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“El holandés más mexicano” es un testigo que ha capturado desde diversos ángulos las transformaciones del México de los años 60 hasta ahora

Por Sofía Ortíz Laines 

Regeneración, 27 de febrero del 2019.-Las imágenes y las fotografías en el contexto contemporáneo son elementos culturales populares, producidos y reproducidos, la mayoría de las veces a través del lente de la cámara del teléfono celular. Este desarrollo tecnológico ha sido tan impactante e influyente que de cierta forma ha relegado el papel que fungían los fotógrafos como agentes creadores. No obstante, la importancia de estos sujetos radica, justamente, en la construcción de una imagen que empata o difiere con ciertos discursos políticos y sociales.

Dicho lo anterior, la fotografía ha estado inmersa en debates que interfieren con su valor artístico, el siglo XIX fue testigo y cuna de esta problemática. Al ser entendido como un producto “hecho” por un instrumento mecánico y no como mera composición “artística” intervenida por el hombre, se desacreditó su funcionalidad, pero en consecuencia, se le adjudicó un nuevo valor por el que sería reconocida: ser el reflejo de la realidad. Frente a una visión elitista del arte, la creación fotográfica sólo cumpliría como apoyo a las ciencias en su quehacer al considerarse como una herramienta muy útil que mostraba la realidad del mundo. Ahora bien, durante el siglo XX, no se negaba que la foto imitaba al entorno, lo realmente importante fue distinguir qué era referente (intencionalidad) y qué era la realidad. La fotografía entonces, fue entendida como el artefacto que no representaba al mundo como tal, sino sólo un fragmento, elegido y confeccionado por el fotógrafo.
La foto puede ser considerada como un instrumento o una fuente que puede revelar información del momento en que fue producida, cómo fue producida, cuál fue su alcance o recepción, qué valores socioculturales quisieron ser trasmitidos a través de ella y cómo dotó de sentido a una determinada realidad colectiva. En ese sentido, si se plantea que la fotografía es un objeto con un trascendencia histórica, habría que enfatizar en las medidas de conservación que ésta requiere. Los archivos son espacios encargados de preservar y resguardar documentos para una oportuna utilización, y para cumplir con sus propósitos, requieren de una serie de gestiones presupuestales por organismos encargados de mantener la memoria y el patrimonio de la humanidad en buen estado. Esta misión debería ser realizada en su totalidad, sin embargo, la situación de los archivos públicos en el país revelan cierta o mucha precariedad en el asunto, pues las medidas administrativas y de voluntad política de ciertas instituciones no constituyen un alivio en su estructura y funcionalidad.

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La Fonoteca Nacional y la Filmoteca de la UNAM son las principales referencias de espacios que se dedican a resguardar acervos en América Latina, así como el Laboratorio Audiovisual de Investigación Social del Instituto Mora, institución académica que dio forma al Sistema de Información para Archivos Fotográficos, un esfuerzo de investigación, teoría y práctica documental. Con relación a los archivos privados, el esfuerzo y las problemáticas también son constantes, pues las necesidades se cubren a través de un individuo, como el caso del fotógrafo holandés Bob Schalkwijk, cuya trayectoria en México inició en 1958, hasta nuestros días.

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La pasión de Bob en la realización de su trabajo, dio como fruto la conformación de un acervo muy amplio, prácticamente de toda la república. Ha sido reconocido por sus fotografías de la Sierra Madre Occidental con los rarámuri, y por su colección referente a los Juegos Olímpicos “celebrados” en la capital en el año de 1968. El archivo de este multifacético fotógrafo comenzó siendo un pequeño cuarto oscuro, hasta pasar a conformarse en un estudio completo, ubicado en Coyoacán, en el enigmático y al parecer embrujado callejón del Aguacate. El equipo de Bob se compone por tres o cuatro personas que digitalizan, editan, catalogan, clasifican y promocionan sus miles de fotografías. Las más representativas podemos encontrarlas en libros o revistas de Historia, Arquitectura o Arte. No obstante, la difusión de su labor no se ha quedado en lo impreso pues se han realizado exposiciones de sus obras en museos representativos de la Ciudad de México, en los que se ha dado muestra de los principales ejes temáticos que orientan su trabajo: la vida cotidiana y la arquitectura.

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Años de esfuerzo, viajes y dedicación han constituido el gran archivo de Bob Schalkwijk, que ha sobrevivido gracias al interés de diversos medios e instituciones que se dedican a la investigación, solicitando la compra de sus icónicas fotos de productos de época, mujeres, paisajes, entornos urbanos, vida cotidiana, etcétera. La experiencia en la clasificación y preservación de material fotográfico lo posicionan como uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX.

“El holandés más mexicano” es un testigo que ha capturado desde diversos ángulos las transformaciones del México de los años 60 hasta ahora. Sin duda, un repositorio con una riqueza inimaginable.

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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