Víctor Manuel Guerra García- ENAH

El Kumbala, con la pista vacía y luces apagadas por la pandemia, extrañará al buen Eulalio Cervantes Galarza. “El Sax”, como su instrumento que siempre lo acompañó, vio la luz el 30 de octubre del histórico 1968 en el municipio de Soledad de Graciano Sánchez en San Luis Potosí. Virtuoso y luchador buscó la senda musical desde temprana edad, fue el claro ejemplo de que los sueños no se cumplen, se construyen y se comparten. 

Narraba en las diversas entrevistas que se le realizaron que marchó a la aventura, que se convirtió en destino, junto a un amigo para ingresar al Conservatorio Nacional de Música, lugar de enseñanza y profesionalización pero que también se convertía en cierta manera en un lugar donde la creatividad se restringía puesto que la música popular no era plenamente reconocida en los cánones de la academia, sin embargo, estudió armonía, composición, clarinete, saxofón, canto, piano e historia de la música y con estos elementos fue definiendo un estilo particular en el que se vieran reflejadas la técnica y la experiencia de vida, la cultura no como algo que se aprende totalmente en un aula sino que se fortalece en la cotidianidad. 

La vida en un cuarto de azotea y las andanzas en las calles de la Ciudad de México más que un obstáculo se fue transformando en temáticas de las canciones que junto a sus camaradas fueron consolidando como piezas narrativas de la realidad en una caótica urbe, historias de las calles que trascendieron fronteras, llevó su estilo y energía a lugares lejanos que también lo arroparon y le demostraron su cariño y admiración. 

¿Por qué nos duele su partida? Quizás sea por que forma parte de una generación que consolidó una heterogeneidad en el rock hecho en México, una diferencia que lejos de separar a las agrupaciones de finales de la década de los ochenta los cohesionó, de tal forma que han pasado los años y se siguen encontrando y acompañando en escenarios y estudios de grabación, que son parte fundamental del soundtrack de nuestras vidas.

Particularmente esta generación de finales de siglo XX se caracterizaron por construir una red de colaboración entre ellos que les permitió abrirles puertas a nuevos proyectos y por otro lado se sumaron a causas sociales, como el EZLN, las demandas estudiantiles, en contra del abuso del poder y de damnificados de desastres naturales estas causas que han enarbolado en todas partes. 

Con la partida del Sax se va también parte de esa experiencia musical, de esa energía juvenil de fin de siglo, se va parte de nuestra identidad construida a partir de su labor escénica y musical, lo cual nos lleva también a pensar ¿Cuáles son las experiencias y narrativas que nos presentan los músicos de la actualidad?.

Considero que la forma en la que el propio Eulalio Cervantes se expresaba a través de su música denotaba una identificación directa con sus escuchas, era un músico transversal, al igual que muchos de su generación, y con esto me refiero a que no tenía ningún conflicto con colaborar con músicos de estilos y géneros diferentes, además de también presentarse en espacios de diversa naturaleza, lo mismo se presentaba en festivales multitudinarios que en explanadas municipales, podía tocar un fin de semana un palomazo con Tex Tex y al día siguiente estar con La Castañeda. Fue una figura autentica sin medias tintas, es un icono de la música alternativa mexicana y será por siempre un Pachuco.