Por Enrique Martínez

RegeneraciónMx.- Hace un par de días, durante la Conferencia presidencial Máñanera, se dejó pasar una oportunidad dorada para dar al público una lección ejemplar sobre cómo se realiza el manejo tendencioso del discurso, en este caso: sobre la palabra escrita.

Y es que existen muchas formas en que un periodista puede difundir bulos. Hay quienes mienten descaradamente, ya sea presentando opiniones propias y carentes de bases reales (hechos), pero también abundan quienes dan voz a los puntos de vista o afirmaciones (sin sustento) de otros, que muchos lectores poco avezados (la gran mayoría), categorizarán como verdades.

Este último método es el favorito, desde hace tiempo, de Carmen Aristegui, que no vitupera o calumnia a los actores de la 4T de propia voz, sino que concede espacio en su noticiero para que otros lo hagan. Y justo a esta técnica recurrió también Julio Hernández López (personalmente, detesto llamarle “Astillero”) en su columna del 5 de julio pasado, pues reprodujo declaraciones de algunos potosinos involucrados en el tema Sierra de San Miguelito. Los testimonios recogidos por el director de La Jornada de San Luis columnista ⎼que destacan por su seriedad, en función de que hacen acusaciones concretas de corrupción, no son respaldados por la documentación correspondiente que avale esas aserciones.

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“Los periodistas de verdad” ⎼como Hernández López asegura serlo⎼ no pueden constreñirse a reproducir el dicho de un tercero en torno a un tema de tal gravedad, a menos que pueda documentar que, en efecto, existe la señalada corrupción. Y si lo hace ⎼justo él procedió⎼ está suscribiendo tácitamente un bulo.

Reproduzco:

“El historiador potosino Óscar G. Chávez así describió lo que está sucediendo en San Luis Potosí: Los llamados acertadamente, por el activista y combativo historiador Juan Carlos Ruiz Guadalajara, ‘barones del concreto’, han comenzado a corromper a las instancias federales de la denominada Cuarta Transformación para lograr dar satisfactorio fin a sus desmedidas ambiciones”.

¿Cuenta el historiador de marras con pruebas de sus afirmaciones? Evidentemente no, ni tampoco las tiene Hernández López, que sin embargo se presta gustosamente para reproducir esos dichos, y con ello de facto les concede validez.

Y sigue Hernández López:

“Los dichos del presidente López Obrador, que públicamente garantizaban la inafectabilidad de la sierra, al parecer quedaron en eso, mera retórica engolada. La Semarnat federal ha pactado con, o sucumbido ante, los fraccionadores, a los que se les han entregado mil 800 hectáreas”.

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En los detalles está el diablo: Julio Hernández, como se corroboró en su réplica, cuenta con documentación relativa a un proyecto inmobiliario, y cuenta con documentación relativa al propósito de algunos comuneros de vender sus tierras. Pero esos no son actos de corrupción cometidos por parte de personajes de la 4T, como mañosamente hace ver el periodista de Torreón, quien, al acudir a la Mañanera del miércoles, con la elemental prudencia que debe tener alguien con tantos años en su profesión, se limitó a referirse a aquello que sí puede documentar, pero obviamente omitió el contenido de su columna que claramente puede ser tildado de falso por incomprobable.

En efecto, no todos los periodistas son iguales. Los hay, burdos como fajadores del pugilismo, de la talla enclenque de Riva Palacio, Alemán y Loretito, y los hay más cerebrales y sofisticados, como Aristegui y el propio Hernández López. Estos últimos son aún más peligrosos, por el liderazgo de opinión que ejercen sobre un público más amplio, que al carecer de las herramientas suficientes para analizar esta clase de discurso, pocas veces descubre las falsedades que esconde.

* Profesor y ensayista, estudió Ciencias de la Comunicación en la UAM.