Pakistán declara la guerra oficial a Afganistán tras intensos bombardeos en Kabul y Kandahar. La tensión escala por disputas fronterizas
Regeneración, 27 de febrero de 2026.– La madrugada del viernes marcó un punto de quiebre total entre ambas naciones asiáticas. Aviones de combate paquistaníes ejecutaron bombardeos directos sobre la capital afgana, Kabul. El estruendo de las explosiones despertó a los civiles en el Distrito 6 de la ciudad.
Kandahar, bastión histórico del movimiento talibán, también fue blanco de los ataques aéreos. El ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, confirmó la postura oficial mediante redes sociales. «Nuestra paciencia se ha acabado», sentenció el alto funcionario ante la escalada de violencia.
Añadió de forma contundente: «A partir de ahora, estamos en una guerra abierta». Esta declaración formal transforma las escaramuzas fronterizas en un conflicto bélico de gran escala. Islamabad justifica estas acciones como una respuesta necesaria ante agresiones previas desde suelo afgano.
La operación fue denominada por el ejército paquistaní como «Furia Justa». Buscan frenar la renovada ola de terrorismo que afecta la seguridad interna de su país. La rivalidad histórica entre ambos vecinos ha llegado finalmente a un choque frontal y directo.
Represalias talibán y bajas en el frente
El gobierno talibán respondió con ataques aéreos y terrestres contra diversas posiciones militares paquistaníes. Zabihullah Mujahid, portavoz talibán, calificó de «cobarde» el actuar del ejército de Pakistán. Aseguró que defenderán su integridad territorial «a cualquier precio» tras las incursiones sufridas.
Las fuerzas afganas emplearon morteros y drones para golpear centros de mando en territorio vecino. Las cifras de víctimas y daños materiales presentan versiones contradictorias entre ambos mandos militares. Pakistán afirma haber neutralizado a 274 combatientes afganos durante las operaciones de la jornada.
También reportaron la destrucción de 83 puestos militares y más de cien vehículos blindados. Por su parte, Kabul asegura haber causado la muerte de decenas de soldados del país rival. Los combates se han extendido a lo largo de la disputada Línea Durand.
Testigos civiles describen escenas de horror y familias enteras heridas por el impacto de proyectiles. En la región de Bajur, los bombardeos dejaron un saldo trágico de civiles muertos y lesionados. La infraestructura militar en la frontera está siendo devastada por el intercambio constante de fuego.

Disputa histórica por la Línea Durand
El conflicto tiene raíces profundas en la frontera trazada por el Imperio Británico en 1893. Esta división artificial de 2,574 kilómetros nunca fue reconocida formalmente por el Estado de Afganistán. La línea separa comunidades étnicas pastunes que comparten fuertes lazos culturales e históricos.
Cada nueva instalación de alambradas reabre heridas que ningún gobierno ha logrado sanar con éxito. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, mostró una postura inflexible ante la crisis actual. «No habrá indulgencia en la defensa de la patria», declaró el mandatario ante los medios.
Afirmó que cualquier acto de agresión recibirá una respuesta adecuada por parte de sus tropas. Las fuerzas armadas tienen la orden de no permitir amenazas a la seguridad nacional. Kabul asegura que sus ataques nocturnos enviaron un mensaje claro a sus adversarios directos.
«Esto envía el mensaje de que podemos alcanzar sus cuellos», advirtió la vocería del gobierno afgano. Han lanzado operaciones ofensivas a gran escala para recuperar posiciones en la frontera en disputa. La tensión en la Línea Durand es hoy el epicentro de una posible catástrofe regional.

El papel del terrorismo insurgente
La actividad del grupo Tehrik-e-Taliban Pakistan es el detonante concreto de esta nueva guerra. Islamabad acusa a esta organización de operar desde refugios seguros dentro del territorio de Afganistán. Les atribuyen la autoría de sangrientos atentados suicidas ocurridos recientemente en mezquitas y puestos militares.
La desconfianza entre ambas administraciones es estructural y parece no tener una salida diplomática. El ministro Khawaja Asif lanzó duras críticas contra la gestión actual del gobierno de Kabul. Afirmó que los talibán convirtieron a su país en una «colonia de la India».
«Reunieron a terroristas de todo el mundo y comenzaron a exportar terrorismo», escribió el ministro. También denunció la privación de derechos humanos fundamentales hacia las mujeres bajo el régimen afgano. Kabul niega rotundamente brindar apoyo logístico o protección a grupos insurgentes que atacan Pakistán.
Sin embargo, los incidentes violentos se han multiplicado desde el regreso talibán al poder en 2021. La retórica oficial ha escalado hasta borrar cualquier rastro de la diplomacia preventiva anterior. La seguridad regional se encuentra en vilo ante el fracaso de los acuerdos de paz.

- Pakistán ocasiona explosiones en Kabul
Esfuerzos diplomáticos y mediación internacional
La comunidad internacional observa con alarma el estallido de este conflicto en el corazón de Asia. Ministros de Asuntos Exteriores de Turquía, Arabia Saudí y Qatar mantuvieron llamadas de urgencia. Buscan establecer un puente de comunicación que detenga el derramamiento de sangre en la frontera.
Rusia, China e Irán también han reclamado un retorno inmediato a las mesas de negociación. A pesar de los llamados al diálogo, los enfrentamientos no han cesado en las últimas horas. La tregua frágil sellada el pasado otoño bajo mediación qatarí ha saltado por los aires.
Aquel acuerdo era táctico y no resolvía el núcleo del conflicto territorial y de seguridad. La confianza mínima entre las partes se ha erosionado tras los bombardeos a centros urbanos. El uso de tecnología bélica moderna, como drones, ha cambiado la dinámica de este enfrentamiento tradicional.
Ambos bandos han demostrado capacidad para golpear objetivos estratégicos lejos de la línea fronteriza. Esto aumenta el riesgo de que la guerra afecte a más centros poblados en ambos países. La situación humanitaria comienza a deteriorarse rápidamente en las zonas de impacto de los misiles.

Hacia un conflicto de consecuencias inciertas
El mundo esperaba estabilidad en la región tras la retirada definitiva de las fuerzas de la OTAN. No obstante, las viejas rivalidades han resurgido con una fuerza destructiva mucho mayor que antes. La guerra abierta declarada por Pakistán marca un precedente peligroso para el equilibrio asiático.
Los analistas temen que el conflicto se desborde hacia otras naciones vecinas de forma inevitable. El control de la Línea Durand sigue siendo el punto de fricción más difícil de resolver. Mientras Pakistán refuerza su defensa, Afganistán intensifica sus incursiones para desafiar la soberanía del rival.
La población civil queda atrapada en medio de una retórica nacionalista y ataques militares masivos. «A cada acto de agresión se le dará una respuesta adecuada», insiste la dirigencia paquistaní. El repositorio de agravios históricos parece alimentar cada nueva orden de bombardeo en la zona. Sin un alto al fuego inmediato, la escalada podría derivar en una crisis humanitaria sin precedentes.
La comunidad global espera que las potencias regionales logren imponer la cordura sobre las armas. Por ahora, el sonido de los cazas sigue dominando el cielo de Kabul y las fronteras.







