Por Ricardo Sevilla

En 1968, mientras el narrador José Revueltas era encarcelado en Lecumberri, el poeta Octavio Paz viajaba de Bombay a Barcelona, luego de su renuncia como embajador de México en la India.

Y de 1968 a 1970, mientras el autor de Piedra de sol deambulaba dando clases y conferencias en tres universidades anglosajonas (Pittsburg, Texas [Austin] y Cambridge), el autor de El luto humano realizaba una huelga de hambre que alcanzó mil horas de ayuno (del 20 de diciembre de 1969 al 10 de enero de 1970).

Sin embargo, por alguna razón, los sempiternos adláteres de Paz ⎼que encolerizan cuando son llamados “viudos”⎼ insisten en que el ensayista y diplomático padeció, igual que Revueltas, la represión sesentayochista de Díaz Ordaz.

Los prosélitos de Paz ⎼ellos preferirían se llamados herederos⎼ destacan que cuando el poeta regresó a México (en febrero de 1971), se concedió un tiempo (un mes después) para ir a visitar a su amigo Pepe Revueltas. Y es verdad. Pero a media, porque lo que no dicen es que la visita de Octavio duró menos de una hora (en el jardín anexo a la crujía C).

Poco después, Revueltas decidió consignar su experiencia en una serie de ensayos México 68: juventud y revolución (que fueron publicados póstumamente), y Paz resolvió, por su parte, que era un buen momento para reimprimir sus Topoemas (que ya había publicado en 1968).

Y justo el año en que Revueltas muere (un día como hoy, pero de 1976), y los estudiantes y profesores de la Universidad Nacional Autónoma de México deciden conságrale un homenaje ⎼que fue acompañado por aquel célebre “minuto de aplausos” convocado por el cuentista campechano Juan de la Cabada, quien argumentó no podía dársele “un minuto de silencio a un compañero que jamás se calló”⎼, Octavio Paz decidió que era el momento ideal para fundar, al lado de su infotografiable amigo Gabriel Zaid, la revista Vuelta, antecedente de Letras Libres, publicación que, una y otra vez, insiste en exprimir el “legado de Paz”.

Hoy, sin embargo, sólo un ciego ⎼o una mafia cultural interesada en perpetuar un yerro que ha tenido como uno de sus objetivos principales caricaturizar a la izquierda intelectual mexicana⎼ se atrevería a poner en duda que, mientras Octavio siempre buscó más paz, José vivió toda su vida animando más revueltas.