Por Dnielle Cabrera

RegeneraciónMx.- “Comes y te vas”, le soltó a bocajarro Vicente Fox, vía telefónica, a Fidel Castro en su visita a México. Corría el mes de abril de un 2002, justo año y medio después de que el guanajuatense había asumido la presidencia de México. Estaba a punto de celebrarse la Cumbre Extraordinaria de Las Américas en la capital de Nuevo León: Monterrey.

A pesar de lo atípico de la “sugerencia”, Casto llegó a Monterrey y, como había sido conminado, pronunció su discurso, comió y se fue. Ya en La Habana, el presidente cubano decidió revelar el audio, hecho que propició un enorme revuelo e incluso llevó a que se tensaran las relaciones diplomáticas entre Cuba y México.

La pregunta es: ¿por qué corrió Fox a Castro? La respuesta es tan simple (y burda) que roza el absurdo: porque el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, vendría. Más allá de la absurda petición, el panista mostró el sometimiento de su gobierno hacia el imperio norteamericano.

Nada de qué extrañarse, sin embargo. Lo cierto es que cada 15 de septiembre estos expresidentes tocaban con una mano la campana de Dolores de la independencia y con la otra la campana del dolor de la dependencia.

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Más que mandatarios de México fueron entreguistas. Títeres del régimen estadounidense cuya labor era entregar voluntariamente la dignidad y, si se podía, los bienes de la nación.  Si se los hubiésemos permitido, también hubiesen regalado la dignidad de las mexicanas y de los mexicanos. Por fortuna, no pudieron ni los dejamos.

Aunque, en teoría, los anteriores presidentes (del PRI y del PAN) debieron cuidarnos, no lo hicieron. Y pese a que su labor principal fue proteger nuestra libertad y soberanía, se encogieron de hombros. Al contrario: entregaron los bienes de la patria, sirvieron como marionetas al sistema neoliberal. En suma: nos traicionaron.

Con el petróleo teníamos la sartén por el mango y, aun así, dejaron que nos ningunearan, que nos mandaran, que nos sobajaran.

Ahora mismo, tras la crisis sanitaria que asoló a México y al mundo, debido a la pandemia de COVID-19, los países de América Latina y el Caribe nos dimos cuenta que unidos logramos más. También nos percatamos que no tenemos por qué permitir que nos traten como el patio trasero de nadie.  Estados Unidos y la Organizaciones de Estados Americanos (OEA) no han respetado la soberanía de los países, una soberanía que, por lo demás, es uno de los valores más grandes de México.

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Por fortuna, actualmente eso ha quedado atrás. Y el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ofreciendo un discurso con motivo de los festejos de la Independencia de México es el mejor ejemplo de un país, de una población, que no está dispuesto a entregar su dignidad a Estados Unidos ni a ningún otro país por unas cuantas monedas.

Los medios de comunicación corporativos nos colocaron una venda en los ojos. Pero la prensa independiente (la auténtica) ha ayudado a quitárnosla de los ojos. Hoy, no cabe duda, somos una sociedad que lo escruta todo con los ojos muy abiertos. Es, si cabe la expresión, un momento glorioso.  Estamos concentrados en recuperar nuestra libertad y soberanía para que nunca más tengamos que decirle a nadie “comes y te vas”.

* Cantante y panelista en Los Datos duros.

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