El Día de la Mujer y la despenalización del aborto

«La lucha por la despenalización del aborto fue uno de los temas en la agenda de las organizaciones feministas que salieron a marchar en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.»

Por Karla Motte*

@karlamotte

Regeneración, 3 de abril de 2019. El Día Internacional de la Mujer es un recordatorio de las luchas históricas que, a nivel global, preceden al goce de derechos que todas ejercemos en el presente; también una invitación a traer a la memoria la genealogía de todas las mujeres que, tanto en los espacios públicos como privados, se han opuesto a los mandatos de las sociedades patriarcales a todos niveles.

Pero quizá sobre todo, representa un momento idóneo para promover balances sobre lo que todavía queda por hacer para alcanzar sociedades más justas y equitativas.

En esta coyuntura es relevante traer a colación que a pesar de los derechos ganados con mucho esfuerzo, perviven disputas sobre las libertades de las mujeres que es necesario despejar. El más visible es, quizá, el relativo al derecho de las mujeres a decidir sobre su sexualidad y reproducción.

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Aunada a la exigencia de mayor seguridad para todas las mujeres, la ardua lucha por la despenalización del aborto fue uno de los temas en la agenda de las organizaciones feministas que salieron a marchar en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, pues el tema se colocó en la opinión pública por varios acontecimientos: la reciente modificación a la Constitución local del estado de Nuevo León que plantea la protección a la vida desde el momento de la concepción, la presencia de mujeres de la marea verde en la Cámara de Diputados, y también la polémica que se desató en la de Senadores debido a la colocación de pañuelos verdes en todos los escaños.

En torno a este tema, presenciamos opiniones de diversos grupos sociales y políticos que ejercen una oposición recalcitrante inspirados primordialmente en ideas religiosas; ello a pesar de que en diversos espacios nacionales e internacionales se ha insistido desde hace varias décadas en la necesidad de despenalizar el aborto para garantizar la progresividad en los derechos y el cumplimiento de los derechos humanos de las niñas y las mujeres.

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La reciente modificación a la Constitución local del estado de Nuevo León que plantea la protección a la vida desde el momento de la concepción, alerta a las mujeres y hombres progresistas puesto que el postulado que dice defender la vida no toma en cuenta una realidad insoslayable: las mujeres que no desean continuar su embarazo recurrirán (como siempre lo han hecho) a las prácticas de interrupción, sean legales o no.

Ante ello, se debe señalar que la penalización del aborto atenta contra la salud y la vida de las mujeres, además de que criminaliza y estigmatiza una decisión que debería ejercerse en libertad.

Las peticiones en pro de la despenalización datan de muchas décadas atrás y se han consolidado como un punto de confluencia de los movimientos feministas a nivel global. Especialmente en Latinoamérica se lleva a cabo una lucha muy intensa porque se reconozca el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, lo que lleva consigo también un debate sobre la laicidad de los Estados.

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En este sentido, México es un caso ejemplar, pues es un país cuya tradición histórica ha reivindicado la separación iglesia-Estado mediante disputas muy profundas, como la Guerra de reforma a mediados del siglo XIX y la guerra cristera en la segunda mitad de la década de 1920.

En este año de grandes transformaciones sociales y políticas, es necesario insistir en que la lucha contra la violencia hacia las mujeres pasa también por el combate a las omisiones del Estado, entre ellas, la de voltear la mirada ante las muertes por abortos clandestinos.

Por eso es necesario considerar a la despenalización del aborto como una demostración de la vigencia de nuestro laicismo y como una condición para que las mujeres de todo el país gocemos de condiciones mínimas para ejercer la libertad y la autonomía.

*Karla Motte es doctorante en Historia por la UNAM y subdirectora de Documentación del Senado de la República.

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