El genocidio que no empezó el 7 de octubre

Foto: Regeneración

El pasado 7 de octubre se conmemoraron tres años del ataque realizado por Hamás y otras milicias extremistas contra el Estado de Ocupación Israelí. Derivado de esta situación se llevó a cabo una respuesta militar sin comparación que devino en uno de los peores genocidios que ha visto la humanidad en la última década.

Este ataque sirvió como una narrativa vendida por los medios occidentales para justificar el genocidio que se lleva a cabo en Palestina desde hace más de medio siglo.

Desde la realización de la Nakba entre los años 1947 y 1948, en la cual se llevó a cabo el desplazamiento forzado de entre 700,000 y 750,000 palestinos y la destrucción de más de 500 aldeas donde vivían, para la creación de lo que hoy en día es el Estado de Ocupación Israelí, ya estaba en marcha un genocidio contra este pueblo.

Desde entonces, gobierno tras gobierno que ha pasado al frente de Israel ha basado su cruzada en el territorio bajo la ideología sionista del establecimiento de un Estado para la población judía en Palestina. Siguiendo esa doctrina han desplazado y asesinado al pueblo palestino para quedarse con su territorio. Esto devino, evidentemente, en una radicalización.

Dentro del rostro asesino de lo que representa el sionismo han encontrado un escudo para defender sus atrocidades por medio de la cantaleta del antisemitismo. Cada que algún Estado, autoridad o voz civil cuestionaba el genocidio se le remitía inmediatamente a la señalización hueca de “antisemita”.

Prueba de ello son las recientes declaraciones del embajador del Estado de Ocupación Israelí en México, Yoed Magen, quien a través de una entrevista denunció un aumento del antisemitismo a nivel mundial bajo la calificación de “la mayor campaña antisemita desde el Holocausto”.

Ante esta situación, es importante combatir las narrativas de los medios tradicionales que siguen considerando que lo que pasa en Palestina es una guerra y que al más mínimo cuestionamiento que alguien hace lo consideran como “antisemita”. Ambas expresiones son falsas y requieren desmentirse todos los días si es necesario.

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No puede llamarse “antisemita” a quien alza la voz contra un genocidio cometido por una potencia militar contra un noble pueblo. Peor aún, es cínico y de sinvergüenzas llamar guerra a lo que pasa en Palestina cuando lo que estamos presenciando es una masacre que busca una limpieza étnica para usurpar el territorio.

Frente a esta guerra de narrativas, es importante no dejar de hablar de lo que pasa en Palestina y exigir a la diplomacia de nuestro país que cuando se refieran a lo que sucede allá sea como lo que es: un genocidio.

A propósito de la diplomacia mexicana, su papel frente a este genocidio ha sido insuficiente, ya que a pesar de que se dio el reconocimiento del Estado de Palestina y la exigencia de un cese al fuego ante la Corte Internacional de Justicia y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el gobierno mexicano mantiene inalteradas sus relaciones con el Estado genocida de Israel. 

Aunado a ello, queda la vergonzosa estampa que recientemente se dio en la 81.ª Asamblea General de la ONU cuando la delegación diplomática mexicana fue una de las pocas que se quedó a escuchar el mensaje del sentenciado como criminal de guerra por la Corte Penal Internacional, Benjamín Netanyahu, en medio de un abandono de la sala por parte de otros países, en protesta por el genocidio perpetrado en Palestina.

No podemos olvidar tampoco las vinculaciones que se tienen con Israel en materia de compra de armas, software de inteligencia y programas de entrenamiento que tienen cuerpos militares y de seguridad ciudadana a nivel federal y estatal. 

Uno de los grandes beneficiados de este asunto es el empresario Arturo Ávila, vocero del Grupo Parlamentario de Morena en la Cámara de Diputados. Forbes documentó desde 2023 que su empresa IBN Industrias Militares ha sido vendedora de equipo militar y software de inteligencia israelíes en México y El Salvador. Esta asociación con Israel para comercializar equipo militar no ha sido cuestionada por el ala más de izquierda del partido oficialista que se ha pronunciado contra el genocidio.

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No obstante, es importante continuar señalando a quienes hacen negocio a través del genocidio, a quienes financian al Estado de Ocupación Israelí para sus embestidas militares, a quienes promueven desde los espacios de toma de decisiones las relaciones diplomáticas con una nación genocida y a los medios que venden narrativas para justificar las atrocidades cometidas.

Solamente mediante el boicot económico y político contra las marcas, los políticos y los medios que financian y promueven las narrativas del Estado genocida de Israel podremos hacer una presión real que se vea reflejada en resultados palpables para detener el genocidio. 

Estimada lectora, estimado lector, te invito a que no dejes de hablar de Palestina, a que te organices y te sumes a las campañas de boicot contra las marcas que son señaladas por movimientos globales como BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) y a que te organices para alzar la voz desde tus espacios para visibilizar lo que está pasando del otro lado del mundo.

Basta ya de crímenes de guerra, basta ya de asesinato de niños, mujeres y ancianos inocentes. ¡Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá!

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