A la luz del conflicto por venir: el juego geopolítico en occidente

Geopolítico. Los movimientos políticos de las grandes potencias provocan una profunda polarización, efecto que es notorio en los países latinoamericanos

Regeneración, 11 de noviembre de 2019. La polarización provocada por grande potencias augura una contienda más cerrada, seamos o no consientes de ese juego.

Federico Julián Bonet Castillo ejemplifica con los acontecimientos recientes ese entrejuego de la geopolítica mundial

Por Federico Julián Bonet Castillo
Cuando me pidieron que escribiera este breve artículo todavía no había renunciado Evo Morales a la presidencia de Bolivia.
Sin embargo dicha renuncia no altera los pensamientos que tenía previo a dicho acontecimiento, desafortunadamente los confirma.
Vivimos tiempos convulsos en América Latina, lo que es una muestra de lo convulso del mundo en estos momentos.

El ejemplo de Brasil

Una situación tan cambiante que, durante la semana, los progresistas nos alegramos con la victoria de Fernández en Argentina y con la liberación de Lula en Brasil.

Y, apenas una semana después, la tendencia pareciera revertirse.

Lo que era la vuelta en escena de los gobiernos “progresistas” de la primera década del siglo XXI queda hoy una vez más en entredicho.

Me parece pretencioso intentar responder a la pregunta de ¿qué está pasando? en menos de una cuartilla y media.

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El centro político se desdibuja
Sin embargo me gustaría apuntar algo que es de suma importancia dado el contexto en el que nos encontramos.
Y esa respuesta sólo puede ser un llamado a estar alertas, sino que es un llamado a la acción sobre la base que nos encontramos en ese juego, queramos o no.
Desde hace tiempo hemos sido observadores de que a nivel global o al menos en occidente, el centro político se desdibuja cada vez más.

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Y junto a esto, los extremos del espectro político se polarizan, generando una radicalización cada vez más fuerte entre ellos.
En América Latina esto puede verse a la luz de las cada vez más cerradas elecciones en la mayoría de los países.

Confrontaciones geopolíticas

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Esto es notorio al observar un discurso cada vez más intolerante hacía el otro, en general desde la extrema derecha.

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Este proceso a mi parecer tiene que ser entendido a la luz de las confrontaciones geopolíticas actuales.

Es decir, como un prolegómeno a la confrontación que podríamos hipotéticamente imaginar como la Tercera Guerra Mundial que tendrá a Estados Unidos disputando la supremacía ya sea con Rusia o China o contra ambas.

Debilitar al oponente
En ese escenario es necesario pensar que los adversarios actualmente se encuentran moviendo sus piezas en el tablero geopolítico mundial.
Esto para ganar la mayor cantidad de aliados y debilitar a aquellos del oponente, mantener zonas de influencia y poner en entre dicho la influencia en las zonas del adversario.
Y es teniendo esto en mente como podemos empezar a ver que a partir del internet y de los medios de comunicación masivos se intenta influir en la opinión pública a escala global.
Esto para favorecer a uno u otro interés de acuerdo con las estrategias particulares de cada uno de estos países.
Uno podrá preguntarse: ¿y cómo es que esos países tan ajenos logran influir en las posiciones políticas?

Aprovechar el malestar

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Aquí de nuevo es necesario ser cuidadosos, no es que haya un financiamiento externo ni masivo a partidos políticos o grupos de interés particulares, no.

El vínculo rara vez es directo y eso es lo que lo hace más impredecible y peligroso.

Lo que se busca es aprovechar el malestar con el estado de cosas actual; con la economía, la política, los medios de comunicación, la democracia entre otros.

Todo esto para desestabilizar a los gobiernos que sean favorables al adversario, debilitarlos o incluso cambiarlos.

Ejemplos en Siria y Estados Unidos

Podemos ver el ejemplo tan trágico de Siria como un modelo de lo que se está replicando a nivel mundial, no de manera directa, todavía.

Por un lado tenemos a Estados Unidos apoyando a las fuerzas rebeldes, y al pueblo sirio-kurdo, y por otro lado a Irán y Rusia apoyando al gobierno de Assad y al mal llamado Estado Islámico contra todo ellos a ratos.

Cada una de las facciones recibe el apoyo del exterior sabiendo que ceder implica perder una piza importante en el ajedrez mundial.

La única salida de Putin

Otro ejemplo lo podemos ver en Venezuela, a la luz del último intento de desestabilización del gobierno de Maduro, Putin no tuvo otra opción más que mostrar el respaldo directo de Rusia a Venezuela, frente al innegable apoyo que la oposición venezolana recibe por parte de Estados Unidos.

Es necesario ser cuidadosos, no es una cuestión ideológica la que está de fondo, demócratas contra autoritarios o liberales contra conservadores.

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A lo que responden los apoyos es precisamente al juego geopolítico de las potencias.
Nueva ola de radicalización

Y es en ese escenario que todos los países y sus grupos políticos con su historia y oposiciones políticas particulares son partícipes del juego.

La mayoría sin saberlo o ser consiente de este juego.

Y entenderlo desde ahí nos permite entender por qué es tan difícil simplemente sentarse a negociar.

Ya que esto genera una nueva ola de radicalización, que a su vez debilita la capacidad de diálogo y así sucesivamente hasta que el conflicto como lo que ocurre en Bolivia es inevitable.

La posición de México
Ante esto es necesaria una política exterior e interior que sea consciente de la posición de México en ese tablero y de que el gobierno actual ha intentado separase lo más posible de la política exterior estadounidense.
Porque para ellos lo único realmente funcional al sur de la frontera es un gobierno completamente servil, como los pasados.
Ante esto es necesario construir la mayor cantidad de canales de diálogo con la oposición, impulsar lo más posible los valores democráticos y detener cualquier intento de desestabilización.
Pues ante lo ocurrido en el último mes es difícil no preguntarse si ese proceso no ha comenzado ya…

 

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