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El ultraje hacia las trabajadoras de limpieza en EU no se ha hecho presente porque ellas no cuentan con ninguna protección legal. 

Regeneración, 29 de diciembre de 2017.- Las mujeres migrantes en Estados Unidos viven entre el miedo a ser detenidas y también, a ser violadas.

Una guatemalteca de 47 años que viven ilegalmente en aquel país, fue violada hace 16 años por un supervisor de las oficinas donde limpia. La ultrajó en una silla reclinable de una de las oficinas que se ubican en Los Ángeles.

“Me dijo ‘aquí se hace lo que yo digo’”. “Me puse a llorar”.

Esa misma situación ocurrió meses después, con otro supervisor que la violó en el suelo de una habitación llena de cajas.

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“’Grita. Aquí no hay nadie’”, le dijo.

De acuerdo con un estudio del 2016 realizado por la Universidad de Berkeley sobre el problema del acoso a trabajadoras de limpieza, se estima que tres cuartas partes de ellas han sufrido acoso sexual de algún tipo.

Aunque en este año muchas mujeres alzaron la voz y denunciaron el acoso y abuso sexual en Estados Unidos, el ultraje hacia las trabajadoras de limpieza no se ha hecho presente porque ellas no cuentan con ninguna protección.

“Estas mujeres son las más vulnerables entre las vulnerables”, dijo Alejandra Valles, del sindicato SEIU United Service Workers West, que representa unas 15.000 mujeres, en su mayoría inmigrantes que limpian oficinas.

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“Son una presa fácil porque (supervisores, porteros) saben que nueve veces y media de cada diez estas mujeres no van a decir nada porque tienen mucho que perder, mucho más que otras mujeres francamente, debido a su estatus migratorio y debido a su miedo a la deportación, especialmente bajo este gobierno”, agregó.

Hay pocos datos sobre este problema porque pocas mujeres denuncias los abusos. De acuerdo con un sondeo realizado por el sindicato nacional Unite Here en 2016, el 60% de sus miembros que limpian hoteles en Chicago había experimentado algún tipo de abuso sexual.

“Es parte de nuestra cultura decir que una se lo buscó”, dijo la mujer guatemalteca que fue violada.  “Es fácil decir que fue nuestra manera de vestir, que una misma provoca estas cosas”.

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Otro caso es el de Etelbina Hauser, hondureña de 58 años que vive en Seattle, quien todavía no olvida que en sus primeros trabajos limpiando departamentos en Nueva York, el dueño de una casa la esperó desnudo en el baño, mientras en Denver, un estadounidense la llamó para que limpiara su casa, y cuando llegó le dijo que lo que quería era tener sexo con ella.

“Es indignante, al llegar no conocemos el idioma, no conocemos las leyes. Pero pasamos por experiencias bastante dramáticas que te dejan huella”.

 

Vía La Jornada  

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