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“Esta composición brinda un panorama peculiar: nos hicimos viejos antes que ricos. Los países europeos, por ejemplo, tuvieron la oportunidad de fortalecer sus estados de bienestar”, señala especialista 

27 de agosto de 2014.-La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), dio a conocer que en México la población de 60 años y más es de 12.9 millones de personas, es decir, 10.8 por ciento del total de la población.

De acuerdo a proyecciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), para el 2050 alcanzará el 22 por ciento, cifra superior al de la población infantil (19 por ciento).

Adultos-Mayores

Cruz Álvarez Padilla, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) y Aída Díaz-Tendero, del Centro de Investigaciones sobre América Latina (CIALC), ambas instancias de la UNAM, señalaron que México la natalidad desciende. 

Envejecimos antes de ser ricos como nación

“Esta composición brinda un panorama peculiar: nos hicimos viejos antes que ricos. Los países europeos, por ejemplo, tuvieron la oportunidad de fortalecer sus estados de bienestar y establecer sistemas de protección social que abarcaran prácticamente a toda la población, incluido el grupo de los adultos mayores”.

De acuerdo con las proyecciones de crecimiento de la población senecta, México no cuenta, ni crea las condiciones para hacer frente a este tipo de retos. Debemos pensar en casas de día para atenderlos, construir infraestructura vial y arquitectónica adecuada y formar recursos humanos necesarios y no esperar hasta el 2050, consideraron.

Díaz-Tendero aclaró que la situación social, cuidados y calidad de vida de este segmento dependen de su estatus social o posición en la estructura socioeconómica, que varía en función de la clase de pertenencia, género, tipo de localidad (rural o urbano), región (estados del norte o sur), así como de la pertenencia o no a minorías indígenas.

Las desigualdades surgen a partir de las dimensiones de la estratificación, eso es lo que nos marca; ser indígena en Oaxaca o un trabajador del sector formal en la Ciudad de México cambia las perspectivas mucho más que si se es adulto mayor o no, apuntaron.

Al respecto, Cruz Álvarez comentó que el proceso se ha dado de manera desigual y heterogénea en términos económicos y sociales. “Tenemos una región norte más desarrollada en relación con la del sur, que se refleja en los niveles de bienestar de la población de mayor edad”.

El envejecimiento se debe al aumento constante de la esperanza de vida al momento de nacer. De acuerdo con datos de INEGI, en 1970 los mexicanos vivían en promedio 61 años; en el 2000, 73, y en 2014 la esperanza de vida es de casi 75; asimismo, para 2030 se espera sea de 77 años. “La población tiende a ser más longeva en condiciones de precariedad y vulnerabilidad”.

Por otra parte, según datos de la ENOE, la Población Económicamente Activa (PEA) alcanzó 52.1 millones de personas, que representan el 58.6 por ciento de la población de 14 años y más. De ésta, 4.3 millones son de 60 años y más (8.4 por ciento de la PEA total), y de ellos, el 97.7 está ocupado y el resto, no.

Con base en los indicadores de informalidad laboral, también publicados por el INEGI, se tiene una población de 65 años y más de 8.9 millones, 2.4 millones de ellos son población ocupada, que representa el 26.9 por ciento. De estos, 1.9 millones son informales y sólo 514 mil son formales, es decir, tres de cada cuatro individuos de este grupo poblacional son informales.

En el rubro de las pensiones, los académicos integrantes del Seminario Universitario Interdisciplinario de Envejecimiento y Vejez de la UNAM, indicaron que sólo 25 por ciento de los adultos mayores en el país reciben una pensión contributiva, mientras que los otros, a pesar de haber laborado toda su vida en el mercado formal o informal, carecen de ella.

Ante ello, destacaron la necesidad de hacer conciencia en las familias que tienen un adulto mayor, pues vive de manera distinta a la nuestra; requiere cuidados, respeto y solidaridad, así como de una vinculación intergeneracional que les permita tener calidad de vida y salud.

El Estado y los tomadores de decisiones deben enfocarse en esta nueva situación sociodemográfica para que no nos tome por sorpresa, tanto en el ámbito de las pensiones como de la salud, abundaron.

El cuidado de ancianos enfermos o vulnerables, de más de 80 años, es un tema preocupante, pues esta responsabilidad recae en las mujeres de entre 40 y 50 años de edad, quienes deben abandonar el mercado laboral para cuidar de ellos. Sin embargo, éstas en unas décadas también requerirán de esos cuidados.

Finalmente, señalaron la necesidad de fortalecer la estructura de redes familiares (una de las riquezas del país, sin que por ello se desentienda el Estado) para implementar el cuidado de los adultos mayores con apoyo de trabajadores sociales, gericulturistas y geriatras a domicilio.

Información: La Jornada 

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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