#Opinión: Justicia para César

En un relato más de pesadilla, esta es la historia de César, un joven cuya muerte fue el resultado de una traición. Para descubrirlo pidió ayuda desde el más allá a un embalsamador. Basada en hechos reales.

En un relato más de pesadilla, esta es la historia de César, un joven cuya muerte fue a traición. Para descubrirlo pidió ayuda a un embalsamador.
Foto: Especial

Por Luis Orlando Montane

RegeneraciónMx, 07 de marzo de 2022.- Hola amigos de RegeneraciónMx, en esta ocasión les tengo una historia basada en hechos reales, escritos por un joven talento de tan sólo 12 años de edad y que se hace llamar en el mundo del terror como Milo Ross, hijo de nuestra talentosa amiga suscriptora, artista dibujante, bailarina y escritora Betina Rossi. Estoy sorprendido del talento de este niño y aquí les tengo uno de sus excelentes relatos.

Justicia para César

Mi nombre es José y soy médico forense de la morgue. En esta profesión aprendes a interpretar cada expresión facial que miras en cada cuerpo muerto que llega a ti, mientras diseccionas los órganos casi puedes adivinar qué hacía o qué pensaba la desafortunada persona antes de morir. Estoy acostumbrado a vivir esto a diario. Cualquiera lo llamaría insensibilidad, yo mas bien le llamo la regla de la barrera mental.

Sin embargo, toda regla tiene una excepción y yo les contaré la de esta ocasión…

Eran las 3 de la tarde. Colocaban en la plancha el cuerpo de un hombre de aproximadamente 35 o 40 años que, en vida, respondió al nombre de César. Había fallecido en una volcadura. En su sangre había rastros de alcohol y di por concluido que la embriaguez mermó su pericia al volante llevándolo a la muerte de una forma trágica.

No somos nada, yo pensaba. Seguro este hombre salió de su casa con su rutina planeada, con el deseo de regresar y, de un momento a otro, se convirtió en estadística de defunción, en un número más que yo coloqué en su pie derecho.

Había llegado mi hora de salida, así que guardé el cadáver en la bolsa para después meterlo al congelador. Luego, estaba lavando mis manos cuando, de súbito, sentí en mi oído un aliento y un quejido (¡¡ay!!). Giré rápido mi cabeza, pero no había nadie. Salí de ahí, abordé el coche y, entonces, empecé a sentir como si alguien viniera en el asiento de atrás… por más que miraba a cada momento por el espejo retrovisor, no pude ver nada. Llegué a casa y, al abrir la puerta principal, sentí un brusco viento que golpeó mi cuerpo y que entró a mi casa antes que yo.

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Esa noche, mientras dormía, sentía una energía de calor recorriéndome. Me invadió el miedo cuando sentí que jalaron hasta el piso la colcha con la que me cubría. Encendí la lámpara y alcancé a ver algo que se movió de pared a pared tan rápido que no pude cerciorarme de qué era, ya no pude dormir más y, a la mañana siguiente, me preparaba para un día más de trabajo.

Al salir para abordar mi coche me percaté que había mal clima, estaba nevando y sentí en mi nuca un soplido de un aire tan gélido que me paralizó, al tiempo que escuchaba una voz murmurándome: «ayúdame , no morí, me mataron», decía. Entonces presté atención a todos esos detalles paranormales que me habían estado sucediendo desde que el cuerpo de César llegó a mis manos.

Al entrar a la morgue me dispuse a terminar mi trabajo con su cadáver y, al abrir el cajón, vi con macabra sorpresa que ese cuerpo no estaba como yo lo dejé: lo habían manipulado de tal forma que sus pies quedaron al frente y no su cabeza, como es debido.

Nunca me ha gustado que se metan en mi trabajo, así que empecé a preguntar, a llamar a mis colegas del otro turno y a cada persona con acceso al área, para saber si se habían metido en mis asuntos y todos dieron una respuesta negativa. ¿Quién había cambiado de posición el cadáver de César, entonces? No lo sé.

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Repentinamente, un ruido en la ventana interrumpió mis reflexiones. Parecía que la habían golpeado con una piedra. Al dirigir la mirada hacia ahí, sólo vi el cristal empañado por el frío del exterior pero, al quedarme viendo fijamente, pude notar que en ese cristal empañado se empezaba a dibujar un rostro: los ojos, la boca que se iba haciendo más grande, como si gritara. Y otra vez escuché: «Ayúdame, sálvame, me mataron».

Decidí meterme de lleno al análisis del cuerpo de César. Ahora estaba seguro que algo misterioso se escondía detrás de su muerte. Tuve que hacerlo rápido, porque su familia ya reclamaba el cuerpo para darle sepultura.

¡Maldita sea! De repente, descubrí algo: en su tracto digestivo había cantidades considerables de anticongelante para automóvil. A César lo habían envenenado, lo habían asesinado. Y yo tuve que pasar este reporte a las autoridades competentes para iniciar una investigación.

Pasó el tiempo y el crimen de César se resolvió. Su esposa y el hermano de éste, se habían involucrado amorosamente, y habían decidido quitar a César del camino envenenándolo poco a poco hasta matarlo, y lo lograron. Pero también se logró justicia para César y esos traidores terminaron en la cárcel. Semanas después volví a escuchar que golpeaban la ventana empañada por el frío, dirigí la mirada hacia ahí, pero esta vez, para ver, cómo se dibujaba sobre el cristal la frase «Gracias, ya me voy».

¿Quién dijo que la muerte sellaba los labios?
¿Quién piensa que esos cuerpos sin vida ya no gritan?
Ahora sé que no descansan en paz hasta conseguir…. JUSTICIA.

Milo Rossi

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