‘Inundaciones son causa de la extrema urbanización’: expertos de la UNAM

Según estudios recientes, es posible que la extrema urbanización en la Ciudad de México ejerza una influencia en cómo llueve, dijeron en conferencia David K. Adams y Elda Luyando López, investigadores del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Regeneración, 6 de septiembre de 2017.- En conferencia de prensa, los especialistas señalaron que hasta ahora los datos estadísticos con los que se cuenta no permiten asegurar que hoy existan mayores precipitaciones pluviales que las del pasado en todo el país, incluyendo Ciudad de México. Las lluvias de los días recientes, aunque fuertes, no son atípicas, debido a la temporada normal de precipitaciones en el país y en la capital, aseveraron.

Por esto, aunque las lluvias en Ciudad de México no reportan un comportamiento anormal respecto de su cantidad histórica, la aglomeración urbana, el incremento de superficie pavimentada y la reducción de espacios para la recarga de los acuíferos constituyen las causas de las inundaciones en la capital del país, señalaron David K. Adams y Elda Luyando López, investigadores del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Advirtieron que debido a estas condiciones, han hecho que en la actualidad las lluvias se presenten como eventos más cortos y de mayor intensidad, muy posiblemente generados por la urbanización de la ciudad.

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Los investigadores universitarios aseguraron que la Ciudad de México, era una cuenca, eran lagos que se drenaron para evitar que las inundaciones fueran intensas y decidieron deshacerse del agua.

“En la ciudad se hacen esfuerzos ingentes por mantener en funcionamiento las estructuras hidráulicas, se detiene el agua con vasos reguladores en las montañas y se realiza todo tipo de manejos para que no se anegue. En el momento en que desaparezcamos como ciudad, que será en cientos o miles de años, ésta regresará a ser una cuenca lacustre”.

De acuerdo con observaciones satelitales –dicen los especialistas- desde hace décadas hay una tendencia a que sean más fuertes, en particular en la Ciudad de México.

Lo que sucede -afirman- es que no hay infiltración, no se recargan los mantos acuíferos y esta agua que precipita en lugar de infiltrarse escurre por la calle, llega a las alcantarillas, muchas veces se encuentra con basura y la zona se inunda; o bien, si no hay basura, llega a las alcantarillas y rebasa el drenaje.

David Adams sostuvo que este tipo de precipitaciones continuaría aunque la mancha urbana no influyera en su magnitud, o no existiera el calentamiento global. “No son anormales, tienen más relación con el crecimiento tan absurdo de la ciudad”.

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Por su parte, Luyando López resaltó que son innegables las señales de extrema urbanización en la capital mexicana, pues cada vez son menos las áreas verdes y más las zonas impermeables. El problema de fondo es la manera en que ha crecido la ciudad, por lo que este agua que se precipita, en lugar de infiltrarse, se escurre por la calle, llega a las alcantarillas, (que) muchas veces se encuentra con basura, y la zona se inunda. O bien, si no hay basura, llega a las alcantarillas y puede rebasar la capacidad del drenaje.

Destacó que desde mediados del siglo pasado la urbe creció de manera desmedida y las zonas que eran de conservación y de infiltración de agua se cubrieron de pavimento y de cemento y se habitaron. Pero, agregó, desde la época de los aztecas estaban presentes estos problemas de tormentas e inundaciones.

Luyando López recordó que el lugar donde se fundó Ciudad de México era lacustre. Esos lagos fueron drenados para evitar inundaciones y dar paso a asentamientos humanos, pero el agua tiene memoria. Hasta ahora no ha regresado porque la estamos deteniendo con bombeo y con vasos reguladores en las montañas, para que esto no se inunde, añadió.

Con información de: DGCS UNAM