La Música del Grito de Independencia, nacionalismo con raíz en el pueblo

Música que enmarca un nuevo nacionalismo, que aglutina los diferentes mosaicos del pueblo mexicano, sin dejar fuera a nuestras raíces. Y contrasta con sexenios anteriores. Berenice García detalla la riqueza musical que enalteció el primer Grito de López Obrador

Regeneración, 17 de septiembre de 2019. El festejo del Inicio de la Independencia de México siempre está plagado de pequeños momentos y recorridos que acompañan al presidente en turno, especialmente el primer y último grito que da. En esta ocasión la apuesta es el nacionalismo mexicano y el uso político que le da a las expresiones culturales como la música.

Este año, las personas que se aglomeraban en el Zócalo para ser parte del primer grito de López Obrador, fueron testigos de la oferta cultural que enriqueció el festejo, no concebían perderse alguna de parte de este momento tan esperado.

Se realizó un recorrido por las etapas históricas más importantes del país. Entre la llegada al Aztlán y la presentación de bailes y danzas tradicionales de los estados de la República, apreciándose diversos matices musicales que enriquecieron los momentos en que la música y la danza se volvieron uno, logrando la exaltación del nacionalismo de las minorías.

Una nación multicultural

La apuesta de esta administración es resaltar que México es una nación multicultural, con sincretismos plasmados en cada uno de los símbolos que utilizó para exhibir su desapego a los sexenios anteriores, un ejemplo de esto, la música que se escuchó a lo largo del día.

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Recuperó el sentimiento del ser mexicano, enalteció la educación vasconcelista, logró que los simpatizantes y detractores se vieran envueltos en sonidos que les enchinaban la piel.

Propósito que poco o nada se desarrolló en el gobierno de Enrique Peña Nieto (2018) o Felipe Calderón Hinojosa durante el Bicentenario de la Guerra de Independencia.

Una apuesta por la diversidad

Ellos apostaron por matices más tradicionales, una orquesta filarmónica con piezas del s. XX o agrupaciones/cantantes con la fama suficiente formar parte del acervo a presentar, estampas de la industria musical.

Era más un espectáculo para el entretenimiento del pueblo, que una festividad en honor a quienes nos dieron patria, visibilizaron la separación de clases, demostraron quienes pertenecían a las elites de poder y al pueblo.

La música orquestal presentada nunca dejó de lado piezas importantes como la «Marcha de Zacatecas», pero no lograban transmitir un sentimiento de pertenencia que transitara más allá de un simple 15 de septiembre más.

Dado esto, la administración lopezobradorista apostó realizar presentaciones que sustentaran la ideología de Estado: el nacionalismo.

La más importante en el tema musical, los actos de la Banda Filarmónica del Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (Cecam), tanto en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso como al final del Grito de Independencia, mientras el cielo se iluminada con los fuegos artificiales y el presidente se veía arropado por porras, vivas y gritos de ¡sí se pudo!, vaya forma de recordar la importancia de la investidura presidencial.

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Optar por una orquesta de vientos, una orquesta mixe, conjuga a los pueblos indígenas, representa una oda a la diversidad cultural mexicana, ya que representa la música que se toca en las fiestas en los alrededores del país.

Fue un “agradecimiento” a nuestras raíces, al presente, a reforzar el sentimiento nacionalista, rompiendo las barreras que se han impuesto durante años en discursos que negaban a las comunidades indígenas, y que en esta ocasión eran nombrados.

La orquesta realizó un recuento de cada una de las identidades y tradiciones que explotan al escuchar el sonido de las trompetas, oboes, las flautas y fagot.

Como se cita en El nacionalismo musical mexicano: una lectura desde los sonidos y los silencios, un discurso de Manuel M. Ponce sobre la música popular:

“nunca tuvo su origen en los salones dorados y deslumbrantes de los magnates; no surgió jamás de una soirée aristocrática. La canción popular encierra todo el sufrimiento, la pasión, el amor, los celos (…) las tristezas y alegrías de esa clase social condenada al trabajo rudo y a la indiferencia de los próceres (Ponce, Manuel, La canción mexicana)”

En el Huapango de Moncayo, considerado el segundo himno mexicano, se evoca el sentimiento de los pueblos, la cohesión social, y los sentimientos antes citados.

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La agrupación de notas que recuerda la entrada a México por el Puerto de Veracruz, pasando por el Cerro de la Silla, las maravillas de la arquitectura prehispánica y, el sonido de las comunidades indígenas visibilizadas y nombradas en el Grito de Independencia.

Aunque esta posición continuamente está en disputa con «La Marcha de Zacatecas» o «Cielito Lindo».

El nacionalismo musical mexicano ha atravesado por tres etapas, en cada una de ellas con grandes exponentes como Manuel M. Ponce, Carlos Chávez, José Pablo Moncayo.

Ahora se enfrenta a una nueva, que intentó recuperar la música e interpretación de piezas desde lo más alejado del centro del país, no está demás aclarar, que será la música que representará una de tantas expresiones culturales para aglutinar y fortalecer la ideología de esta administración.

El nacionalismo mexicano en la 4T toma fuerza y utilizará el acervo cultural necesario para fortalecerse.

Recuperará a los músicos alejados de la elite, las salas de conciertos se llenarán de piezas de musicales que nos adentrarán a los olvidados, los de abajo, los negados y despojados.

La música de los pueblos resurgirá para fortalecer la idea de que todos somos iguales ante los ojos del Estado, del presidente.

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