Familia de víctima de feminicidio demuestra que el fiscal de Edomex miente

Familiares de Diana Florencio, víctima de feminicidio, denuncian negligencia por parte de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México; dicen que sí están solas

Por Pita Ramírez 

Regeneración, 4 de abril del 2019. Debido a que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México publicó en su cuenta de Facebook un video en el que se comunicaba que las mujeres mexiquenses “no están solas”, la familia de Diana Velázquez Florencio, víctima de feminicidio, mostró la incongruencia de este mensaje, pues señalaron las deficiencias y la violación a sus derechos por parte de este órgano institucional.

Mediante una publicación directa a la Fiscalía, la familia de Diana pidió una reunión pronta con el Fiscal General de Justicia de esta entidad, Alejando Gómez Sánchez, pues hay evidencias rescatables que sólo son viables hasta por dos años, las cuales han sido alargadas por los órganos de justicia.

“Hay intervenciones periciales que no nos han entregado, ya que nos dicen que el equipo está en mantenimiento o cosas así, nos prometen que en dos semanas a pesar de que llevamos más de medio año pidiéndolas y esas evidencias solamente duran en el sistema dos años. Es por eso que queremos la cita con el fiscal, porque él se está comprometiendo, con el video que lanzó, diciendo que su personal está capacitado”, posteó Laura Velázquez, hermana de Diana.

Asimismo, ante esta legitima denuncia a través de las redes sociales, pues en persona ignoran a esta familia, la denunciante también colocó lo siguiente:

“SI ESTAMOS SOLAS, Y SU PERSONAL, NO ESTÁ CAPACITADO. EXIJIMOS UNA REUNIÓN CON EL FISCAL ALEJANDRO GÓMEZ PARA QUE NOS DÉ RESPUESTA Y CUMPLIMIENTO A LOS ACUERDOS PACTADOS”

La peregrinación desde el día de su desaparición 

Diana desapareció la madrugada del 2 de julio del 2017. La joven junto a su madre se preparaba para salir a una cita clínica en un hospital público. Ambas pretendían ganarle al tiempo y llegar temprano, pues aparte de que no les quedaba cerca, los turnos para ser atendidas a veces se prolongaban por horas.

Todo marchaba bien, ya estaban listas, pero de pronto surgió una pequeña discusión entre ellas, así que Diana decidió esperar a su madre afuera del hogar.

Doña Lidia, sin darse cuenta, escuchó el cierre de la puerta principal. Esperó un par de minutos, pues pensó que su hija volvería a entrar. Como esto no sucedía, por su mente le pasó la idea de que quizá su hija estaba en una llamada telefónica, debido a que en su hogar la señal no es buena.

Incrementaron los minutos de espera y Diana no regresaba. Sin más, doña Lidia decidió asomarse a la calle y no la vio, así que le marcó a su celular, le mandó mensajes de texto y con la respuesta de un: “ya voy”, comenzó el martirio. Diana jamás regresó.

Con la angustia incrustada en la garganta, en el estómago y en el pecho, doña Lidia no sabía qué hacer. La ansiedad la hizo reaccionar mecánicamente, una llamada, un mensaje, una llamada, otro mensaje. ¿Qué pasaba? ¿En dónde estaba Diana?

Llegaron las 8:00 de la mañana y en compañía de Laura acudió a la Fiscalía de Chimalhuacán para reportar a su familiar como desparecida.

Sin embargo, con pesadez, las autoridades se negaron a levantar el acta: “deben esperar las 72 horas reglamentarias para su búsqueda, señora”.

Es decir, violaron el acuerdo que se prescribe en la Alerta de Violencia de Género, la cual fue activada desde 2015, en la que se obliga a la búsqueda inmediata de cualquier mujer desaparecida.

Mientras esto ocurría, el padre de Diana, junto a otros familiares, peinaba las calles preguntando si alguien la había visto.

Ese mismo día, se había registrado el hallazgo de un cadáver de un supuesto hombre, detrás de la Plaza Chimalhuacán.

En efecto, ese cuerpo, no era de un hombre, era el de Diana.

Sin embargo, ante la violencia institucional por parte de las autoridades de este municipio, la familia de Diana siguió buscando sin descanso.

Pasaron los días y la escena era la misma, mientras alguien preguntaba en todos los locales, con todos los vecinos de la zona, su hermano insistía por teléfono: “Diana por favor contesta, dinos en dónde estás”.

Fue hasta el 6 de julio que, mientras esperaban ser atendidos por las autoridades de Nezahualcóyotl, Laura tuvo una corazonada, se le ocurrió pasar junto a su padre a la Semefo.

Fueron al lugar, describieron las características de Diana, mostraron una foto y explicaron la situación. Pasaron algunos minutos y los dejaron pasar. Entre cuerpos apilados, revueltos, manchados de sangre, desnudos, algunos en el piso como si fueran objetos, encontraron a Diana.

En un principio les fue difícil reconocerla, debido al grado de descomposición en el que se encontraba.

Los encargados les mostraron la ropa del cuerpo que parecía contar con las características descritas. Después, sumaron a la muestra, en una bolsa, unas trencitas, el peinado favorito de Diana. Con esto, finalmente la reconocieron, se trataba de ella, era Diana desdibujada por la violencia.

Como requisito para que les entregaran su cuerpo, Laura y su padre debían contactar un servicio funerario. Para no hacer más largo el proceso, inmediatamente pidieron ayuda a una funeraria cercana a la Fiscalía.

Entre el papeleo y el procedimiento, Laura alcanzó a escuchar “ah, es la del domingo”. ¿Desde el domingo habían encontrado a Diana y las autoridades la ignoraron? Tiempo después Laura se enteró que ellos habían ayudado a recoger el cuerpo de Diana.

Diana Velázquez Florencio fue violada, estrangulada y expuesta a unos kilómetros de su hogar. Afuera de un rastro de pollos. Su cuerpo era aquel que habían registrado como masculino el mismo día de su desaparición.

A más de un año y medio, no se sabe nada. ¿Quién marcó como territorialidad de la violencia el cuerpo de Diana? ¿qué están haciendo las autoridades mexiquenses, comandadas por el gobernador Alfredo del Mazo?

 

Los verdaderos responsables

La madre de Diana, Lidia Florencio, vive aún con culpa, piensa que es responsable de lo que le sucedió a su hija por esa pequeña discusión, pero lo cierto es que los únicos culpables de este cruel hecho, son las autoridades que intentan desdibujar la vida de las mujeres. Los culpables son quienes creen que las mujeres pueden ser tocadas, ultrajadas, asesinadas; la culpa es de la sociedad machista y misógina que cree que la ropa, la hora o el lugar, son invitaciones para recibir y aceptar violencia.

Diana Velázquez tampoco tuvo responsabilidad, las víctimas jamás tienen la culpa. Ella tenía los mismos derechos que toda persona. Ella podía estar afuera de su casa a cualquier hora, y sin más, nadie debía violentarla ni privarla del derecho a la vida

Propósito 2019: Justicia – Segunda entrega: Diana Velázquez Florencio