Por Tania Campos Thomas

RegeneraciónMx.- A riesgo de ganar desaprobación, sostengo que la tolerancia es un valor equivocado, sobre todo cuando lo que se nos pide tolerar es pura y dura mala fe. Indica la Real Academia de la Lengua Española que tolerar es respetar “las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. Pero tolerar y respetar no son la misma cosa, ni siquiera para el monárquico diccionario que cité antes: busque usted en él la palabra respeto y descubrirá que no asoma ni por equivocación alusión alguna a la tolerancia; en cambio, y esto es sin duda revelador, soportar se define como “tolerar o llevar con paciencia”. En pocas palabras, se tolera aquello que desagrada, tanto como para sentirse igual que una pesada carga ¿No cree usted que esto de soportar se parece poco al respeto y mucho a lo que llaman tolerancia? Algo de mala fe encuentro en el mandato de aguantar al prójimo que se pone pesado.

La manía de buscar en el diccionario el significado de las palabras no es fácil de erradicar, así que ahora mismo le cuento que la mala fe tiene que ver con la malicia, con el doble discurso y la intención oculta; actuar con alevosía para engañar, para confundir y hacer daño. La buena fe no es sólo lo contrario, sino que constituye incluso un principio jurídico según el cual puede o no exculparse a quien ha cometido un delito; así de importante es. No debería hacer falta decirlo, pero en esta época de enredos en redes hay que regresar a lo básico: también es imprescindible la buena fe como punto de partida para el diálogo o, dicho al revés, si hay mala fe es imposible el intercambio de ideas.

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Un ejemplo de mala fe es asegurar que la consulta popular que se realizará el próximo 1 de agosto es innecesaria porque “la ley no se consulta”, cuando precisamente es una ley la que provee de ese instrumento a la ciudadanía, a fin de garantizar su participación directa en asuntos de su interés. Ninguna consulta popular implica desconocer el marco legal, mucho menos la Constitución: en este caso no se pregunta si los actores políticos implicados (presidentes anteriores) son o no culpables, sino si queremos conocer con claridad la manera en que se tomaron decisiones en asuntos de enorme importancia y sobre los cuales amplios sectores sociales manifestamos dudas legítimas, como la primera investigación en torno a los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa, el papel de las autoridades en la infame matanza en Acteal, la responsabilidad de la tragedia en la guardería ABC o la manera en que el rescate bancario se volvió deuda pública con el Fobaproa.

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“¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?”, es la pregunta que diseñó el INE. Resalto la última parte de la pregunta porque creo que es ahí donde se vuelve incuestionable la legitimidad de este ejercicio de democracia participativa: a pesar de ser motivo de múltiples marchas y protestas, no se han rendido cuentas claras y suman miles las víctimas. Estamos frente a la posibilidad de exigir las explicaciones que todos merecemos un mandato ciudadano que puede cobrar forma en la consulta popular, derecho y obligación constitucional. Puede usted votar “Sí” o votar “No”, puede incluso anular su voto escribiendo lo que quiera en la papeleta; lo demás es mala fe. ¿No le entiende a la pregunta?, con gusto se la volvemos a explicar.

* Doctora en Ciencias antropológicas, dramaturga y escritora. Estudió y ha impartido clases en la ENAH y la UNAM, así como en el IPN y en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Autora de obras teatrales, adicionalmente, es especialista en investigación y metodología social cualitativa.