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Para ver poder observar mejor la lluvia de estrellas perseidas, se recomienda dirigir la mirada hacia las zonas más oscuras, en la dirección opuesta a la posición de la Luna si la observación se realiza antes de su ocaso. A los 30 minutos más o menos, los ojos se acostumbrarán a la oscuridad para detectar desde tímidos destellos hasta luminosas bolas de fuego.

El mes de agosto es un mes maravilloso, porque nos ofrece el espectáculo de las perseidas, una brillante lluvia de meteoros que ilumina el cielo nocturno de verano.

También conocido como “Lágrimas de San Lorenzo”, este fenómeno se da anualmente cuando la Tierra atraviesa el rastro del cometa Swift-Tuttler, descubierto por primera vez en 1862; el rastro de ese cometa está formado por polvo y fragmentos, que causan la lluvia de meteoros.

Las perseidas comienzan a verse habitualmente hacia el 17 de julio y terminan hacia el 24 de agosto y este año se estima que durante el pico de su actividad, es decir las noches del 11, 12 y 13 de agosto podrán verse entre 60 y 70 meteoros o estrellas fugaces cada hora.

Según expertos de la NASA, el mejor momento para observarlas será la noche entre el 12 y el 13 de agosto, entre las 9:30 y las 11:00 pm, pues la Luna Nueva sucederá la noche anterior, lo cual será muy favorable para la observación.

De acuerdo con información del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, las perseidas tienen un pico muy amplio de altas tasas de meteoritos. Cuando observamos las perseidas, lo que vemos son las partículas del cometa que, al penetrar en nuestra atmósfera a 59 kilómetros por hora, se calientan y entran en combustión, dejando un rastro luminoso en el cielo.

¿Cómo ver?
Para poder observar la ‘lluvia de estrellas’, basta cualquier lugar que nos dé un cielo oscuro.

Es preferible observar desde un lugar con pocos obstáculos para la vista y no utilizar instrumentos ópticos que limiten el campo de visión.

Se pueden ver en cualquier parte del cielo. Se recomienda dirigir la mirada hacia las zonas más oscuras, en la dirección opuesta a la posición de la Luna si la observación se realiza antes de su ocaso. A los 30 minutos más o menos, los ojos se acostumbrarán a la oscuridad para detectar desde tímidos destellos hasta luminosas bolas de fuego.

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