Luchar mientras se estudia

Por Luz Nieto.
 
Hace cuarenta y tres años del brutal asesinato de estudiantes y familias en la Plaza de Las Tres Culturas.

Y si Dos de octubre, no se olvida, tampoco la lucha estudiantil en defensa de la educación pública.

Por ejemplo, la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, en 1963, impulsó la Declaración de Morelia con los principios básicos de la lucha por una educación pública al servicio de la patria y por transformaciones democráticas en el país. Elementos centrales del movimiento de 1968:

Estamos en contra de una educación que (…) se sitúa en abierta contradicción con los intereses populares, que nos trata de inculcar un “humanismo” que considera “hombre” al hombre de negocios, al banquero próspero, al gran comerciante y, en fin, a todo aquel que tiene dinero producto de la explotación a que está sometido nuestro pueblo; el “humanismo” que desprecia al obrero, al campesino, que discrimina al indio; el “humanismo” que pregona el desprecio al trabajo y predica la holganza y el parasitismo, el ascender en la “jerarquía social” y el “prestigio”, como objetivos vitales de la juventud; el “humanismo” que enseña (…) a no tener escrúpulos, a ser mezquinos y mercantilistas…

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Se pretende producir hombres y mujeres (…) deshumanizados (…) piezas (…) de la maquinaria que la clase social dominante requiere para (su) lucro.

El camino señalado por los estudiantes, de ruptura con un régimen autoritario, individualista y mercantilista en la educación, ha sido recorrido por miles de jóvenes latinoamericanos.

Mucho trecho hay que andar para lograr una verdadera reforma educativa, que ponga en el centro los principios en que se basó la defensa de una educación pública universal, gratuita, laica, democrática y nacional, hecha por los valerosos representantes del movimiento estudiantil de 1968.

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