El ciclo corto de la derecha latinoamericana ha terminado

Los nuevos protagonistas son los movimientos sociales que abren camino a la justicia social y la repartición de riqueza contra la derecha

Regeneración, 29 de octubre de 2019. Con la llegada al poder de Macri y de Bolsonaro, parecía que la derecha tomaba nuevos impulsos en la región para un largo período de gobiernos que acabarían con las perspectivas de repartición de la riqueza en los sectores más pobres de nuestras sociedades.

Sin embargo, el tan anunciado fin del ciclo progresista no estaba del todo muerto.

La OEA se preparaba para un contraatque y el grupo de Lima envalentonado se reorganizaba.

El plan organizado y coordinado desde la derecha a nivel continental tuvo relativo éxito. El encarcelamiento de Lula estuvo a la cabeza de esta operación.

Fue seguida de la traición de Lenin Moreno, la purga de Macri en el Estado argentino y el asedio de Venezuela.

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Parecía el fin de una época, sólo parecía vigoroso el proyecto en Bolivia con Evo Morales.

Pero todo comenzó a tomar gradualmente otra orientación marcada por la notable y contundente victoria de AMLO en México, que por el arrastre popular parecía que por sí sola nivelaba la balanza.

El día de hoy no solamente la derecha ha perdido Argentina, sino que su proyecto ideal, Chile, está en la más profunda crisis, con una rebelión que ya se extiende a más de una semana.

Ya no tienen ejemplo a seguir en la Región, el proyecto neoliberal está desacreditado.

Derechas diversas

La derecha y la ultraderecha se coordinan a nivel regional para impulsar un proyecto. Sus posiciones son diversas, es cierto, pero todas están arraigadas en distintos sectores de sus oligarquías nacionales.

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Aunque el abanico va desde la derecha liberal hasta la derecha golpista y ultra, 3 cosas las une a todas: el libre mercado, la subordinación a EU y la aceptación sin críticas del FMI.

Estas derechas impulsaron un plan que hoy hace agua. Están perdiendo la capacidad de generar consenso y empiezan a ver la opción del uso de los militares como única alternativa.

El tercer actor: los movimientos sociales

La derecha no ha podido consolidar su proyecto en un periodo de recesión de la economía mundial que les impulsa a los recortes sociales.

Su fuerza disminuye hoy por la vía electoral y por la vía del consenso en las mayorías. El artificial discurso de que todo es culpa de la izquierda se cae.

Y hoy se ven menos capaces de gobernar que sus antecesores.

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Esto debido centralmente a la lucha de los sectores más excluidos de la población. Los indígenas de Ecuador se convirtieron en un ejército popular en defensa de la mayoría.

Luchando contra la carestía de la vida y los acuerdos con el FMI, hicieron retroceder en toda la línea al “traidor” Lenin Moreno.

El punto de quiebre sigue estando en Chile, donde el profundo descontento se ha vuelto rebelión generalizada. No hay día sin batallas o movilizaciones masivas.

Piñera está acorralado y un proceso revolucionario no se descarta ante un panorama de concesiones engañosas.

El ciclo corto de la derecha ha terminado, empieza otro ciclo donde los pueblos son protagonistas.

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