Lo Zombie y lo Humano

Hay dos tipos de zombies, dice el columnista: torpes y lentos; y otros veloces, agresivos y hasta crueles; las dos especies persiguen y aniquilan. Política de muerte.

 

Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.

Quitó de los tronos a los poderosos.

Y exaltó a los humildes.

A los hambrientos colmó de bienes.

Y a los ricos envió vacíos.

(Lucas 1, 51-54)

 

Por Molay Maza Ontiveros

Regeneración, 15 de enero de 2018.– He decidido llamar política zombie al acto de hacer política como pinche zombie: sin pensar, caminando como autómatas por la historia, organizando y pactando los cochupos, las tranzas y los arreglos cupulares (y por qué no, copulares) en lo oscurito para afinar la imposición de intereses de grupos y personas que no se presentan a las elecciones, utilizando esbirros en las cámaras representativas, haciendo leyes a modo o en los diferentes espacios del poder. Como sus lacayos, personeros y gendarmes sí hacen como que se presentan a las elecciones le llaman a eso juego democrático. 

Como en las series y películas, hay varios tipos de zombie, pero hoy sólo referiré a dos: Los lentos y torpes zombies en masa, peligrosos porque sólo obedecen a su necesidad física más elemental destrozando todo lo vivo que encuentran a su paso. No son más que la masa (no las masas o masas populares, ojo). Una colectividad sin voluntad, sometida por los grandes monopolios de las comunicaciones al monolitismo cultural y el consumo de los contenidos más raspas; consumista, contaminante, derrochadora. La masa que no participa en política por que es cosa de corruptos, o porque es cosa de imbéciles o porque da mucha güeva. La masa que ha sido convencida de que este es el mundo que tenemos, siempre ha sido así, así son las cosas y nada se le puede hacer. El esclavo moderno que vive convencido de que vive con libertad y toma sus decisiones libremente, mientras todas las pautas de su conducta están dictadas por la tradición, la costumbre, por los mass media y las tendencias en la web. Casi todos hemos formado parte de ese club de zombies, por mucho tiempo hemos vivido en la inautenticidad del se dice ilustrada por Heidegger[1].

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El otro es el zombie veloz, agresivo, fuerte y hasta cruel. Puede formar parte de una masa de monstruos similares a él, pero en varias escenas aparecen en solitario haciendo las peores atrocidades con sus víctimas siempre más débiles, más lentas y paralizadas por el miedo. A estos sí que les gusta la polaca. Para ellos hacer política es “la continuidad de la guerra por otros medios”[2], hay que vencer, aniquilar, dañar, lastimas, hacer sufrir, hacer temer al enemigo. Estos peligrosos seres forman parte de una casta que se enquista en los espacios de toma de decisiones, para convertir cualquier republica en un cortejo de privilegiados al servicio de los grandes poderes económicos globales.

Las dos especies persiguen y aniquilan lo vivo, la inteligencia, la belleza, lo armónico, lo simple, lo pequeño, lo placentero.  Lo colectivo lo trastocan en privado, lo privado en colectivo. Es decir, cuando el esfuerzo de millones de trabajadoras produce una gran riqueza social, la política zombie la privatiza, en beneficio del 1% de la población global o del 4% de la población nacional, pero cuando los banqueros pierden el juego especulativo, cuando revienta la burbuja financiera, cuando la crisis estructural revienta la organicidad del sistema, cuando los actos de corrupción rebasan por completo la capacidad de gestión de los organizamos financieros internacionales y nacionales, las deudas se socializan. Las ganancias se privatizan y las pérdidas se socializan. La política de la muerte impone esta irracional lógica estratégica instrumental calculadora en contra de los derechos humanos, del mundo del trabajo y la naturaleza planetaria.

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Facultas utendi et abutendi, la facultad de usar y destruir, es la idea de propiedad capitalista y neoliberal, el núcleo del problema al que nos enfrentamos.    

La política zombie es aquella postura necia que se resiste a reconocer que su modo de producción devasta al planeta, pocas veces mejor representada que por el famoso esposo de la eslovena Melania.   Es como la cisticercosis, convence al mundo de la imposibilidad de vivir de una manera diferente a la bestialidad actual.     

La cisticercosis neoliberal evoca a su Dama de Hierro gritando y saturando los espacios de comunicación tradicional (y no tanto), de su slogan más preciado:    No hay alternativa.    Al más puro estilo de Goebbels esa idea ha calado profundo hasta ser convertida en verdad.

Una verdad transitoria como las que más, pero a la que debe contraponerse una Verdad más profunda, más radical y real. Facultas procurare et dispensare, la facultad de cuidar y distribuir, esta es la idea de propiedad de la razón democrática y socialista, corresponde a Santo Tomas de Aquino[3] pero él nos la puede prestar para dar al traste con la política muerta, es antagónica a la impuesta por los mercados y sus políticos zombies.

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Usar y destruir contra cuidar y distribuir, así de claro está planteado el necesario cambio de paradigma civilizatorio, y de eso debe encargarse cada sujeto consciente y libre que forma parte del Estado, la sociedad organizada en comunidad política libre, responsable, ética y justa. Para lo cual se requiere entre otras cosas del ejercicio del poder político y la implementación de políticas publicas de Estado, una de ellas es la afamada y manoseada renta básica universal.  ¡Ay nanita!

Pero eso es parte de otra entrega.

Continuará…   

[1] Ser y tiempo, Martin Heidegger, FCE, México, 2014.

[2] De la Guerra,Karl von Clausewitz, http://www.biblioteca.org.ar/libros/153741.pdf

[3] Ver. José Porfirio Miranda, Marx y la Biblia, Critica a la filosofía de la opresión, CEF-Miranda, UAM, México 2008, p. 11-12.

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