Brasil 2014, el mundial del desencanto

Por: Jenaro Villamil | Homozapping

En 2007, cuando el gobierno de Lula gestionó la sede de la Copa Mundial de la FIFA para el país con más triunfos futbolísticos, en Brasil todo era un espejismo: el país creció en 7.5 por ciento anual hasta 2010, la nación andina estaba “de moda”, la bolsa de Sao Paulo ese mismo año subió 44 por ciento.

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Ahora, desde 2011 a la fecha hay un bajón económico. El rostro de la desigualdad –que nunca desapareció– y de las protestas sociales se han acentuado desde hace un año. No hay día que una manifestación opositora no se televise y se difunda a nivel global, en vísperas del inicio del Mundial, el próximo 12 de junio.

The Wall Street Journal lo resumió así en su reportaje del 28 de mayo: “El Mundial más caro llega en medio del desencanto de los brasileños”. Y no es para menos. Se invirtieron 11,500 millones de dólares en la copa considerada la más cara de todas. De esa cantidad, 3,600 millones de dólares son fondos públicos para los estadios.

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Sin embargo, la misma nota del rotativo advierte que la Copa Brasil 2014 sólo generará 380 mil empleos, la mayoría temporales, y de los 11,100 millones de dólares que se generará en publicidad, aerolíneas, hoteles y otros ingresos, el impacto directo para la economía de Brasil será menor a lo invertido: apenas 2 mil 200 millones de dólares.

Mal negocio, dicen los críticos de Dilma Rouseff. Los “memes” en redes sociales son muy claros: nadie come balones de futbol en un país con millones de pobres urbanos en sus favelas.

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Ni siquiera será el “gran distractor” en una nación que ama el futbol como a sí mismos. Así que el cálculo en México de un espectáculo que aminorará el debate sobre la reforma energética sólo es típico de quienes no saben separar el espectáculo deportivo de la realidad.

Las encuestas en Brasil son claras: si en 2008 el 79 por ciento consideraban buena idea que la nación andina fuera el anfitrión, ahora sólo 48 por ciento de los brasileños apoyan este despilfarro.

El gran beneficiado, como siempre, será la FIFA y la venta de derechos en televisión global. Por esta razón generó un miniescándalo en redes sociales la opinión de la hija de Joao Havelange, Joana Havelange, directora del Comité Organizador Local del Mundial.

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“No voy a hincar en contra, porque lo que tenía que ser gastado, robado, ya lo fue. Si había que protestar, se hubiera hecho antes…Anhelo ver un Brasil bonito. MI protesta contra la Copa será en las elecciones. Además, destruir lo que tenemos hoy no cambiará lo que sea hecho mañana”, escribió en su cuenta de Instagram.

Ante la polémica inmediata, Havelange borró su mensaje, pero quedó para el registro de la indignación y el desencanto de los brasileños que, aún siendo tan futboleros, no se dejan engañar por un Mundial del Desencanto.