los burros salvajes ayudan a generar fuentes de agua y mejoran los suelos áridos

Regeneración, 11 de marzo 2026– La política medioambiental en Australia ha cambiado drásticamente respecto al manejo de los burros salvajes. Después de diez años de considerarlos una plaga y de erradicarlos en gran medida, los especialistas señalaron que son fundamentales para proteger la supervivencia en el desierto.

Ideas previas

En las zonas áridas, estos animales habían sido históricamente acusados de competir por los recursos hídricos con el ganado de las granjas.

Además, los productores solían culparlos por la destrucción de cercas y la degradación de áreas delicadas.

Esta percepción había llevado a intensas campañas de sacrificio para disminuir la presión sobre los terrenos.

Sin embargo, el conflicto seguía surgiendo porque las condiciones ambientales no cambiaban y las poblaciones se reponían.

Alternativas

Con la frecuencia creciente de sequías, los gestores ambientales comenzaron a buscar alternativas para mantener la humedad y la biodiversidad.

Así, comenzaron a evaluar el comportamiento de los burros como una posible intervención ecológica positiva.

Durante las observaciones en el campo, los investigadores encontraron que los burros excavan en los lechos secos hasta llegar a la humedad subterránea.

Estas excavaciones funcionan como pozos que permiten que otras especies accedan al agua que no pueden alcanzar en capas más profundas.

Hidratación

En ecosistemas extremos, la formación de estos puntos nuevos de hidratación superficial puede ser crucial para la supervivencia de la fauna local.

Sin embargo, los expertos advierten que el impacto positivo dependerá de la cantidad de burros en un mismo lugar.

Los estudios también indicaron que el paso de las manadas rompe la costra dura en los suelos muy secos.

Esta capa es generalmente la principal barrera que impide la adecuada absorción de líquidos.

«Micro-labranza» natural

Al caminar sobre el terreno, las pezuñas crean microfisuras que funcionan como un sistema de
«micro-labranza» natural.

Este proceso ayuda a que la lluvia se infiltre en la tierra y favorece la germinación de semillas.

A pesar de estas ventajas, los científicos advierten que un tránsito excesivo en áreas vulnerables podría tener el efecto contrario y aumentar la erosión.

Por esta razón, enfatizan que los resultados positivos de la especie deben ser monitoreados continuamente.

Modelo científico

A partir de estos hallazgos, se propuso un enfoque que sustituye el sacrificio indiscriminado por un modelo basado en la gestión científica.

El objetivo oficial no es liberar a los burros sin control, sino administrarlos de manera estratégica e inteligente.

Las autoridades planean reubicar a los animales de áreas ecológicamente delicadas para concentrarlos en lugares donde puedan mejorar el suelo.

Límites precisos

El nuevo sistema establecerá límites precisos sobre cuántos burros son aceptables en cada época del año.

De este modo, la especie dejó de ser vista solo como una plaga invasora y problemática para las autoridades.

Este nuevo enfoque inicia la conversación sobre la manera de emplear recursos naturales para mantener ecosistemas en condiciones extremas en un clima global en transformación.