Opinión: Diálogo con los escépticos, Segunda Parte

Por Ramiro Padilla Atondo

RegeneraciónMx.- Como comenté en el artículo anterior, tuve hace un par de semanas una suerte de diálogo-debate con grupo de ciudadanos de mi ciudad cuyo membrete puede ser “apartidista” pero la realidad es que están cargados a la derecha.

Puedo decir que al principio el diálogo fue cortés hasta que empezamos a hablar ahora sí de nuestras diferencias. Soy un tipo reflexivo. Cuando se me invitó no sabía bien a bien de que se trataba el asunto. Se me permitió exponer mis puntos de vista hasta pasar a una sección de preguntas y respuestas. Allí fue donde me di cuenta que a pesar de que es el español nuestra lengua común, fuera de eso, las diferencias entre ellos y yo son abismales.

Diferencias en cosmovisión y sobre todo lecturas. No entendían que era un medio hegemónico, colonialismo cultural o poderes fácticos. Era como si estuviese intentando dar clases a un ruidoso grupo de secundaria. Entendí más que nunca que tan internalizados tienen este tipo de conceptos, como “La ley es la ley”, o cuando me exigían que respondiese con un simple sí o no a la estrategia del presidente de abrazos no balazos. No podía desarrollar su pregunta porque estaban totalmente cegados a asuntos que deben analizarse de manera más profunda.

Cuando hablo de internalización de conceptos me refiero de manera específica al sesgo cognitivo trabajado desde el neoliberalismo con su paradigma de la visión única.

LEER MÁS:  Les cae la Guardia Nacional con 100 mil litros de gasolina

¿Qué significa esto? Significa que a pesar de haberles explicado por medio de una reflexión exhaustiva acerca de mis lecturas comparadas de Enrique Dussel, de Eduardo Galeano, de Guillermo Bonfil Batalla, de Mark Fisher, de Byong-Chul Han, de Enrique Serna y su Genealogía de la soberbia intelectual, me descubrí intentando arar en el desierto. Me acusaron de tratar de impresionarlos con libros, de dar un perfil “intelectualoide a mis mentiras”.

Imaginen ustedes poner en la misma liga a Galeano y López Dóriga, a Dussel y Loret etc.

Era simplemente un diálogo de sordos. Solo fui a confirmarle a ellos sus prejuicios construidos desde la información que consumen. Información, que no tiene nada que ver con la reflexión. Una simple reproducción de comentarios genéricos intercambiables.

Este intercambio era básicamente una necesidad de probarle a alguien de la 4t que tan equivocados estamos y que desastroso es el rumbo que lleva el país.

Conceptos como “El imperio de la ley” que sonaba autoritario en sus labios, ¡La ley es la ley! Me decían con algo de rabia. Intenté explicar sin mucho éxito la diferencia entre legal y moral pero ya no escuchaban.  Hubo incluso quien me preguntó por los niños muertos en Ucrania a lo que le contesté si también le preocupaban el medio millón de niños que perecieron en Irak, los que murieron en Yemen o Siria, o si nos ateníamos a nuestra realidad, los miles de niños que murieron en la guerra contra el narco desatada por Calderón (murió un niño cada día y medio en promedio), o solo le preocupaban los niños rubios.

LEER MÁS:  AMLO celebra rescate de 3 mil inmuebles históricos dañados por sismo 19s

Pero estas preguntas que yo formulaba basadas en datos que surgieron de la cantidad de libros que he tenido que leer no importaban. Importaba más su rencor hacia un nuevo gobierno que los ha desplazado de la centralidad del poder. Como ya las cartas estaban echadas, les dije; acostúmbrense. Morena llegó para quedarse cuarenta o cincuenta años.

Y no creo que nadie en su sano juicio diga; me iba super mejor cuando ganaba 88 pesos al día y los políticos compraban castillos en Francia. En fin. Cada quien ve la realidad desde la torre de su soberbia, o desde el sótano de sus prejuicios. Termino diciendo el viejo y conocido refrán; ¡Si ya saben como soy para que me invitan!

Excelente semana.

Sigue a Ramiro Padilla en Twitter como @ramiroatondo