Peña y AMLO: Diferencias de forma, diferencias de fondo

Por Daniel Tovar *
La vaga -por decir lo menos- respuesta que Enrique Peña Nieto dio en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara a la pregunta de cuáles han sido los libros que lo han marcado, se tradujo inmediatamente en una serie de comentarios burlescos en las redes sociales y en notas de diarios de alcance internacional como El País («El candidato presidencial que no es capaz de citar tres libros que le han marcado», El País, 4 de diciembre de 2011).

El impacto mediático que ha generado hasta ahora la escueta respuesta brindada por Peña lo ha dejado muy mal parado ante un público que de por sí tiene perdido: pocas son las personas que, estando habituadas a informarse y a leer buenos libros de historia, política o filosofía, le darán su voto al Partido de la Revolución Institucional (PRI) en las próximas elecciones.

La actuación de Peña nos invita no solamente a la sátira, que es necesaria como crítica, sino también a pensar en las diferencias abismales que el candidato del stablishment presenta ante el candidato de las fuerzas progresistas del país: Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Más allá de las divergencias o simpatías por AMLO o Peña, reconocer que entre un personaje y otro hay distingos inobjetables es necesario para comenzar a discutir lo más importante: que lo que subyace a las formas disímiles son dos proyectos de sociabilidad y, por tanto, de nación distintos.
 
Las formas

 Mientras que Peña no es capaz de citar tres libros de manera articulada y coherente, los cercanos a AMLO testimonian su pasión por la lectura en general y por la historia de México en particular. Tan sólo el candidato de las izquierdas podría citar, en un ejercicio de narcicismo, alguno de los 9 libros que ha producido en su vida para responder a la pregunta hecha por el periodista en la FIL; o bien, en un ejercicio de camaradería, podría citar algún libro de uno de sus mejores amigos: José María Pérez Gay, quien, a propósito de su último libro (La profecía de la memoria, Cal y Arena, 2011), fue homenajeado en la misma FIL por su trayectoria intelectual y su invaluable aporte a la difusión de las letras y la filosofía alemana en México («Rinden homenaje en la FIL al mexicano-alemán José María Pérez Gay», Milenio, 3 de diciembre de 2011).

AMLO podría responder también con un gesto de reconocimiento hacia su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller y decir que el libro que lo ha marcado es la novela que recién ha escrito su mujer (Larga vida al sol, Lumen, 2011). Sin embargo, dudo mucho que AMLO hubiera contestado de tales maneras: seguramente hubiera hecho referencia a algún libro de historia para comenzar a hablar de Juárez, de Madero y de esas partes de la historia de nuestro país que tanto le gustan.

Viendo las diferencias entre uno y otro, cabe preguntarnos entonces por qué un candidato se presenta en un espacio como la FIL para exhibir sus limitaciones públicamente, a confirmar lo que todos ya sabíamos: que él no escribió su libro y que no está preparado para ir más allá del script; hay que preguntarnos por qué eligió como compañera a una actriz de telenovelas, después de que fuera la «imagen» del Estado de México; y por qué el otro se rodea de una pareja, de amigos y colaboradores cercanos reconocidos por el mundo del arte y la academia.


Se trata de interrogantes políticas, pero sobre todo sociológicas, es decir, ¿qué factores de los distintos campos –político, cultural, etc.- propician que uno se mueva en una dirección y el otro en contraposición? ¿Las distinciones hechas son meras formas o representaciones de dos tipos de sociabilidad en disputa?
 
El fondo

Las comparaciones anteriores podrían verse como un asunto de mera forma. Parece banal el poner atención en quién es la esposa de Peña, o si el priísta tiene un afecto por la lectura, pareciera no importar que AMLO se mueve en un ambiente distinto, con una pareja dedicada a la literatura y con amigos y colaboradores que van desde José María Pérez Gay hasta Enrique Semo, Laura Esquivel o Héctor Vasconcelos, por mencionar algunos de la larga lista de intelectuales que apoyan abiertamente al tabasqueño.

Sin embargo, de lo que se trata es de un asunto de fondo, las formas son la superficie de lo que hay detrás de cada personaje. No es casual que Peña no lea, que su esposa sea empleada de Televisa y que sea candidato de un partido como el PRI, porque no solamente es asunto de marketing político, es también un asunto de cosmovisiones. Si algo exaltan quienes siguen y admiran a Peña es todo lo que él representa: una vida de «telenovela», el «poder» obtenido por cualquier vía y al servicio de una camarilla, la fama absurda, los placeres vanos, el culto al yo por encima de cualquier tipo de consideración ética y social. Es decir, se trata de un modelo de individuo y de sociedad inserto en la lógica del mercado, en donde uno vale por lo que tiene y por cómo se ve y no por lo que es y su actitud ante los otros, lógica y sociabilidad que han demostrado ser completamente dañinas para el desarrollo humano integral. En esta cosmovisión, la historia, la cultura y las ideas no importan, son meros apéndices, en todo caso adornos que si no producen riquezas salen sobrando.

Del otro lado tenemos a un sujeto que, pese a sus errores y todo lo que haya que criticarle, valora a la historia y a la cultura de su país como ningún otro político en México, y no sólo las valora en abstracto sino que las vive al conocerlas y reivindicarlas todo el tiempo. Su pareja, sus amigos y muchos de sus colaboradores son hombres y mujeres de letras probados. Basta con mirar la lista del Consejo Consultivo del Movimiento que encabeza para darse cuenta de que las líneas arriba escritas son veraces y no mera ocurrencia apologética.

Esta red de escritores, intelectuales y académicos ha redactado un Nuevo Proyecto de Nación (Grijalbo, 2011), presentado por AMLO como proyecto a desarrollar en caso de que llegue a la Presidencia y que presenta en su capítulo 1 y en su capítulo 10 referencias específicas en torno al pensamiento, la educación y la cultura.

En el primer capítulo se destaca la necesidad de una nueva moral, de carácter solidario, sustentada en lo mejor de la experiencia histórica en contraposición al sistema de «valores» individualista y egoísta predominante, poniendo en el centro la urgencia de una revolución de las conciencias y la promoción de un pensamiento crítico derivado de una reflexión acorde con los tiempos políticos, sociales y ecológicos en los que vivimos; en el capítulo 10 se reivindica el derecho a la cultura y a la educación como parte fundamental del desarrollo humano y nacional, se expresa la necesidad de crear más y mejores universidades y bibliotecas públicas, además de que se promueve la creación de bibliotecas familiares; se asume al arte y a la cultura como aspectos esenciales para el logro de una sociedad libre, plural y democrática, etc. Es decir, nos encontramos con una cosmovisión distinta, en donde la historia, la cultura y las ideas toman el lugar central para el desarrollo no de una plataforma electoral o partidista, sino de un proyecto de nación de largo aliento que beneficie a las mayorías no solamente en términos económicos, de distribución de la riqueza, sino también culturales, de formación humana e integral.

No, no es casualidad que uno lea y otro no, que uno y otro se rodeen de determinadas personas, porque lo que subyace a las diferencias en las formas son diferencias en el fondo, uno y otro representan proyectos de nación distintos, que se expresan no únicamente en los discursos, sino en los modos de vida y prioridades. Por sus frutos los estamos conociendo y el año entrante tendremos que elegir si queremos que desde la estructura estatal se fomente el primer modelo o el segundo, si estaremos dispuestos a vivir bajo un gobierno del espectáculo o si daremos paso a políticas progresistas que nos beneficien como jóvenes, si daremos lugar a la consolidación del oscurantismo o daremos paso a una política renovada, en donde quienes influyan en el Ejecutivo no sean ya personas como Elba Esther Gordillo, sino como el homenajeado “Chema” Pérez Gay.
 

* Forma parte de MORENA Jóvenes y estudiantes. Twitter: @idanielth