Soy enfermera, con el Covid mi vida dio un vuelco; se enfermó mi papá, mi mamá, mi pareja, toda mi familia; ahora necesito terapia.

Por: Jacqueline Angeles 

RegeneracionMX. Nayeli Domínguez es enfermera, tiene 29 años; trabaja en el Hospital Regional Ignacio Zaragoza del ISSSTE. Su vida cambió con el Covid.

¿Desde cuándo trabaja en el hospital?

Yo ya trabajaba ahí, soy personal de base, pero nuestro hospital fue de conversión, entonces se modificó toda el área a la que pertenezco, que es Urgencias para el Covid.

Fue un poco extraño, aquí en Zaragoza teníamos área de Urgencia en un edificio que es relativamente nuevo, en un primer piso y estaba en proceso la habilitación de una nueva área que ya estaba terminada; sólo estaba pendiente su inauguración para urgencias con mayor capacidad y más grande.

Nunca llegó la inauguración, pero cuando empezó el Covid tuvieron que habilitar “sí o sí porque temían que se llenara”.

Nadie nos dio capacitación, sólo un día dijeron “tenemos probables pacientes con Covid y vas a entrar tú, ahí está el uniforme”. Fue un cambio súper inmediato, yo tomé por mí misma una capacitación en León, justo una semana antes de que nos metieran ahí, había iniciado la pandemia y mi pareja estaba trabajando en un hospital en León y dije voy, me interesa porque urgencias es primera línea y nos va a tocar.

¿Cuáles son los grandes retos que ha enfrentado?

Como profesional, primero surgió el desconocimiento, porque a final de cuentas a nivel mundial no se conocía mucho al respecto.

Luego vino la incertidumbre, “no sé si voy a contagiarme o no me voy a contagiar nunca”. También hay que reconocer que en un principio era como una aventura. Recuerdo que en la escuela siempre se nos dijo que en una situación de crisis mundial los profesionales de la salud somos los que salimos primero a atender.

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Era como una aventura, no sabíamos que pasaría, cómo debíamos atender a cada paciente. Es una enfermedad nueva, pero todos los días aprendes algo.

Es como llevar todo lo que sabes a una situación nueva; el reto más importante fue cuando el número de pacientes aumentó; en el área de enfermería no teníamos organización; no había ni un registro; tampoco un lugar para los expedientes.

Nadie sabía lo que pasaba adentro

Nadie sabía lo que pasaba ahí adentro. No podíamos comunicaros con el exterior; cometíamos errores. Por ejemplo, entrabamos las 11:30 horas, si nos daba sed nos acercábamos a una puerta y una compañera con un popote nos daba agua; nos exponíamos al quitarnos el equipo de protección.

Ir al baño era un reto, “me quitaba el equipo de protección salía y me lo volvía a poner, después me alarmaba por exponerme”.

Tuvimos que adaptarnos al área Covid y al servicio, por necesidad e iniciativa propia.

 ¿Cuál ha sido la experiencia más fuerte que has vivido en el hospital?

Mi papá también es enfermero del mismo hospital, él se enfermó de Covid de una forma muy grave; entonces, lo más difícil para mí era salir de mis guardias y luego quedarme a verlo, como cualquier familiar, no podía tener contacto con él.

Era personal de primera línea, pero al mismo tiempo era familiar de un paciente, esa fue la temporada más complicada para mí.

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La mayoría de mis familiares se enfermaron, mi madre, la tía y la prima que viven conmigo; yo me enfermé, mi pareja también.

Afortunadamente ya recibí la vacuna contra Covid, fueron dos dosis y me las aplicaron en enero.

¿Cómo consideras la estrategia del gobierno frente a la pandemia?

Yo creo que, asumiendo que somos un país de Latinoamérica y las dificultades que ya tenía nuestro sistema de salud, fue buena, inevitablemente la gente iba a morir.

Lamentablemente persiste la irresponsabilidad; pensamos no pasa nada, “a mí no me va a dar, es puro cuento”. Yo creo que el gobierno tiene que lidiar con eso y es lo más complicado.

Hubo un punto en el que no había lugar para los enfermos, pero eso era inevitable y se manejó bien.

Yo lamento mucho por las personas que tuvieron que perder familiares. Yo creo que la parte emocional de cualquier ciudadano y del personal de salud se vio afectada.

Lo más triste es cuando uno lo da todo y llegan familiares de los enfermos y quieren golpear al personal médico. Quieren golpear a la enfermera, dicen “aquí me lo mataron”; no asumen su responsabilidad por no cuidarse.

Mi mensaje es que sean responsables de sus propias vidas, de las vidas de sus familiares; que no culpen al personal de salud y de las consecuencias de esta pandemia.

Tampoco se debe culpar al gobierno, porque al final las indicaciones fueron claras y mucha gente se enfermó por irresponsable.

Y a los compañeros de salud les sugiero que vayan a terapia, porque nuestros niveles de ansiedad y depresión están “hasta el cielo”.