Por Miguel Martín Felipe

RegeneraciónMx.- Para mucha gente en México es novedad el hecho de que un presidente se muestre combativo ante los grandes poderes fácticos del orden mundial, entiéndase Estados Unidos y su imperio de transnacionales, que en conjunto prácticamente gobiernan el mundo.

Si bien se reitera en redes sociales la frase: “AMLO, lujo de presidente”, hay que señalar un hecho sin precedentes con impotencia muchos veíamos irrealizable: la socialización de la izquierda.

Los medios corporativos se encargaron durante muchas décadas de estigmatizar al progresismo, de convertir en tabúes los conceptos de socialismo y comunismo, así como de ridiculizar y estereotipar a los “rojillos” al retratarlos como hippies intransigentes que vivían fuera de la realidad.

Con el proceso electoral de 2018 vino una oleada de comunicadores que por iniciativa propia comenzaron a romper varios paradigmas. Tal vez el más importante fue la máxima de que, si algo era dicho por una persona blanca y de traje en un programa televisivo; o bien, por una voz elocuente y profunda en la radio; necesariamente tenía que ser verdad.

El fenómeno de los YouTubers 4T consistió básicamente en creadores de contenido que convirtieron la política en entretenimiento de masas con el sesgo de apoyo a AMLO y toda la esperanza que representaba. A toro pasado, y sin escandalizarnos, una crítica pertinente es que, al tratarse de pueblo llano y sin una metodología de las ciencias sociales, la política y el progresismo se convirtieron en un tema de moda, pero con muy poco contexto histórico. Muy probablemente, aquellos que han nacido al progresismo de la mano de estos presentadores, consideran que el presidente Andrés Manuel López Obrador es el primero que osa “regañar” a la ONU en su propia sede.

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Sin embargo, quisiera recordar dos episodios a manera de antecedente histórico, uno más audaz que el otro. El primero es el discurso que Ernesto “Che” Guevara pronunció en el recinto de la ONU en 1964, en defensa de los países no alineados, del socialismo y por supuesto, de la revolución cubana, así como la denuncia de EEUU como nación imperialista:

“Esta disposición nueva de un continente, de América, está plasmada y resumida en el grito que, día a día, nuestras masas proclaman como expresión irrefutable de su decisión de lucha, paralizando la mano armada del invasor. Proclama que cuenta con la comprensión y el apoyo de todos los pueblos del mundo y especialmente, del campo socialista, encabezado por la Unión Soviética. Esa proclama es: Patria o muerte.”

Ernesto Guevara, 11 de diciembre de 1964

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Asimismo, Hugo Chávez, con su característico arrojó hizo una proclama místico-religiosa para repudiar a George W. Bush en la propia tribuna de la ONU el 20 de septiembre de 2006. Al tiempo que se santiguaba y juntaba las manos a manera de plegaria, diciendo que ahí mismo había pasado “el Diablo el día anterior”, refiriéndose a Bush. Posteriormente tomó en sus manos el libro de Noam Chomsky Hegemonía y supervivencia y pronunció su discurso.

“Otro abuso y atropello, Señora Presidenta, que pedimos de Venezuela quede registrado como atropello hasta personal del Diablo, huele a azufre, pero Dios está con nosotros, un buen abrazo y que Dios nos bendiga a todos.”

Cdte. Hugo Chávez, 20 de septiembre de 2006

Claro que dar contexto histórico no demerita a AMLO. Al contrario, si en algún momento histórico ha habido las condiciones para que realizar los sueños de libertad y bienestar social que en otros casos han quedado truncos, me parece que es éste. AMLO tiene una determinación y osadía que nos hace echar mano de un cliché progresista infalible:

“Hay hombres que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”

Berthrol Bretch

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