#Desmontajes: “Sócrates y los gatos”: El testimonio teatral prohibido de Elena Garro sobre el movimiento estudiantil de 1968

Por Alexandro Guerrero

Sócrates A. Campos Lemus. In Memoriam

RegeneraciónMx.- En la colonia Juárez de la Ciudad de México, calle Lisboa número17, edificio que albergaba el departamento de María Collado, se encuentra aún el espacio donde se escondieron durante el mes de diciembre de 1968, Elena Garro y Helena Paz; ellas huían de las amenazas perpetradas por las fuerzas represoras del gobierno tras la matanza de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968.

“Sócrates y los gatos”, la obra teatral póstuma de Elena  como se ha dado en llamarle, es el testimonio de aquellos días. Elena Garro la escribió en 1969 y apareció a la luz en 2003, luego de ser resguardada en Argentina.  Con el énfasis en el delineamiento psicológico y simbólico de los personajes, Elena hace patente el problema original, la herida de México: desigualdad social y discriminación racial, el abuso y el odio descendiente de esta mezcla.

La metáfora principal de este texto, anclada en la figura del gato a modo trágico de mecanismo e inevitabilidad terrible, subraya la tortura a la que fuera sometido el líder estudiantil al que hace alusión el título de la obra; tortura para obtener la confesión que habrá de estigmatizar a Elena, que buscará aniquilarla simbólica e históricamente, pero no literariamente, como lo menciona la doctora Patricia Rosas Lopátegui en su descomunal trabajo titulado El asesinato de Elena Garro: Periodismo a través de una perspectiva biográfica, publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León en 2014 en una segunda edición aumentada.

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En 2007, en un diario de circulación nacional, la desaparecida crítica teatral Olga Harmony se lanzó con todo ante la posibilidad del montaje (finalmente no realizado) de la entonces Compañía Nacional de TeatroSegún Harmony, esta pieza de Garro era un enfermizo delirio de la escritora, opinión que lanzó la crítica sin argumento alguno ni investigación respecto a la postura de la autora, lo cual fue tremendamente irresponsable. A la postre, el sustento histórico (que, por supuesto, no se trataba de ninguna locura sino de una persecución) se iría develando en el citado trabajo de la doctora Rosas Lopátegui.

En Sócrates y los gatos Elena Garro se expone como personaje dentro de su propia dramaturgia, en una situación que históricamente tuvo lugar prácticamente a pie juntillas según lo que en la acción de la obra ocurre. En la ficción, es Elena el personaje de nombre Verónica y el personaje llamado Lely su hija Helena Paz. Estos roles fueron asumidos por Margarita Sanz y Paula Watson respectivamente en esta “primicia” aquel 2016, como definió a esta lectura la biógrafa y agente literaria de Elena, Patricia Rosas Lopátegui, que vio la luz por única vez con un elenco integrado además por: Paola Medina, Evangelina Martínez, Mercedes Olea, Jyasú Torruco, Sebastián Bonilla Rubín, Ares Hernández Sosa y  Héctor Holten.

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Lanzo dos preguntas en especial a 53 años del movimiento estudiantil de1968: ¿por qué este testimonio teatral ha sido tan poco difundido?, ¿por qué no hay institución ni productor privado que se arriesgue en esta oportunidad a llevarla a la cartelera hasta sus últimas consecuencias? Sin duda, Sócrates y los gatos debiera llamar la atención como objeto de estudio por lo menos entre las nuevas generaciones de actrices y actores, de dramaturgos y de directores, pero especialmente entre quienes siguen atreviéndose a señalar y escribir, a generar material sobre el tema con profunda e injusta ignorancia, sin rigor en su investigación. La verdad es hija del tiempo.

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