#IlustraciónObradorista: Rehabitar la Historia / Paz perpetua obradorista (I)

Por: César Zavala

  1. Mapa y terapia

¿Cómo habitar el pasado lejano, ese de hace 500 años como método y guía para habitar el presente y colmarlo de compromiso existencial? ¿Cómo dialogar con la historia con autonomía política? ¿Cómo, en suma, ser Persona Histórica?

El discurso de AMLO para conmemorar los 500 años de la caída de Tenochtitlán nos urge a un debate denso y para algunos hasta trasnochado. ¿Para qué preocuparnos por acontecimientos de hace tantísimos años si ya La Historia ha llegado a su fin?, ¿si ya hemos superado a la Modernidad?, ¿acaso alguien duda del páramo de valores y mitos en el que nos encontramos ahora, esto que sin duda es la Posmodernidad? ¡Todo vale!

El presidente por supuesto no lo ve así. Su discurso reivindica la necesidad de rehabitar nuestro pasado, de cuestionarlo, escarbarle, contemplarlo y ubicarnos en él. Un ejercicio que a la vez busca servir como terapia que como mapa.

Contra aquella interpretación civilizatoria de la conquista favorita de Krauze y Vox, AMLO la critica por lo que es: un oxímoron. ¿Cómo una conquista puede ser liberadora? “Todavía más grotesco”: ¿cómo se puede hablar de una guerra por los derechos humanos?

En principio hay dos narrativas históricas, la que pone énfasis en las causas contextuales y la que pone énfasis en las decisiones de los personajes. El primero suele desembocar en conceptos gigantescos por inextricables como “Zeitgeist”, “Volkgeist” o expresiones como “la historia como dispositivo”, “el movimiento de la historia”. El segundo desemboca en ejercicios como las biografías puntuales de los dirigentes como si las masas nunca decidieran y como si las tendencias e inercias estructurales (la violencia, los mercados y los reordenamientos económicos) no importaran o no influyeran ni en comandantes ni en comandados.

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El punto medio parece aburrido.

Pero AMLO no es acólito dogmático de ningún club de pensamiento, más bien él dice las cosas como alguien que ejerce un gran poder: Cortés fue un militar desalmado. Usó su astucia para organizar a algunos pueblos en contra de los mexicas, pero nunca lo hizo motivado por humanismo alguno sino simple y llanamente por la motivación material: por el tesoro de Tenochtitlán.

  1. Éxito de la razón instrumental, fracaso civilizatorio

Cortés puede evaluarse satisfactoriamente desde los criterios de la razón instrumental, es decir, desde los valores de Maquiavelo, particularmente de aquel famosísimo manual para obtener y conservar el poder, El Príncipe. Pero está reprobado en términos del criterio ilustrado, en los términos de la ética como el fundamento de la civilización. En los términos kantianos de la Paz Perpetua. Cortés no es un civilizador, sino un destructor. Qué lejanos están todavía el imperativo categórico y el anhelo por el fin de los ejércitos en las naciones.

A esta cruda evaluación procede otra igual de contundente: la conquista y la colonización fue un fracaso en términos civilizatorios.

Nadie puede considerar un éxito cuando el territorio que esperabas adherir a tu imperio pierde más del 90% de su población originaría, sin considerar las pérdidas propias. Eso hasta los romanos lo entendían (quienes optaban por el sistema de tributos e impuestos, lo que da lugar a los Socci). Territorios sin gente, sin cultura, sin tejido social que la motive y sin sus propios sistemas económicos que los hagan prosperar son territorios áridos de los que no se puede obtener mucho. Para muestra el dato que arroja el presidente: en 300 años de colonia se produjo lo mismo que en dos años de minería en el presente.

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En la expresión fue “falta de brazos”, AMLO resalta: fue falta de civilización.

Para contraste en otro conflicto masivo (la revolución mexicana) se perdió a la mitad de su población, pero sólo en 20 años se recuperó. A la colonia le tomó 300 años recuperarla. La civilización logra hacer funcionar a la economía, producir personas. El imperio solamente logra mantener un cansado e ineficiente extractivismo.

César Zavala es cronista para Primero Fue El Sonido y cofundador de dos emprendimientos. Ha cursado la licenciatura de Filosofía en la universidad de Guadalajara, así como la licenciatura en Administración de Empresas por la misma universidad. Ha sido activista desde el 2012 en diversos colectivos sociales como #YoSoy132GDL y RUM (red universitaria para la movilidad). Dentro de la universidad coordinó un proyecto, premiado por la UDG, sobre desarrollo organizacional y gestión del trabajo en la A. C. Dignidad y Justicia en el Camino, también conocida como FM4 Paso Libre.

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