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Efraín Ríos Montt, dictador y genocida responsable de 10 mil muertes y arrasar 448 comunidades indígenas, murió impune a los 91 años

 

 

Regeneración 1 de abril del 2018. El dictador general Efraín Ríos Montt falleció a la edad de 91 años. Sus crímenes quedaron impunes.

“El exdictador José Efraín Ríos Montt, uno de los militares más sanguinarios de América Latina y quien dirigiera con mano de hierro los destinos de Guatemala entre el 23 de marzo de 1982 y el 8 de agosto de 1983, ha muerto este domingo en la Ciudad de Guatemala, a los 91 años” anunció el diario El País.

En julio de 2015 fue declarado “mentalmente incapaz” para enfrentar un nuevo juicio en su contra, al que quedó sujeto tras la anulación del proceso en el que fuera condenado a 80 años de prisión por genocidio y otros crímenes de lesa humanidad, en mayo de 2013, señaló el rotativo español.

Los titulares de los principales medios internacionales destacaron en sus portadas digitales el fallecimiento del exjefe de Estado de Guatemala, Efraín Ríos Montt, donde lo definen como general golpista y dictador, señaló Natiana Gándara de Prensa Libre

El diario estadounidense The New York Times destacó en su edición digital en español la muerte de Efraín Ríos Montt, y en sus primeros párrafos lo describe como el general que encabezó fuertes tácticas militares como dictador de Guatemala en los años ochenta para derrocar a una insurgencia guerrillera y después fue condenado por genocidio y delitos de lesa humanidad, falleció el domingo 1 de abril. Tenía 91 años.

El medio argentino Clarín Mundo tituló la noticia del fallecimiento de Ríos Montt como uno de los generales más sanguinarios de América Latina.

En uno de sus párrafos refirió que la simple mención de su nombre desencadena en Guatemala recuerdos y heridas, de esas que 21 años después del fin de la guerra civil aún no han cicatrizado.

Otro medio que publicó el deceso de Ríos Montt, fue el medio con sede en Londres, BBC Mundo, donde resalta que el exgeneral murió sin ser llevado a prisión por la masacre de la que se le acusaba.

 

El Holocausto silencioso

El saldo del período de Ríos Montt fue de cientos de masacres en las regiones del occidente y oriente del país y miles de muertos.
El ejército guatemalteco y paramilitares perseguían a comunidades indígenas.

Líderes sindicales, estudiantes, personas religiosas y otros civiles -en su mayoría vinculadas con el ala intelectual del proscrito comunista Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT),​ bajo la teoría que formaban un ‘enemigo interno’ subversivo, insurrecto dentro de los grupos armados oponentes a la dictadura militar.

El peor período de violencia acaeció entre 1981-1983, cuando fuerzas contrainsurgentes promovieron campañas de represión esquematizadas contra población civil, en términos operacionales, beligerancia de tierra arrasada en las regiones en donde empresas internacionales como Basic Resources, Shenandoah Oil2​ y EXMIBAL31​ tenían fuertes intereses económicos.

Fundamentamente dirigidas contra la población maya ixil y aun contra grupos étnicos escasos demográficamente como los mayas chuj y qanjobal, habitantes de áreas fronterizas con palmaria presencia de grupos insurrectos.

El Estado justificó el exterminio de numerosas comunidades indígenas bajo las acciones de represión de focos facciosos, comunistas según los términos del aparato autocrático y militar guatemalteco de la época.

La percepción del ejército hacia las comunidades indígenas como aliados naturales de las guerrillas contribuyó al aumento de violaciones de los derechos humanos contra ellos, demostrando un racismo agresivo, que derivó en el exterminio consecutivo de comunidades inermes incluyendo -como se comprobaría en exhumaciones posteriores-numerosos niños, mujeres y ancianos; todo esto a pesar de que tanto el ejército como las PAC estaban conformadas por indígenas de otras áreas del país.

Trabajando metodológicamente a través de las tierras altas centrales, el ejército y sus equipos paramilitares —incluyendo “patrullas civiles” de leva forzosa de hombres locales— atacaron numerosas poblaciones indígenas, concentrándose en el norte del departamento de El Quiché -específicamente la región petrolera del Triángulo Ixil en donde existían fuertes intereses económicos del gobierno guatemalteco entre 1981 y 1983.

Las fuerzas armadas sitiaban el pueblo, sojuzgaban a los habitantes, separaban a los hombres de las mujeres y después ocurrían asesinatos en secuencia.

Aquellos que escaparon serían perseguidos desde helicópteros. Tortura extrema, mutilación y violencia sexual se convirtieron en una práctica común, y también la violencia contra niños y seniles.
Este período de dos años se conoció como “holocausto silencioso” en acepción del informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de 1999.

 

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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