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Clarea el día y las mujeres llegan con chiquihuites, pan, xocoatole, flores y ceras para iniciar el ritual de lavado de los santos en Cuaxicala, Puebla

Por Leticia Ánimas

Regeneración, 16 de abril del 2018. Huauchinango, Pue.- Nada más empezó a clarear el día y “las santeras” de Cuaxicala, en Huauchinango, un grupo de mujeres cuya denominación nada tiene que ver con el culto afrocubano- llegaron con sus chiquihuites cargados de pan, tamales, xocoatole, tepache, flores y ceras a la vieja iglesia de Santa Mónica para iniciar el ritual de lavado de ropa de los santos.

Aunque la ceremonia, se hace para preparar el día grande dedicado a la Patrona, el 4 de Mayo, las mujeres, algunas ancestralmente y otras electas para el festejo de este año como doña Zenaida González, se preparan para limpiar también el vestuario de San Antonio, el que cubre a dos esculturas de Jesús El Cristo y las de las dos vírgenes que veneran en esta comunidad.

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Antes de que bajar al estanque en que harán el lavado del ropaje de los santos, acompañadas por las autoridades civiles encabezadas por el edil auxiliar Gustavo González Hernández, su suplente, el síndico y el fiscal, además de los mayordomos del festejo, don Epifanio, el tlamatqui de Alseseca –el pueblo vecino- hace un ritual de ofrenda y purificación a la entrada del templo.

Luego colocan en el altar, formados uno tras otro, los vasitos de unicel con xocoatoli, que se prepara con masa y sin leche y sobre ellos, en forma de cruz, un tamal de mole rojo –sin manteca- y un pedazo de pan.

Don Epifanio entabla diálogo con las fuerzas o deidades, hace la señal de la cruz, del equilibrio o de los puntos cardinales, y pide por todos con respeto y reverencia. Sahuma la comida, limpia a los padrinos y a las santeras. Mientras, el resto de los pobladores espera en amena plática en las bancas de madera.

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Cuando termina “la limpia” cada una de las mujeres saca su xochijarro, lo llena de flores y ceras que encienden al pie de las dos imágenes de Santa Mónica que hay en la pequeña iglesia ubicada en el “barrio cotón blanco” habitado por nahuas. “Son la antigüita y su hija”, explica el presidente auxiliar.

Luego se reparte la sabrosa ofrenda.

Las santeras salen al curato, abren un blanco y angosto ropero de madera lleno de bolsas de plástico. Las desatan para buscar la ropa que le podrán a las imágenes que veneran porque la que tienen la van a lavar. Los vestidos que sacan los usarán hasta el 1 de Mayo, día en que el padrino traerá el vestuario que van a estrenar este año.

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Mientras ellas desvisten y visten a los santos, los hombres de Cuaxicala bajan hasta el manantial –armados con una yerba que en el pueblo conocen como chía- para lavar el estanque. Debe estar reluciente, los jabones para lavar la ropa deben ser nuevos, lo mismo que las jícaras con que sacarán el agua del Apipilhuasco que viene del náhuatl “apipilhuaztli”, que quiere decir “canal de agua”, dice el lingüista Guillermo Garrido.

Con el agua que queda de la lavada de la ropa de los santos, bañarán a los niños y a los hombres que lo quieran hacer, pero sólo ellas, las santeras y la madrina, podrán tocar el líquido que “por un canal”, llega hasta el pie del cerro sagrado del Yelotépetl y que nunca se seca.

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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