Opinión: Amarande y las muchas violencias

Por Ana María Vázquez

RegeneraciónMX.- Abrió los ojos, sentía el plomo de su cuerpo como todas las mañanas, y también, como todas las mañanas deseó no haber despertado, tendría que remontar una vez más el día a día.

Vio su cuerpo desnudo por primera vez en años, no se había atrevido a hacerlo, aunque era fuerte, “eso” no había podido superarlo. Apenas se distinguía la marca de cigarrillo apagado entre sus senos, habían pasado varios años, pero en ella, ese rastro físico era el símbolo del derrumbamiento de su espíritu y a la vez, la memoria viva de la furia con la que peleaba judicialmente su caso, pasó su dedo por la cicatríz.

Los recuerdos la abofetearon y la pesadilla que la acosaba dormida reveló sus recuerdos ante su imagen en el espejo: la fiesta en la oficina de abogados, siendo ella una joven litigante; dos compañeros que la invitan junto con su amiga un par de tragos antes de irse, luego, luchando con el torso desnudo contra esos dos que finalmente la violan. Los golpes la hacen perder el conocimiento y para cuando despierta está sola en una habitación y golpeada. Consigue que le presten un teléfono para llamar a su casa, era diciembre de 2016. 

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Siete años después, irónicamente los casos que defiende son también de mujeres víctimas de violencia sexual y también, como en el suyo, la apatía de las autoridades, la revictimización y por si fuera poco, el no respetar la protección de datos la obligan a hacer público su caso.

Fijó un video en sus perfiles de Twitter e Instagram el 16 de diciembre del 2021 por su propia protección ya que sus agresores son personas públicas, ahí, denunció a Javier Lozano Ponzanelli (hijo del exsenador Javier Lozano y Gabriel Castañeda Gómez-Mont (hijo del ex titular de la STPS)

Poco o nada ha pasado a su favor desde entonces, la justicia “pronta y expedita” no ha llegado y más aún, Lozano y Castañeda han sido “premiados” al nombrárseles socios del despacho “Nassar Nassar”, el mismo despacho donde ella fue drogada y violada.

El pasado 8 de Marzo, miles de mujeres gritaban justicia. A diario y sin importar la clase social, los distintos tipos de violencia a la que estamos sujetas y que a veces hasta normalizamos sigue siendo la constante; casos como el de Amarande Riojas siguen empantanados, esperando que el tiempo silencie su voz, que la figura juvenil que hoy ve en el espejo se seque, se calle, enmudezca.

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En su discurso acerca del 8M, la ministra Norma Piña dijo: “en el Poder Judicial Federal nos toca guardar silencio, escuchar a las mujeres que marchan, que gritan en las calles (…)”

Y dice bien, el Poder Judicial y TODOS los poderes siguen callando al tiempo que más mujeres son violentadas, mientras no se investiga con perspectiva de género, mientras la justicia no llega a los hijos de los poderosos y mientras los feminicidios son disfrazados de suicidios… y el poder judicial, solo calla y escucha o hace como que escucha y comete con ello una más de las violencias con las que tenemos que luchar, la de la indiferencia.

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