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El joven invidente José Antonio López Gutiérrez, presentó su examen profesional en la Facultad de Música de la UNAM, con un concierto de piano que los sinodales calificaron de impecable y otorgaron la mención honorífica.

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Regeneración, 13 abril 2017.- Hace unos días, el joven invidente José Antonio López Gutiérrez (Ciudad de México, 1988), presentó su examen profesional en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con un concierto de piano que los sinodales calificaron de impecable y le otorgaron la mención honorífica al alumno.

La noticia corrió como pólvora en la comunidad universitaria y causó orgullo entre los estudiantes.

Toño, como lo conocen sus compañeros, es invidente. A mediados de los años 90, era complicado hallar una escuela de música en la Ciudad de México. La madre de Toño se enteró de que en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, hoy convertida en facultad, la maestra Adriana Sepúlveda instruía a pequeños con alguna discapacidad.

La profesora Adriana aplicó una prueba a José Antonio. Le pidió que tocara algo. El pequeño eligió Danubio azul, de Strauss, pieza que había aprendido de oído. Cuando Sepúlveda lo escuchó, dijo al niño de nueve años y a su madre, sin más preámbulos: Los espero el próximo lunes para comenzar a trabajar.

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Toño obtuvo el título de licenciado en música, especializado en piano, con un recital inolvidable para los que asistieron: los 12 preludios y fugas del Clave bien atemperado volumen uno de Johann Sebastian Bach (1685-1750), el cual fue perfecto, sin una nota falsa, como consta en actas.

El concierto duró poco más de una hora, recibió una larga ovación, además de mención honorífica del jurado. Luego de rendir protesta, fue agradecer a la UNAM por abrir sus espacios educativos a alumnos invidentes y se comprometió a engrandecer el arte musical.

De acuerdo a la entrevista que concedió al diario La Jornada, José Antonio reconoce que le costó trabajo encontrarle el gusto a la música académica, fue difícil acostumbrar mi mente y mis oídos, pero no me tomó mucho tiempo. A los 11 años de edad ya me habían atrapado Chopin y Mozart. Fue otro mundo. Con el tiempo me comenzaron a gustar también los compositores mexicanos, como Manuel M. Ponce.

Dice tener aprendidas unas 15 o 20 obras, prosigue. “Por supuesto he estudiado miles, y para presentar un concierto tendría que estudiar algunas con anticipación.

“Desafortunadamente en México hay poca musicografía braille. Tenemos que solicitar las partituras al extranjero y a veces es muy tardado, por lo que en ocasiones debemos transcribirlas, lo cual también toma mucho tiempo.

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“Por ahora me ha funcionado tener la ayuda de alguien y trabajar de oído, pero hay partituras que lleva hasta dos años estudiar, pues hay que memorizarlas. “Esa fue la principal dificultad a la hora de estudiar: buscar a alguien que me ayudara y tener que adaptarme a sus horarios para que pudiera leerme.

Toño prefiere hablar de las cosas que disfrutó durante sus estudios en la Facultad de Música: Lo mejor de estos años en la UNAM fue la convivencia con los compañeros, y con los maestros, por supuesto, porque me tocaron siempre profesores muy accesibles, con una forma de dar clases amena y apasionante. También llevé materias teóricas, hubo que leer mucho.

La madre de José Antonio, Teresa de Jesús, es su incansable compañera. Ella debió aprender a leer partituras para acompañar los estudios de su hijo, lo que disfrutó porque en su juventud incursionó en la música; tocaba el acordeón.

“Mi mamá siempre creyó en mí. Aunque no siempre sucede que los padres apoyen. Por ejemplo, soy maestro de una banda de músicos, pero ninguno de los integrantes se dedica profesionalmente a la música, porque en sus familias todavía creen que de la música no se vive. Los apoyan para estar en la banda, pero a cambio les exigen estudiar otra carrera.

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Prosigue, “por eso recomiendo siempre a los padres que crean en sus hijos si tienen la vocación de la música o cualquier otro talento, sean ciegos o no. Hay que atreverse, que no se desanimen, que los apoyen; eso es invaluable.

El siguiente reto de José Antonio López Gutiérrez consiste en cursar la maestría en órgano, instrumento que le parece “muy imponente, sobre todo cuando se manejan los pedales; hay que tener bien localizadas las notas para poder tocar, y además utilizar los pies para tocar una melodía. Eso me impresiona, quiero investigar y aprender al respecto.

“Luego de la maestría en órgano quisiera hacer mi doctorado en clavecín. Experimentar, trabajar y poder compartir mis conocimientos es lo que sigue después de haber obtenido la licenciatura. Los músicos debemos seguir luchando para que nuestra profesión sea más valorada. Creo que vamos ganando”, concluye.

 

Con información de La Jornada

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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