Fracking Veracruz

Un nuevo estudio comprueba altos niveles de contaminación química en personas que viven cerca de los campos petroleros que utilizan la técnica de la fractura hidráulica (fracking). Esa población es susceptible de desarrollar cáncer 10 veces más que el resto de la población por 150 sustancias cancerígenas que manejan las empresas petroleras.

por Maureen Nandini Mitra

Regeneración, 28 de junio de 2016. Muchos de los productos químicos tóxicos que se escapan de los sitios que realizan de explotación petrolera y gas shale mediante la técnica de la fractura hidráulica y de sus instalaciones de almacenamiento, se encuentran presentes en concentraciones mucho más altas en los cuerpos de las personas que viven o trabajan cerca de tales sitios. Esa es la conclusión de un nuevo estudio que así lo ha demostrado.

El estudio encontró presencia de compuestos químicos volátiles como el benceno y el tolueno se asocian a enfermedades crónicas como el cáncer y trastornos en la salud reproductiva y el desarrollo. Es la primera investigación en su tipo de estudio pues combina los métodos de monitoreo de aire con nuevas técnicas de biomonitorización. Así, los investigadores detectaron compuestos orgánicos volátiles (COV) liberados de las operaciones de explotación de gas natural en Pavillion, Wyoming, en los cuerpos de los residentes cercanos a niveles que eran tanto como 10 veces mayor que la de los promedios nacionales.

Algunos de estos compuestos orgánicos volátiles tales como benceno y tolueno están vinculados a enfermedades crónicas como el cáncer y trastornos en la salud reproductiva y el desarrollo de los niños. Otros están asociados con problemas respiratorios, dolores de cabeza, hemorragias nasales y erupciones en la piel.

«Muchos de esos productos químicos estaban presentes en los cuerpos de los participantes en concentraciones muy superiores a los promedios del resto de la población de Estados Unidos», señala el estudio titulado «Cuando el viento sopla: Seguimiento de sustancias químicas tóxicas en los campos de gas shale y las comunidades afectadas», que fue lanzado la semana pasada.

Algunos residentes del Pabellón durante años han estado preocupados por el aumento de los problemas de salud que las que sospechaban que estaban relacionados con las emisiones de las actividades de producción de gas.

Este pequeño pueblo de menos de 250 personas ha estado en el centro de la creciente debate sobre la fractura hidráulica desde 2008, cuando los vecinos comenzaron a quejarse de que su agua potable había adquirido un mal sabor y olor desde que comenzó la explotación petrolera en su región.

En 2014, los datos de monitoreo del aire mostraron algunas emisiones de sustancias químicas tóxicas en los sitios de petróleo y gas de fracking en Wyoming, las cuales eran hasta 7 mil veces los niveles «mínimos y seguros», establecidos por las agencias ambientales y de salud federales de Estados Unidos.

En marzo de este año, investigadores de la Universidad de Stanford encontraron pruebas de que las operaciones de fractura hidráulica cerca de Pabellón estaban contaminando el agua subterránea local.

Ahora bien, este nuevo estudio, realizado por investigadores de la organización nacional de salud ambiental Coming Clean, establece claramente que al menos algunos de estos productos químicos nocivos a la salud están presentes en los cuerpos de los residentes de la zona.

El estudio se centró en la medición de los niveles ambientales de una familia específica de productos químicos BTEX COV nombre –que incluyen benceno, tolueno, etilbenceno y xilenos– debido a que estos productos químicos son conocidos por ser peligroso para la salud humana, incluso a niveles bajos.

Luego, los investigadores utilizaron nuevos métodos de biomonitorización para detectar estas sustancias químicas en 11 residentes locales que se ofrecieron para participar en el estudio con el uso de monitores de calidad del aire y el suministro de muestras de sangre y orina, y encontraron evidencia de ocho sustancias químicas peligrosas en la orina de los participantes, emitidas desde las instalaciones de la explotación de gas en Pabellón.

«La biomonitorización confirma lo que ya sabíamos,» declaró Wilma Subra, un galardonado bioquímico y uno de los científicos involucrados en el proyecto, dijo a Earth Island Journal.

«Esto indica claramente que existe la necesidad de mecanismos de control para frenar las emisiones con el fin de reducir la exposición de las personas que viven cerca de estas operaciones”, concluyó el especialista.

Los autores del estudio, sin embargo, también señalan a que debido a los COV son tan omnipresentes en los productos y en nuestros hogares, es posible que algunos de los compuestos orgánicos volátiles detectados en los cuerpos de los participantes provenían de varias fuentes. Ellos están pidiendo más pruebas biomonitorización de las personas que viven o trabajan cerca de sitios de petróleo y gas para entender mejor cómo estos productos químicos se desplazan por el medio ambiente y para evitar nuestra exposición a ellos.

«Si el agua potable está contaminada con productos químicos tóxicos la gente podría optar por otra fuente, pero si su aire es tóxico no se puede elegir el respirar en otro lugar,» dijo Deb Thomas, director de ShaleTest, uno de los coordinadores del estudio, en un comunicado.

Maureen Nandini Mitra, editor de “Earth Island Journal”. Además, Maureen escribe para varias revistas y publicaciones en EU y la India. Es graduado de periodismo de la Universidad de Columbia, su trabajo ha aparecido en el San Francisco Public Press, El Nuevo Internacionalista, Süddeutsche Zeitung, La Caravana y Down to Earth.

(Traducción: Regeneración)