Por: Ricardo Sevilla

Hace unos días, Enrique Krauze obtuvo el Premio de Historia Órdenes Españolas, financiado por cuatro órdenes católicas: Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.

Se trata de un galardón dotado con 71 mil dólares (equivalentes a casi a un millón y medio de pesos mexicanos).

El premio es concedido por una institución monárquica, la Fundación Órdenes Españolas, presidida por Pedro de Borbón y Orleans, y todo un séquito de duques, condesas, marqueses y “gentiles hombres de su santidad”, cuyas síntesis biográficas ⎼que pueden observarse en el sitio https://xn--premioordenesespaolas-sbc.es/es/⎼ son presentadas bajo los tratamientos protocolarios que, desde hace siglos, utiliza la monarquía borbónica.

Pese a que, sin duda, es un premio conferido por la monarquía española, Krauze y sus amigos, desde sus columnas en diferentes medios de comunicación (nacionales e internacionales), han negado el hecho e incluso aseguran que no se trata de ningún guiño del director de Letras Libres hacia la corona de los borbones. Como siempre, Enrique Krauze, con la indolencia que lo caracteriza, niega sin parpadear frente a todas las evidencias.

Desde hace mucho tiempo, el director de Letras Libres ha adoptado un sistema simple frente a los hechos comprobados: negarlos sistemáticamente, y sin molestarse en ofrecer pruebas en su descargo sobre los actos que se le imputan, permanece altivo e indolente en su cruzada a favor de sí mismo.

Lo cierto es que el Premio de Historia Órdenes Españolas no es el primer galardón ni el único reconocimiento que Krauze ha recibido de la monarquía borbónica española.

Recordemos que el 6 de junio de 2008 Felipe Calderón y Margarita Zavala visitaron a Juan Carlos I de España para aceptar, con beneplácito, la Gran Cruz con Collar de la Orden de Isabel la Católica y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, respectivamente.

Calderón aprovechó aquel momento para proponer al entonces Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación español, Miguel Ángel Moratinos Cuyaubé, que designara a Enrique Krauze, José Woldenberg, Javier Garciadiego y Mario Molina con aquella misma distinción borbónica.

Fue así como, mediante el Real Decreto 1409/2008, emitido el 1 de agosto de 2008, y por intermediación de Felipe Calderón, Krauze recibió, dos meses después, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, firmada por el mismísimo rey Juan Carlos I de España.

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Es importante subrayar que la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica fue instituida por el rey Fernando VII (el 14 de marzo de 1815) con el fin de “premiar la lealtad acrisolada y los méritos contraídos en favor de la prosperidad de aquellos territorios”.

En la actualidad se rige por un reglamento monárquico aprobado por Real Decreto el 6 de noviembre de 1998 (2395/1998). Y de acuerdo con este reglamento, el Gran Maestre de esta institución es SM el Rey, de modo que todas las “las condecoraciones de esta Orden [incluida la de Krauze] serán conferidas en su nombre y los títulos correspondientes irán autorizados con la estampilla de su firma”.

Eso significa, en otras palabras, que Krauze, nombrado caballero de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, ha portado en su pecho, desde 2008, una medalla monárquica que resalta su “lealtad acrisolada” a la realeza española.

No obstante, a Krauze no le bastó este reconocimiento y, ansioso por probar aún más su “lealtad acrisolada” a los borbones, decidió ir más lejos y, en 2015, envió una solicitud a la Subdirección General de Nacionalidad y Estado Civil, unidad administrativa dependiente de la Dirección General de los Registros y del Notariado del Ministerio de Justicia, para que pedir, ya de plano, la nacionalidad española por carta de naturaleza.

Finalmente, el 11 de diciembre de 2015, la petición de Krauze fue atendida y el gobierno de Mariano Rajoy, mediante Real Decreto, firmado por el rey Felipe VI de España, concedió al director de Letras Libres la anhelada nacionalidad española. El boletín (ahora firmado por el rey Felipe VI de España) fue publicado el 24 de diciembre.

Más allá de que estos galardones, en sí mismos, demuestran los múltiples gestos de sujeción, pleitesía y subordinación que Krauze ha mostrado hacia la monarquía española, lo cierto es que su actitud no deja de resultar incongruente ⎼e incluso hipócrita. Y es que este personaje que, una y otra vez, ha presumido ser un “demócrata liberal” y un intelectual que repudia “el poder concentrado en un solo hombre”, sin el menor asomo de vergüenza, continúa pidiendo premios y distinciones de la monarquía borbónica. ¿O en qué momento de la Historia la monarquía dejó de ser lo opuesto a una democracia?

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Y si la monarquía, de acuerdo con la RAE, es la “organización del Estado en la que la jefatura y representación supremas son ejercidas por una persona que, a título de rey, ha recibido el poder por vía hereditaria y puede transmitirlo del mismo modo”, ¿cómo es que el demócrata Krauze insiste en recibir, con el pecho erguido, cualquier premio que provenga de la monarquía? ¿O será que en el momento de ver premiada su “lealtad acrisolada y los méritos contraídos en favor de la prosperidad de aquellos territorios” (españoles) Krauze olvida que es un “demócrata liberal”?

Asombra, por otra parte, enterarnos, a través de la propia Fundación Órdenes Españolas, que la candidatura del director de Letras Libres fue impulsada desde la Universidad Nacional Autónoma de México.

Y la negra duda nos asalta: ¿Por qué una universidad pública y laica estaría interesada en que el señor Enrique Krauze fuera distinguido por una institución monárquica (y retrógrada) que hunde sus orígenes en el militarismo y la más sangrienta defensa histórica del cristianismo? ¿Quién o quiénes, dentro de la UNAM, olvidándose de los preceptos laicos, cometieron el yerro de impulsar al director de Letras Libres? ¿El rector? ¿La Junta de Gobierno? ¿El Consejo Universitario? ¿El Patronato? ¿Los Consejos Técnicos?

¿Qué sentirá Krauze, que lleva 22 años dirigiendo una revista como líder absoluto, imponiendo una temática unipersonal, ejerciendo una dictadura personalista y reprimiendo cualquier oposición para mantener la supremacía de su grupo‐ al hablar de pluralismo y democracia? ¿Cierta empatía con los monarcas borbones?

Por lo pronto, Enrique Krauze, el “demócrata liberal”, el español (nacionalizado) que ha demostrado con creces su “lealtad acrisolada”, ha recibido en esta ocasión el III Premio de Historia Órdenes Españolas, que reconoce tener los mismos fines antediluvianos que, desde siempre, han caracterizado a la monarquía borbónica: “la defensa de la fe, la santificación personal y el culto divino”.

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