#Opinión: La gran conversación de la Reforma Eléctrica

El epicentro de esa gran conversación en nuestros días es, sin duda, la propuesta de reforma constitucional en materia de energía planteada al poder legislativo desde el ejecutivo federal. 

La Reforma Eléctrica propuesta por AMLO se ha convertido en el epicentro de la conversación entre el pueblo, los empresarios y los medios de comunicación.

Por Molay Maza Ontiveros

RegeneraciónMx, 01 de febrero de 2022.- Dicen los que saben –y las que saben, también– que un gran cambio social inicia con una gran conversación. Esto se refiere a que, en una sociedad determinada, en un momento histórico especifico van surgiendo, poco a poco, los resultados y las consecuencias de los problemas, las inercias, los vicios, las costumbres, los hábitos, los tabúes que en tiempos pretéritos se mantenían subsumidos en el secreto, el misterio o el desconocimiento propio de la falta del análisis detallado y metódico. Como el agua que corre, remoja y derruye poderosas y sólidas estructuras desde los cimientos, la conversación va recorriendo la comunidad, va socializando un tema, varios puntos de vista convergen y desarrollan el debate, van superándose la ideas a sí mismas, se va constituyendo una opinión común y de poco en poco circula por los lugares de encuentro y socialización: las plazas, los molinos, los mercados, las escuelas.  Para bien o para mal, la conversación establece marcos de referencia y, en ocasiones, se establece como sentido común.  Puede ser la peste reaccionaria o la revolución, eso depende de muchos factores más. 

En nuestro México nadie ignora que la pobreza lacerante es responsabilidad del mal gobierno y la voracidad inescrupulosa de las élites económicas. Nadie ignora que los gobiernos del PRIAN saquearon al país durante más de tres décadas, sembraron la desigualdad y la polarización excluyendo a la mayoría social trabajadora del campo y la ciudad, de cualquier forma, o posibilidad de desarrollo económico, cultural o político. Convirtiendo derechos en mercancías y servicios sociales en lujos.

Para nadie escapa que la transferencia de riqueza que han implementado tiene como instrumento principal la chatarrización de la industria nacional y la privatización en manos de amiguetes y familiares que se enriquecen a costillas del Estado y con dinero que es del pueblo.  Esa ha sido una gran conversación que se mantuvo subsumida en la hegemonía del pensamiento único neoliberal, la administración clepto-fascista y la política reaccionaria de la burguesía cipaya y sus lacayos políticos de 1982 a 2018.

Sin embargo, la irrupción de una amplia mayoría social pluri-clasista y heterogénea cambió con su voto la correlación de las fuerzas políticas en el concierto de la democracia representativa liberal y acotada de nuestro país, recién nacida, por cierto, gracias a la ruptura del bipartidismo prianista. La aplastante mayoría que votó por Andrés Manuel López Obrador intervino el mapa político nacional y además puso sobre la palestra una gran conversación sobre lo público y lo privado, sobre lo común y lo particular, lo colectivo y lo individual. Aquello que bien se sabía, pero se callaba comenzó a ocupar la plaza pública posmoderna, los medios de comunicación, tanto los tóxicos tradicionales como los alternativos y los públicos. El epicentro de esa gran conversación en nuestros días sin duda es la propuesta de reforma constitucional en materia de energía planteada al poder legislativo desde el ejecutivo federal.   

La Reforma Eléctrica propuesta por AMLO se ha convertido en el epicentro de la conversación entre el pueblo, los empresarios y los medios de comunicación.
Fotos: Gobierno Federal

Por un lado, los defensores eternos de la expropiación que una ínfima minoría hace en contra de la inmensa mayoría social, salen a gritonear con sus megáfonos televisivos, vaticinando el fin del mundo y el declinar de la civilización si la reforma se aprobara, pues pretende reconcentrar la destazada empresa pública en una sola,  estará bajo control del Estado mexicano y eso le quita libertad al mercado y frustra la competitividad, que Dios nos agarre confesados si el interés público subordina al interés privado.  Se ataca desde posiciones de derecha a la reforma eléctrica por atentar en contra del interés de unos cuantos, empresarios extranjeros, por cierto, potentados del gran capital transnacional apurando un discurso que intenta asimilar la defensa de la propiedad privada frente al peligro de la estatización. Falsos son, como falsa es su sensibilidad medioambiental recién adquirida.

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El espíritu de la reforma eléctrica es la defensa de la propiedad privada, hay que avisar de esto a los reaccionarios neoliberales tan preocupados por el dinero de sus amos, la propiedad privada de las mexicanas y mexicanos de a pie que hoy pagan más por kiloWatt, por el consumo eléctrico de su casa, que las grandes empresas del señor conocido como el Diablo Fernández, caso más que documentado y que sólo es un botón de muestra de cómo los grandes oligarcas de nuestro país causan la abolición de la propiedad en contra de las grandes mayorías concentrando en sus garras la riqueza socialmente producida.

Para quienes se han enriquecido con injusticia, la propiedad es su privilegio de usar y destruir algo o alguien, recursos naturales, personas, animales o cosas. No importa, pues satisfacer sus impulsos es la libertad desde su entender. En contraposición estaría el criterio racional y ético, o racionalidad ética, mejor dicho, desde donde pensamos la propiedad privada como el deber de cuidar y distribuir los bienes de la naturaleza, las cosas producidas por manos humanas y donde las personas no son mercancía si no sujetas y sujetos de derecho.  La reforma energética plantea la reconstrucción de un bien público, común a la nación mexicana que, a través del Estado y su empresa, la Comisión Federal de Electricidad, debe cuidar la generación, distribución y el suministro de este servicio fundamental que debe convertirse en un derecho humano.

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Aun así, lo que subyace en la gran conversación de la reforma eléctrica que es, en realidad, la cuestión de la soberanía de la comunidad política y el papel del Estado como garante. Como pueblo de México, el bloque histórico de las y los oprimidos de una nación saqueada, estamos frente la posibilidad histórica de asumir el control libre de nuestro destino. Para lograrlo requerimos ejercer el poder político, en oposición al poder del gran capital, la única posibilidad de enfrentar ese gran poder, el del dinero, es el gran poder del colectivo social, el gran poder de la comunidad en defensa de lo público y del bien común, la herramienta civilizatoria que hemos creado para tal caso no es otra que el Estado, un Estado que actualmente está en disputa pero que puede ganarse, ganarse para usar al Leviatán en favor de la multitud y generar una transferencia de riqueza de las manos privadas a las públicas en beneficio de las mayorías, sólo así habrá soberanía. No se trata de patrioterismo nacional revolucionario, se trata de redistribución de la renta y satisfacción de derechos para lograr el bien vivir de todas y de todos. Esa es la gran conversación de nuestros días.

Ya vienen los grandes cambios….

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