#Opinión: Aquellas Flores

Por: Ana María Vázquez

RegeneraciónMx.-Recuerdo que mi madre me contaba que cuando era niña, le gustaba cortar las flores del campo y adornarse la cabeza con ellas, luego, poco a poco los campos fueron mostrando otra cosa; militares, chinos y de vez en cuando gringos que llegaron a supervisar la siembra, algunos eran militares, pero otros no, estos últimos más bien parecían dueños, llegaban en autos de lujo y causaban sensación ya que en aquella época, el transporte era en burro o a pie.

Mi abuelo trabajaba en el ferrocarril, y de vez en cuando les contaba de los cargamentos que se llevaban en tren, atravesando el país para Estados Unidos; prohibió a mi madre volver al campo un día que la vio con un gran ramo de flores, le habló de los militares y de las zonas que tenían a cargo por el gobierno gringo y que estaba prohibido el paso, ella, jamás volvió, pero añoraba esas flores en su cabeza.

Luego, ya adolescente supo de una ley que prohibía el cultivo porque “degeneraba la raza”, en ese entonces, solo en algunas “boticas” (no había farmacias) podían ser comercializados los productos derivados de las hermosas flores. El consumo de ciertos productos estaba estigmatizado “solo para los sardos” (así se les llamaba despectivamente a los militares).

Ya en la ciudad de México y recién casada, volvió a ver a los “chinos” y supo mantener distancia de los fumaderos, cuya zona en el centro de la capital quedaba muy cerca de su casa. Volvió a ver sus añoradas flores en algunas zonas de Xochimilco, pero en áreas restringidas y a lo lejos, suspiraba por su infancia perdida en aquellos campos llenos de flores. Todo seguía estigmatizado y los delitos entonces eran por todo, menos por narcotráfico.

Poco a poco, los descendientes de aquellos blancos en coches de lujo expandieron el negocio familiar y poco a poco, las exigencias de más producción se hicieron evidentes, los campesinos, cansados de la explotación comenzaron a trazar sus rutas para evitar a los intermediarios, reclamando una tajada del pastel que otros se llevaban completo, el mercado comenzó a inundarse, pero aún existía el estigma, sobre todo en México.

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Durante la guerra, los Nazis encubiertos, entraron al mercado mexicano, pero en 1942 Estados Unidos intervino y fueron desplazados a Argentina apoyando para ello a los pobladores del norte del país para tener una zona exclusiva a la que llamaron “triángulo dorado”, en esas zonas comenzó a proliferar la alta delincuencia, la prostitución y la venta a precios privilegiados de la mano del gobierno vecino.

Hacia los años 70 la proscripción del consumo de “baja estofa” fue cedida al consumo de élite, llegó la cocaína como una droga que ya se usaba en tónicos, remedios para la tos, el asma y como regenerador cerebral ya que prometía lucidez y largas horas de trabajo sin cansancio. Freud fue uno de los que, después se supo, recomendaba el uso de esta sustancia. En México, el consumo de marihuana seguía estando proscrito y era señalado como elemento clave para detectar comunistas.

Los hombres de automóvil lujoso dejaron de venir a México, en su lugar eran los intermediarios mexicanos los que comenzaban a tomar el control, se acuñó la palabra cártel, para identificar a los diversos grupos y familias que comerciaban y muy pronto, la droga elite corrió como moda entre actores de los dos lados de la frontera, con mucho, personalidades del medio artístico contribuyeron a dar status al consumo de cocaína.

El negocio florecía al amparo de las autoridades de ambos lados que ahora exigían su derecho de aduana para dar paso libre a los cargamentos que iban de todas partes de la república pero que se concentraban principalmente en el norte.

El auge de drogas nuevas dio paso al LSD; Lyndon B. Johnson reclamó a Díaz Ordaz que la Convención Única sobre Estupefacientes no se estuviera cumpliendo, a lo que Díaz Ordaz respondió: “México es el trampolín de la droga hacia Estados Unidos, cierren su alberca y se acaba el trampolín.

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Los productores mexicanos ya habían logrado sintetizar la cocaína en laboratorios clandestinos y la producción, aunque de forma casera y con elementos tan nocivos como veneno para ratas, se industrializó, sin embargo, al correr del tiempo el boom de la cocaína fue suplido por la heroína y principalmente el fentanilo, creado en Estados Unidos y aprobado para su uso médico.

Esta droga, fabricada por Paul Janssen (¿recuerdas los laboratorios Janssen?) prometía aliviar el dolor sin crear adicción y muy rápidamente se convirtió en el narcótico estrella de los opiáceos; muy pronto, los productores mexicanos dieron con la fórmula y junto con el mercado chino (del que jamás se alejaron del todo) comenzaron a producir sus propias marcas inundando el mercado norteamericano.

Los negocios que han crecido a lo largo de esta industria van desde armas, tráfico de personas, delincuencia de cuello blanco, cárteles que luchan por el control de los territorios, violencia (que también es un negocio cuando por ejemplo de cobrar piso se trata), hasta las agencias internacionales cuyo fin, se dice es el acabar con el tráfico pero que, al final pretenden el control total de la producción.

Hoy, tanto personas como industrias y hasta gobiernos han encontrado en el negocio de las drogas un fuerte sustento en el que están envueltas personalidades, mandatarios, ex agentes federales y muchos más.

No son los consumidores, no son los campesinos, ni los productores ni los grandes capos, es la sociedad en su conjunto que, de una forma u otra, persigue poder y riqueza a costa de la sangre de los inocentes.

Mi madre murió añorando las flores infantiles en su cabeza que un día, la mano de la ambición desmedida le arrancó.

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