Primer Congreso Feminista de 1916 en Yucatán. Una lucha pionera por la educación laica, el trabajo digno y el derecho a dirigir la sociedad
Regeneración, 15 de enero de 2026.– Hace más de un siglo, Yucatán se convirtió en el epicentro de una revolución dentro de la Revolución. Del 13 al 16 de enero de 1916, el general Salvador Alvarado convocó a un evento que sacudiría las conciencias más conservadoras.
Hablamos del Primer Congreso Feminista, una asamblea donde las mujeres reclamaron, por primera vez, su derecho a dirigir. El Gobierno revolucionario consideraba que la mujer vivía sumida en una «vida quieta» y sin dinamismo alguno.

El decreto buscaba liberar a la yucateca de la «tutela social» y las tradiciones. Salvador Alvarado quería generaciones libres, y entendía que eso solo era posible con madres educadas en libertad.
La convocatoria fue clara: no se puede educar para una sociedad antigua que ya no existe hoy. Se buscaba que la mujer no solo «supiera hilar la lana», sino que fuera concurrente en las actividades humanas.

Romper el yugo de las tradiciones: El pliego petitorio
El Congreso no fue una reunión de té; fue un espacio de exigencia política y jurídica brutal. Las congresistas discutieron cómo «manumitir a la mujer del yugo de las tradiciones» de una vez por todas.
Acordaron que la educación laica era la única vía para ahuyentar el miedo a un Dios vengativo. Pidieron que ninguna religión se enseñara a menores de diez y ocho años para fomentar el racismo propio.

“El bien por el bien mismo” fue la consigna para una moral basada en la solidaridad y no el dogma. También exigieron que la mujer tuviera siempre un oficio para ganarse el sustento con total independencia económica.

La idea era que el hombre encontrara en ella a un ser igual en cualquier dificultad de la vida. Querían que la joven casada no tuviera «otro confesor que su propia conciencia».
De elemento dirigido a dirigente social

El debate sobre las funciones públicas fue, quizás, el punto más candente de aquellas jornadas históricas. Las mujeres aprobaron que se les abrieran las puertas de todos los campos de acción del hombre.
Sostuvieron que, al no haber diferencia intelectual, la mujer es capaz de ser elemento dirigente de la sociedad.

Pidieron crear escuelas-granjas mixtas y fomentar el estudio de la medicina y farmacia entre el «bello sexo».
Incluso propusieron que el Estado pagara becas para mujeres del interior que quisieran estudiar artes y oficios. Adolfina Valencia de A. y Consuelo Ruz Morales firmaron estas conclusiones con una determinación que todavía nos inspira.
La Revolución manumitió a la mujer, pero fueron ellas quienes le dieron contenido real a esos nuevos derechos.
Entre los acuerdos se resolvió «Fomentar los espectáculos de tendencias socialistas y que impulsen a la mujer hacia los ideales del libre pensamiento.»










