La “unificación” de la derecha boliviana

Artículo de opinión sobre la unificación de la derecha boliviana para las elecciones del próximo 18 de octubre

 

La “unificación” de la derecha boliviana

José Luis García Hernández*

 

La renuncia de Jeanine Áñez a la candidatura a la presidencia de Bolivia el pasado 17 de septiembre reconfigura todo el mapa político de cara a las elecciones generales en el mes de octubre.

 

Recordemos que a principios de este año, Áñez anunció su candidatura argumentando que había tomado esta decisión debido a que el resto de los partidos no habían logrado la unidad necesaria para enfrentar al Movimiento Al Socialismo (MAS). En aquella ocasión Carlos Meza, quien era el principal opositor a Evo Morales, figuraba como tercera fuerza. Elecciones que fueron pospuestas por la pandemia provocada por el Covid-19.

 

A tan sólo unas semanas de las elecciones, Áñez, presidenta autoproclamada tras el golpe de Estado de noviembre de 2019, representante de la ultraderecha boliviana y grupos evangélicos no logró un verdadero apoyo de los grupos que la llevaron y han sostenido en el poder estos meses. El mal manejo de los recursos públicos, los escándalos de corrupción, el proceso de juicio por responsabilidad, que se está planteando desde el poder Legislativo, por las masacres de Senkata y Sacaba sólo son un reflejo de la inestabilidad política que no le es favorable al gran capital y que podría acentuarse si ella se mantuviera en el poder.

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La presidenta de facto, en su mensaje a través de sus redes sociales y rodeada de su equipo de trabajo, anunció que su renuncia era un “homenaje a la libertad y a la democracia”, que el voto no podía estar divido entre varios candidatos, generando que el MAS ganara las elecciones. Llamó a la unidad de lo que ella considera el voto democrático para evitar el retorno de Morales, pues diversas encuestas posicionan a Luis Arce por encima de Carlos Meza y la propia Jeanine Áñez.

 

Frente a este escenario han surgido las hipótesis de una posible alianza entre los grupos de la derecha y la ultra para cercar al MAS, lo cual era sumamente probable que ocurriera. ¿A poco creíamos que la ultraderecha iba a soltar por la vía democrática el poder que arrebató y se fincó con fuego y sangre? Le costó años recuperarlo, se sumergió en un proceso de formación de una base de apoyo a través de la creación y difusión de grupos evangélicos, esperó el momento indicado:  un desgaste del MAS y de la figura de Evo Morales, y que supo aprovechar ante el descontento popular por la reelección de Morales.

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El poder que se ha construido en Bolivia a través del miedo y la sangre no se soltará tan fácil, y menos con unas elecciones supuestamente democráticas. Es evidente un posible fraude electoral. Aunque la derecha y la ultra le están apostando a una segunda vuelta que termine por unir a todos los grupos opositores, se necesita más tiempo para que el gobierno siga desplegando su aparato represor y desmovilice un posible levantamiento indígena-popular en contra del fascismo, se necesita más tiempo para lograr una inhabilitación del MAS. Por lo pronto, ha logrado cancelar la candidatura para la senaduría de Cochabamba de Evo Morales.

 

¿Se podría apostar por un levantamiento popular? Al parecer el MAS está tratando de ser bastante cauteloso, y en ese intento paró un movimiento que se estaba gestando después de unos meses de confinamiento por la emergencia sanitaria. En las siguientes semanas sabremos si fue una decisión acertada para acabar con el fascismo en la región latinoamericana.

 

* Maestro en Sociología Política. Integrante del Centro Académico de la Memoria de Nuestra América (CAMeNA) de la UACM y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.