El ala dura de Washington convoca a una cumbre antiterrorista para criminalizar los movimientos progresistas y la izquierda en México
Regeneración, 13 de julio de 2026.– El ala más conservadora del gobierno estadounidense busca reactivar las persecuciones políticas de la Guerra Fría.
El secretario de Estado, Marco Rubio, convocó a una cumbre internacional en Washington orientada a criminalizar el pensamiento progresista.
La administración estadounidense incluyó de forma oficial a México entre las 60 naciones invitadas a este polémico encuentro.
El pretexto del bloque republicano consiste en combatir un supuesto peligro denominado terrorismo trasnacional de izquierda extrema.
Frente a esta convocatoria, analistas independientes alertan sobre una estrategia para legitimar la represión contra los opositores de izquierda.
El foro busca expandir la lista de enemigos de la Casa Blanca hacia comunistas, socialistas y activistas sociales.
La Cancillería mexicana evalúa el envío de una delegación diplomática ante la insistente presión del gobierno del norte.
Con respecto a las pretensiones de control geopolítico, un funcionario del Departamento de Estado comentó a Reuters: «Nuestro sistema de operación contraterrorista necesita una actualización para abordar la realidad de tales amenazas, para proteger a ciudadanos estadunidenses y la seguridad e intereses nacionales de Estados Unidos».

Criminalización del activismo y la protesta social
Por consiguiente, la Casa Blanca utiliza el intercambio de inteligencia policial como una herramienta para perseguir la disidencia organizada.
La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, confirmó que la cumbre ministerial reforzará las redes de control de seguridad pública.
Bajo esta lógica autoritaria, las cortes estadounidenses ya aplican condenas de hasta 100 años de prisión contra activistas antimigrantes.
El gobierno clasifica tramposamente la legítima movilización social y el antifascismo popular como una forma de terrorismo doméstico.
A través de discursos de odio, la ultraderecha norteamericana pretende infundir miedo para frenar los triunfos de la socialdemocracia.
Los líderes republicanos atacan sistemáticamente los derechos de las minorías mientras incrementan el presupuesto de sus agencias policiacas.
Donald Trump encabeza esta campaña de difamación ideológica acusando a cualquier proyecto redistributivo de ser una enfermedad social.
Durante un mitin ante sectores ultraconservadores a finales de junio, el mandatario estadounidense advirtió de manera radical: «Tenemos que frenar esta amenaza horrible del cáncer permeando nuestro país llamado comunismo».

Resistencia internacional y el regreso del macartismo
Sin embargo, el hostigamiento hacia los movimientos de izquierda genera un profundo escepticismo entre los cuerpos diplomáticos de Europa.
Los servicios de inteligencia internacionales rechazan sumarse a esta cacería de brujas impulsada por el imperialismo.
Analistas históricos comparan esta cumbre con el siniestro periodo del macartismo que destruyó la libertad política en los cincuenta.
Dentro del propio gobierno de Washington, varios analistas de seguridad se niegan a inventar amenazas falsas sobre la izquierda.
A pesar del descontento interno, la derecha radical exige criminalizar el socialismo democrático y deportar a sus principales figuras públicas.
El movimiento ultraconservador pretende destruir los programas de protección social básicos y violentar la soberanía de los países latinoamericanos.
La prensa crítica internacional señala la profunda hipocresía del partido gobernante al ignorar la violencia violenta de sus propias bases.
Cuestionando este sesgo reaccionario de la derecha, la columnista Sara Pequeño escribió en el diario USA Today: «Es chistoso que los republicanos pueden ver el extremismo en todos los demás pero fracasan en reconocerlo en sí mismos».
















