Por Fernando Valdés Tena

RegeneraciónMx.-A José Gutiérrez Vivó, por décadas el periodista de radio más importante del país, nunca le había tocado en 40 años de ejercicio profesional, y a pesar de haber resistido a las fuertes presiones de la Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación en tiempos del PRI, que antes de que un presidente tomara posesión de su cargo, se le mandara un recado amenazante e intimidatorio.

Este mensaje llegó en vísperas del inicio del segundo gobierno panista de la historia, cuando fue citado en Los Pinos para espetarle: “¡Están castigados! Vamos a ver su conducta. No nos importa que transmitan la información que genera nuestra oficina. Lo pueden hacer o no. Y si se portan bien, en algún momento les dará una audiencia el Señor Presidente Felipe Calderón Hinojosa para llegar a algún arreglo”.

Así se expresó el Director de Comunicación Social Maximiliano (Max) Cortázar, un exbaterista del grupo musical Timbiriche y corista de Christian Castro, de trato duro y carrera vertiginosa desde funcionario de tercer nivel en el sexenio de Vicente Fox, gracias a su relación con Bernardo Gómez, Vicepresidente ejecutivo de Televisa quien lo recomendó con Juan Camilo Mouriño, Secretario de Gobernación, calderonista fallecido en el trágico avionazo de Montes Urales a unos cuantos metros del Campo Marte.

LEER MÁS:  Evo, agradecido con Mexico; me salvaron la vida, asegura

Eran millones de pesos de los que disponía Max Cortázar para mantener alineada a la prensa a base de premios y castigos atendiendo a los intereses del PAN, a través de su grupo de amigos “los neotimbiriches”, instalados como directores de comunicación de las principales secretarías de Estado, de acuerdo con Ricardo López, exagente del Cisen. Fue Cortázar quien conectó al poderoso Secretario de Seguridad Pública (SSP) Genaro García Luna (GGL) con Emilio Azcárraga Jean y con el dueño de TV Azteca Ricardo Salinas Pliego, empresa a la que GGL brindaría un trato secundario comisionando como contacto directo a Luis Cárdenas Palomino —su hombre de confianza más cercano, hoy preso por tortura en el penal de máxima seguridad del Altiplano— quien con el tiempo y gracias a los millonarios contratos de publicidad asignados, sería recompensado a final de sexenio con una sociedad en una empresa dedicada a la seguridad privada para brindar servicios de protección a las empresas de Grupo Salinas, desde comunicaciones y telefonía celular hasta extractivas en minería e hidrocarburos.

Estas relaciones fueron la base para que Televisa y TV Azteca se apuntalaran como los grandes aliados de la AFI y la SSP en la aplicación de la justicia mediática que imperó cuando GGL fue el supuesto perseguidor de los grandes capos de la droga, a través de montajes que utilizaron como escaparate los noticieros estelares de la televisión, apartados de los principios del periodismo para erigirse como policías, agentes del ministerio público y jueces, teniendo como fondo la telenovela El Equipo, producida para Televisa en 2011 por Pedro Torres, brazo derecho de Alejandro Quintero, Vicepresidente de Comercialización de Televisa, dedicado a financiar con recursos de los gobiernos estatales lo mismo spots que infomerciales, producciones espectaculares o advertainments (anglicismo que significa entretenimiento con publicidad), un género híbrido de la televisión comercial que mezcla propaganda con una trama melodramática.

LEER MÁS:  #Especial: ¿Quiénes se roban nuestros recursos energéticos?

La serie enaltecía las acciones de las fuerzas federales en la guerra contra el narcotráfico, documentando la versión heroica de la misma, utilizando instalaciones y recursos de la SSP para grabar las escenas y por la que la dependencia pagó a Televisa con la intermediación de Max Cortázar  $118 millones 116 mil 880 pesos. Este personaje protagonizaría los dos golpes de censura más vergonzosos del sexenio: La defenestración de José Gutiérrez Vivó con su Grupo Monitor y el despido de Carmen Aristegui de MVS Radio.

Gutiérrez Müller exhibe a Reforma; el periódico recula