Las víctimas del coronavirus y del sistema económico. Un relato desde Washington.

La pandemia ha mostrado en pocas semanas la devastación producida por el neoliberalismo en países en dónde la privatización del sistema de salud público fue llevada hasta sus últimas consecuencias
Covid-19. Un relato desde Washington

 

Las víctimas del coronavirus y del sistema económico. Un relato desde Washington.

por Alina Duarte*

Es lunes en Washington D.C., la ciudad fue declarada en estado de emergencia una semana atrás y los únicos lugares concurridos son las tiendas de abarrotes. El papel higiénico y el gel antibacterial han desaparecido de los estantes mientras largas filas de personas, claramente marcadas por la desesperación adquieren lo indispensable para mantenerse en aislamiento una, dos o tres semanas.

Estantes vacíos. Washington D.C.
Estantes vacíos. Washington D.C.

Esas personas con capacidad adquisitiva son las más afortunadas. El panorama para los más pobres no es el mismo, el acceso a servicios sanitarios, información y estabilidad financiera, no son igual de prometedores. De acuerdo con el censo de 2018, en Estados Unidos existían 38.1 millones de personas en pobreza, la teoría del «american way of life» deja mucho qué desear.

En plena capital estadounidense, las familias, sobre todo de ascendencia latina y afroestadounidense, ya padecen las consecuencias de la pandemia del coronavirus comenzando con el cierre de recintos escolares, una decisión que implica para miles la oportunidad de recibir alimentos. Por ello aunque las clases se han suspendido, algunas de sus cafeterías se mantienen abiertas.

Washington D.C.
Washington D.C.
Lucy Molina maestra de niñas y niños de entre 5 y 6 años narra que el pasado viernes 13 de marzo se cancelaron las clases en su escuela ubicada en el noroeste de DC, ese día uno de sus alumnos le pidió que le envolviera el pan restante del almuerzo para llevarlo a su mamá y hermanos.

A la noche siguiente, Lucy, quien es migrante de origen salvadoreño, comenzó con fiebre, los estudios para saber si se trata de coronavirus tardarán cerca de una semana dada la burocracia del sistema sanitario y en caso de dar positivo, sería altamente posible que alguno de sus veinte alumnos pueda también tenerlo.

El acceso a alimentos es una de las principales preocupaciones para las comunidades más vulnerables de Washington DC. Lugares como Martha’s Table normalmente proporcionan alimentos y educación a ese sector de la población y dada la contingencia nacional han duplicado esfuerzos.

Sólo en 2019 este recinto recibió más de 162 mil visitas para obtener servicios de comida, hoy el coronavirus ha puesto a la organización a resolver la crisis financiera con la que miles de citadinos tendrán que lidiar. Por ello ya anunciaron que para el resto de marzo y principios de abril destinarán 300 mil dólares para satisfacer necesidades alimentarias de la población.
Foto: Martha’s Table
La población trabajadora, los pequeños propietarios, los pobres urbanos, las mujeres, los ancianos corren peligro. 

La lavandería Cardozo ubicada en el barrio Columbia Heights con alta presencia afroestadounidense y latina suele estar abarrotada todos los días. Cotidianamente ocupar una de las doce lavadoras en días de afluencia puede tomar hasta veinte minutos, tiempo de espera que no resulta tedioso considerando que las y los vecinos encuentran acompañamiento en las telenovelas, partidos de fútbol y noticias locales y nacionales transmitidas en las pantallas sintonizadas tanto en español como en inglés.

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Hoy la lavandería está vacía, el dueño, un afroestadounidense de unos 60 años, está triste y preocupado, no sólo por sus ingresos durante las próximas semanas sino por su futuro durante los próximos años, viendo la tele de su local vacío me dice que le entristece que en este contexto, su candidato, Bernie Sanders, pueda no llegar a la Casa Blanca.
lavandería vacía en Washington
lavandería vacía en Washington

El estado de emergencia sucitado por el Coronavirus a nivel global, no solo puede entenderse en términos biomédicos; se trata ante todo de una crisis social en la que se ha puesto de manifiesto la desigualdad social y la incapacidad de las principales potencias del mundo para actuar oportunamente.

La pandemia ha mostrado en pocas semanas la devastación producida por el neoliberalismo en países en dónde la privatización del sistema de salud público fue llevada hasta sus últimas consecuencias, y donde los sistemas de seguridad médica, así como de jubilaciones y pensiones han recaído en las espaldas de los más desprotegidos.

Otro tanto podría decirse del sistema de infraestructura sanitaria y de investigación científica actualmente en manos de consorcios farmacéuticos dedicados a extraer beneficios de los derechos habientes antes que priorizar a la salud como un derecho fundamental.

En Estados Unidos se calcula que al día de hoy 27 millones de personas no cuentan con un seguro de salud, lo cual se traduce en que una prueba de detección para saber si son portadores del coronavirus podría llegar a costar miles de dólares a un estadounidense promedio, mientras que ser contagiado podría costarle la vida o en el mejor de los casos, quedar en la calle.

Esto no sería nuevo en Estados Unidos pues la deuda médica en el país asciende a 81 mil millones de dólares.

Gustavo es uno de los millones que en Estados Unidos se enfrentan a las consecuencias del neoliberalismo y sea de paso, del imperialismo estadounidense.

A sus 23 años emigró de Bolivia buscando lo que las grandes narrativas decían que era posible, «el sueño americano».

Ser sonidista, músico, pequeño empresario fueron cosas que a pesar de la discriminación y los incontables esfuerzos de por medio, consiguió. Tiene 42 años, ya es ciudadano estadounidense y fundó su empresa.

En sus fines de semana se solidariza con las causas injustas tocando lo mismo su jarana que sus sampoñas, deleitando a su público con su son jarocho o música andina. No obstante, en las primeras dos semanas de marzo ha estado a punto de perderlo todo.

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Las convenciones internacionales de las que suele ser sede Washington y en donde Gustavo trabaja en el área de audio, han sido canceladas; los eventos musicales en los que participa y colabora, también. Tiene una renta que pagar, dos hijos que alimentar y además, protestas que organizar.

Pero no sólo eso, el golpe de Estado en Bolivia no sólo atravesó tanto su vida personal como la de su familia de origen indígena, a la distancia esta situación no lo dejó de brazos cruzados ni a él ni a un gran sector de la comunidad boliviana que ha salido a condenarlo en el área metropolitana de Washington.

Sin embargo la emergencia sanitaria también ha afectado las movilizaciones que denuncian la complicidad de la Organización de Estados Americanos con la oligarquía boliviana.

Luis Almagro podría ser reelecto como secretario general y el estado de emergencia decretado en la capital estadounidense pone en duda la viabilidad de una protesta en este organismo internacional, apenas a unos pasos de la Casa Blanca.

Gustavo ha tenido que postular a beneficios de desempleo, evalúa conseguir una tarjeta de crédito y en apenas en un par de días ya ha estado revisando todos los trabajos posibles en el área metropolitana.

Aunque el panorama es desolador, conforme pasan las horas, menos gente en las calles, más despidos, menos empleos y más deudas en los bancos.
Al momento en el que se escribe este artículo al menos 100 personas han muerto por coronavirus en Estados Unidos y al menos hay 5359 casos de esta enfermedad confirmados por agencias de salud estatales y locales.

La pandemia del Coronavirus es por mucho, la primera que paraliza al mundo occidental y a su economía de manera tan profunda.

Las películas de ciencia ficción y los libros de distopías que en otro tiempo nos mostraban el ocaso de poblaciones enteras frente a virus que escapaban del control de los laboratorios secretos, hoy han quedado rebasados.

No horroriza tanto a nuestras conciencias el presente virus y la probabilidad de que se desarrolle próximamente un antídoto, como las nuevas epidemias por venir y los próximos desastres naturales producidos por la mano de los seres humanos.

En un escenario de cuarentena internacional, donde diversos países decretan estados de excepción y aprovechan las medidas de emergencia para disolver el descontento social, donde los aspectos que amenazan la convivencia, como el racismo y la xenofobia vuelven a reaparecer, pero sobre todo donde los mas desprotegidos serán las primeras víctimas, todo apunta a el sistema económico es la verdadera amenaza.

*Periodista independiente. Ex corresponsal de Telesur en Washington.

Twitter: @alinaduarte_